Aparicio Saravia canta rock, es edil y el papá vive en Honduras

| Los "caudillos" de hoy sienten el peso de nombre y apellido: es una responsabilidad, un orgullo y una carga, coinciden

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El País

MELO | HILTON MESTRE

Aparicio Saravia Farías tiene 48 años, es bisnieto del general Aparicio Saravia y siente "más que un legítimo orgullo" por llevar el mismo nombre y apellido de su heroico antepasado. En su casa de Melo, junto a la estufa a leña, revela con inocultable sentimiento que él fue "el último Saravia en salir de la estancia El Cordobés cuando fue expropiada por el Goyo (Gregorio Alvarez) en la dictadura y pagaron lo que quisieron".

Su hijo es Aparicio Saravia Cabrera. Tiene 17 años. Estudia, juega bien al fútbol y es cantautor en una banda de rock and roll de la ciudad de Melo: La Viuda, que ya editó un CD.

Aparicio Saravia Santestevan tiene 52 años. Vive en Rivera, donde es edil nacionalista. "Ha sido una pesada carga; una enorme responsabilidad y un gran orgullo", comentó sobre lo que significa llevar el nombre de su heroico antecesor.

Su apodo es "Chiquito", el mismo que llevaba Antonio Saravia, el hermano de Aparicio.

"Chiquito" -ha integrado los directorios del Correo y de Pluna- es tataranieto del caudillo blanco, nacido hace 150 años: el 16 de agosto de 1856 en el departamento de Cerro Largo.

Aparicio Saravia Duarte vive en Durazno, tiene 42 años, y es nieto de Eustaquio Saravia, hijo de una hermana de Aparicio. Lleva el apellido de su madre, que lo tuvo soltera, y es producto rural. Siempre fue blanco y sigue siendo saravista. Pero ahora sigue a Jorge Saravia, el senador del MPP.

Aparicio Saravia Siñeriz tiene 13 años y está en primer año del liceo 1 de Rivera. Su padre, Jorge Aparicio Saravia vive en Honduras y su madre, Analucy, comentó que el adolescente Aparicio siente gran orgullo y cada vez que oye hablar del caudillo dice: "es mi tatara". En efecto, Aparicio Saravia es su tatarabuelo.

Estos son sólo cinco de los Aparicio Saravia que viven hoy en Uruguay. De generación en generación, el nombre con aliento de prócer, malogrado en la batalla de Masoller, continúa vivo en la cédula de identidad de un puñado de sus descendientes (o no).

Los mayores coinciden en que es un orgullo llevar el nombre del hombre que hoy será homenajeado. Están de acuerdo, también, en que es "una pesada carga".

Esas son las palabras que usaron tres de los Aparicios consultados por El País.

DE MADRE. En Aguas Buenas, un pequeño pueblo ubicado del departamento de Durazno, Saravia Duarte dice que "sólo queda algún letrado que me pregunta si soy algo del general", dice. Sucede que en el pueblo sólo hay unas 25 viviendas, dos almacenes y una escuela.

El pueblo más cercano es San Jorge, a unos cinco kilómetros. La capital departamental está a 90 kilómetros.

Cuando le preguntan explica que "según contaba mi padre, mi abuelo era Eustaquio Saravia, hijo de una hermana de Aparicio". Eustaquio fue hijo de madre soltera. Por eso él y sus seis descendientes directos mantienen el apellido. En su campo de 85 hectáreas a seis kilómetros de Aguas Buenas tiene ganado y planta maíz y avena. Desde hace un tiempo también se dedica a la cría de abejas.

A MASOLLER. "En la época de la dictadura valía la pena llamarse Aparicio, era una especie de bandera", afirmó "Chiquito" Saravia, el dirigente nacionalista riverense. "Una vez, en plena dictadura le puse al auto un adhesivo con la foto de Aparicio, los milicos me miraban como si llevara una foto de Bin Laden o una granada", contó.

En otra ocasión generó confusión en un retén militar. Iba en un jeep, de noche. Fue detenido e interrogado. Dijo que se llamaba Aparicio Saravia y que iba a Masoller. Pensaron que les estaba tomando el pelo.

Chiquito, que llegó a hacer una huelga de hambre por Wilson Ferreira y todos los presos políticos, estableció que "para todo el mundo, más allá de los partidos, Aparicio era y es sinónimo de libertad, de rebeldía, de búsqueda de justicia y defensa de los derechos".

El hermano de Chiquito, Sergio, mantiene una sala con reliquias familiares del general Saravia. Fotos de principios del siglo XX, pistolas, una carabina, un clarín y la bandera del Regimiento 1 conservan la tradición familiar desde esas cuatro paredes.

En esa sala está la "hembrita", ametralladora que junto a dos cañones -los "machitos"- Saravia le quitó a los colorados.

En casa de los Saravia de Rivera hay otro Aparicio. Diego Aparicio, sobrino de Chiquito, a quien ya ha sabido poner detrás de la Hembrita, en la sala del General, y hacerle honor al apellido.

MUSEO. En Cerro Largo, Aparicio Saravia Farías trabajaba en la renombrada estancia El Cordobés, donde vivió durante siete años. Hoy el casco es un museo.

El se considera uno de los pocos descendientes directos que lleva el ilustre apelativo, y no vaciló en bautizar así al menor de sus hijos: "Lo tenía reservado, porque las otras dos son mujeres y al mayor le correspondió llamarlo a la madre".

Llevar el nombre de Aparicio "ha pesado en mi contra" acusa Saravia Farías con franqueza despojada de pudor. "No me ha favorecido en nada", sino que más bien "ha sido una persecución por el mero hecho de ser Saravia", afirmó, aunque no sabe a ciencia cierta por qué.

Saravia Farías afirma que se siente empequeñecido al hacerse consciente de "ser descendiente de tan enorme figura".

Sin embargo, admite que las generaciones nuevas "desconocen y no valoran la figura de Aparicio". Su hijo de 17 años aporta elementos: "los gurises ubican más a Aparicio porque la principal calle de Melo lleva su nombre que por su incomparable historia, de la que no saben nada".

Saravia Cabrera dice que sus compañeros le preguntan todo y se resigna ante el hecho de que "tampoco se enseña nada sobre su figura, y en los libros de estudio hay solo trocitos que no dicen mucho".

Su padre interviene y dice que Aparicio fue una figura de relieve internacional. "Los brasileños lo adoran", afirma.

Mientras padre e hijo hablan desde el orgullo familiar, la frustración por lo que juzgan como omisión educativa y la ausencia de pistas sobre esa "persecución" percibida por la filiación, se escuchan, en su sala de estar, la marcha "Tres Arboles", grabaciones de poemas sobre el General y música del primer disco de la banda La Viuda. (Producción: Hilton Mestre, Freddy Fernández Carranza y Horacio Varoli)

Monolito y masones

Dirigentes del Partido Nacional de Rivera aguardan que el intendente, Tabaré Viera, cumpla su palabra y envíe el mensaje para construir un monumento a Aparicio Saravia en Plaza Artigas, la principal de la ciudad.

Según dirigentes blancos locales, la realización del monumento a Saravia es un compromiso a cambio de los votos que permitieron que la Logia Masónica Unión y Fraternidad riverense colocara un monolito en dicha plaza, recordando los cien años de dicha entidad.

El monumento a Saravia consistiría en dos muros y 17 faroles, recordatorio de las divisiones del ejército Saravista.

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