Algunas cosas antes eran mejores

Diego Fischer

Pensar que era un placer dar clases en el Zorrilla". Esta frase se la escuché decir muchas veces a mi madre. Lo decía cuando ya jubilada -luego de haber ejercido la docencia en Idioma Español y Literatura durante 35 años consecutivos-, pasábamos en auto por la puerta del Liceo Juan Zorrilla de San Martín de Bulevar España. Sus palabras expresaban un verdadero pesar cuando contemplaba los muros pintarrajeados y llenos de graffittis y las ventanas con los vidrios rotos o mugrientos. Ella había formado parte de la generación de profesores que inauguraron el Liceo, allá por mediados de los cincuenta. Recuerdo que siempre contaba que el edificio, además de haber sido diseñado especialmente para Instituto de Enseñanza, estaba equipado con los mejores elementos que un docente podía aspirar para enseñar y los alumnos para aprender. Aulas amplias y bien iluminadas, laboratorios, biblioteca y una sala de profesores en la que, al término de las clases, los docentes se enfrascaban en largas y enriquecedoras tertulias. El edificio contaba además con calefacción central que funcionó durante muchos años ni bien el invierno se asomaba por las amplias clases y corredores. Tenía también un plantel de adscriptos de excelente nivel y un grupo de porteros y personal de limpieza que lo mantenían reluciente. Usted creerá que le estoy contando un cuento. Pero no; así era y funcionaba ese magnífico edificio que hace una semana fue clausurado. Sí, el Liceo público N° 4 Zorrilla de San Martín, en el que el viernes 12 una profesora se fracturó el coxis, después de patinar y caerse en un corredor inundado por el agua que filtra, desde hace meses, de uno de los tanques de agua.

El Zorrilla vivió desde su inauguración y hasta 1967, su era de esplendor académico y edilicio. Fue, aunque parezca increíble, uno de los Liceos estatales más prestigiosos del país. Como también sucedía en esos tiempos y aún antes con el Bauzá, el Dámaso o el IAVA. Se sabe que a mediados de los 60 un espiral de violencia se apoderó de casi todos los sectores de la sociedad uruguaya. Y el Zorrilla fue uno de sus campos de batalla. Luego vino la dictadura y el edificio fue parcialmente reparado, pero vaciado académicamente. En el embate autoritario cayeron justos y pecadores. En 1985 retornó la democracia ,pero el Liceo N°4 -como la enseñanza en su conjunto- nunca logró recuperar ni su prestigio pedagógico ni su confort. Puede que se ensayen mil y una teorías al respecto. Pero es inconcebible e injustificable el abandono en que se encuentra hoy la gran mayoría de los Liceos de Montevideo. Y subrayo lo de Montevideo, porque en el interior las situaciones como la del Zorrilla, son excepcionales. Las autoridades de la Educación no tienen excusa y tampoco vergüenza. El presupuesto de la enseñanza es el más alto de los últimos cincuenta años. ¿Por qué entonces los muchachos no aprenden y los profesores patinan y se fracturan los huesos?

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