Cada año se celebra en la ciudad china de Harbin el espectacular Festival de Hielo, que incluye como principal atractivo majestuosos edificios de agua helada. Sin embargo, su duración es incierta, ya que cada año se acorta por culpa del cambio climático. Mucho se habla de este fenómeno, que vino acompañado por La Niña y El Niño, y cuyas consecuencias palpables ya se empezaron a apreciar y asustan y desconciertan. Mientras las principales potencias se ponen de acuerdo en cómo manejar las situación y minimizar los daños, la atractiva Harbin ya se derrite mucho antes que hace 26 años, cuando se mantenía en pie hasta marzo; hoy apenas llega a mediados de febrero.
HARBIN | EL PAÍS DE MADRID
Se sabe cuándo comienza, pero no cuándo terminará. El termómetro ahora marca 15 grados bajo cero y se congelan hasta las ideas, pero es el ambiente perfecto para dar comienzo al Festival Internacional de Hielo y Nieve de Harbin, que abrirá sus puertas en el día de hoy.
Artesanos especializados en esculturas trabajaban ayer contrarreloj para dar los últimos toques a sus creaciones. En 2012 tendrán claro sabor ruso, porque darán comienzo al Año del Turismo entre China y la cercana Rusia.
Pero la mayoría de estas esculturas parecen salidas de los exuberantes escenarios de las historias de Walt Disney, y otras son el espejo de la megalomanía de los emperadores chinos. En ediciones anteriores se han atrevido con réplicas de la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Potala, la Plaza Roja de Moscú y hasta de la Torre Eiffel. Pero todavía nada ha conseguido superar la construcción In memoriam, estrella de la edición de 2007 y dedicada al profesor canadiense Norman Bethune.
Este año, el foco de atención en la categoría de nieve será la figura de una bailarina del ballet de El lago de los cisnes, con una altura de 27 metros. Pero todas resultan espectaculares, por su tamaño o por sus exquisitos detalles, porque el principal atractivo turístico de la gélida capital de Heilongjiang, en la punta noreste de China, es una ciudad a tamaño real construida con H2O en estado sólido. En total, unas 16.500 personas trabajan esculpiendo agua.
Obtienen a mano los bloques de hielo del río Songjiang, que ya está congelado antes del comienzo del invierno. Este año se estimó que harían falta 140.000 metros cúbicos y 18 días de trabajo para poner en marcha el evento, formado por unas 2.000 piezas. Sin duda, el resultado provoca un brutal contraste con el resto de la ciudad, compuesta de impersonales bloques de hormigón con humeantes torres de refrigeración y algunos rascacielos desubicados, perfilados todos contra el turbio cielo de la China más industrial.
Es la única urbe en el mundo que nace y muere cada año. A la entrada, un curioso termómetro da la bienvenida: el punto más cálido de su escala se encuentra en los cero grados, y, de ahí, se desploma a la zona negativa. Por necesidad, claro. Cuando se sobrepasa la temperatura de congelación del agua, el encanto de la capital siberiana del gigante asiático se desvanece, y el mercurio deja de tener sentido. Porque la monotonía gris vuelve a instalarse en la antigua Manchuria. Y el problema está en que el calentamiento global amenaza con derretir cada vez antes este espectáculo de luz y de color.
Cuando dio comienzo, hace 26 años, las esculturas se mantenían en pie hasta bien entrado marzo. Actualmente, en ocasiones las estructuras comienzan a derretirse antes del 15 de febrero. "Los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos dicen que es coyuntural, otros que es consecuencia directa del calentamiento global", comenta Xu Ruoqian, miembro del comité organizativo. "Lo cierto es que cada vez los inviernos son menos fríos. Aunque algunos días sí que se registran temperaturas muy bajas, como sucedió en 2010, lo cierto es que en general el invierno acaba antes y es más templado", asegura.
Un estudio del Servicio Meteorológico de Harbin ha analizado las temperaturas en la ciudad desde 1881 hasta 2010, y le da la razón. Aunque el calentamiento ha sido gradual en estos 130 años, la tendencia se ha agudizado desde 1980, década en la que se pusieron en marcha las reformas económicas que han alumbrado el milagro chino, y también la tragedia ecológica del país. En el último siglo también han disminuido de forma importante las precipitaciones, algo que no sólo afectará al festival, sino que tendrá un impacto cada vez mayor en la cosecha de cereal de la región. Sin duda, el riesgo va mucho más allá de perder un atractivo turístico.