En estos tiempos de turismo, centenares de niños y adultos llegan a la nueva terminal de AFE y forman fila en el andén como si estuvieran, con boleto en mano, a la entrada de un juego del Parque Rodó, ansiosos y asombrados.
Es el tercer año que el recuperado tren a vapor corre por las vías uniendo el Centro con el barrio Peñarol; se parte en punto a las 10, las 13 y las 16 horas, para realizar un viaje que dura 24 minutos de ida y otros tantos de vuelta.
A no más de 50 kilómetros por hora, en una travesía menos hamacada que en un tren de línea comercial, el confort interior que brindan los vagones turísticos refleja el esmero y calidad de los artesanos que trabajaron en la restauración.
Relumbran los artefactos de bronce y los revestimientos en madera, las mesas de cedro y las cortinas verdes, los tapizados de los asientos en el mismo color -aunque en un tono más aceitunado. Y también llama la atención el brillo de pisos y puertas, realizados en lapacho, o el detalle del escudo de la Asociación Uruguaya Amigos del Riel /AUAR) estampado en algunos vidrios biselados, de alta seguridad como los fijos y blindados de las ventanas.
Por todas partes, al atravesar Sayago o pasar por debajo del viaducto del Paso Molino, los pitidos de la locomotora que resopla vapor despiertan imitaciones de algunos niños, y saludos ostensibles de los pocos montevideanos que se asoman a las veredas y jardines en esta Semana Santa.
Al llegar al destino, es decir a la estación reconvertida en museo del ferrocarril, los pasajeros se reparten en cuatro grupos comandados cada uno por un guía. Con él (o ella) todos harán un tour que los enfrentará a diversos objetos y narraciones históricas. Podrán ver reliquias, como el uniforme de un guarda o los equipos de comunicación usados un siglo atrás, caminar por las calles angostas en donde los ingleses construyeron las viviendas de obreros y empleados de la empresa Central Uruguay Railway o atravesar un puente de hierro sobre las vías.
VÍNCULOS. Después del recorrido, que incluye el pasaje frente al ex Cine Peñarol, en etapa de reciclaje por parte de la IMM -y similar al "Florencio Sánchez" del Cerro-, se retorna a la plazoleta de la añeja Estación en donde un espectáculo de payasos espera a los niños y sus familias.
Entre los fotógrafos aficionados que capturaban las proezas de los niños dispuestos a coparticipar en la actuación de los payasos, se hallaba Pablo Genta, el actual subsecretario del Ministerio de Transporte, quien aprovechando las vacaciones también se tomó el tren.
En cuanto a la posibilidad de que AFE (dependiente de esa cartera) brinde más apoyo a la AUAR y al tren a vapor, entregando por ejemplo otros vagones para reconstruir, el jerarca afirmó a El País que "si hubiese algún petitorio sobre algo de lo que el Estado pueda desvincularse o vender a un precio razonable, seguramente se llegará a un acuerdo".
Para Genta, "el vínculo de la AUAR con AFE, si bien es cordial, no deja de ser comercial; hay que cubrir ciertos costos, el uso de la vía y los contralores que hay que hacer, tareas que exigen recursos humanos, como también la coordinación con viajes de otros trenes".
LOCOMOTORAS. Descansando del trajín, en un banco de la misma plaza, se encontraba el maquinista Rodolfo Fontella, socio de AUAR que trabajó en AFE entre 1963 y 1971, para después "tirarse al agua", al mundo de las calderas navales.
Por influencia que le viene desde los tatarabuelos y por haberse criado en Peñarol, Fontella explicó a El País que le fue imposible alejarse de las vías.
Desde 1993 ha trabajado con máquinas a vapor, participando en la recuperación de cuatro locomotoras, dos de ellas con algunos colegas del Círculo de Estudios Ferroviarios del Uruguay, y las otras para la AUAR.
Una fue la que se usó para filmar la película uruguaya "Corazón de Fuego", que funcionaba con leña y no fue diseñada para andar por vías principales, sino para maniobras en talleres y estaciones.
La segunda, en la que viajamos y lleva el número 120, es una Beyer Peacock de 1910, con una potencia de 900 HP, de origen inglés, cuyas calderas se alimentan con fuel-oil.
"Esta máquina, para trenes de carga, puede llevar cuatrocientas toneladas, y para trenes de pasajeros unas doscientas, porque tiene que ir a más velocidad. Hoy llevamos 150 toneladas, o sea que podríamos arrastrar dos vagones más sin ningún problema. Todo depende mucho del foguista, que debe mantener la presión al máximo, sin ningún medidor, no hay nada automatizado, todo es manual", sostuvo Fontella.
Al retorno de la excursión, que duró dos horas, en la terminal de Paraguay y Nicaragua, como después de una película que satisfizo a la platea, dentro del tren resonó un aplauso colectivo y espontáneo.
Recuperan inversión y la pelean
Braulio López, otro integrante clave de la Asociación Uruguaya Amigos del Riel (AUAR), dijo a El País que la restauración de la locomotora, y de los dos vagones Allan (que totalizan 192 plazas y son de origen holandés, del año 1952), llevaron casi dos años de trabajo, 50.000 horas honorarias, además de las contratadas con carpinteros, sanitarios, chapistas o pintores.
"Hace cinco años que además de esta actividad de Semana de Turismo, trabajamos con excursiones para cruceristas, y podemos decir que la inversión está recuperada: un poco más de 200.000 dólares sin contar el trabajo honorario", explicó.
"La explotación que hacemos es para mantener vivo al tren a vapor y autosustentarlo. En otros países tienen subsidios; nosotros no los necesitamos, pero hay costos operativos muy altos que esperamos poder ajustar con la Administración", comentó López.
Mientras se cerró la primera etapa del proyecto de AUAR y fue devuelta a los socios la inversión, se va por más.
"El proyecto original previó llegar a más vagones; el generador que hoy llevamos es suficiente para alimentar las luminarias, el aire acondicionado y el audio de cuatro vagones", concluyó López.
COSAS DE INGLESES EN URUGUAY
La locomotora inglesa, de 1910, pintada en lacre y negro, fue parte de lo desafectado en 1996 por el Puerto de Montevideo, quien la cedió a la AUAR. Desde esta institución sin fines de lucro, el socio Braulio López informó a El País que la máquina es una de las que hacía el tour entre la bahía de Montevideo y Punta del Este, trasladando a pasajeros que llegaban hacia 1930 en el Vapor de la Carrera.
La actual función del tren de AUAR en esta Semana de Turismo se articula con el interés de la IMM de difundir lo que fuese una zona industrial de valor histórico sin par: los talleres del barrio Peñarol, surgidos a fines del siglo XIX. En esa época la empresa del Ferrocarril Central del Uruguay decidió el traslado de los talleres principales ubicados hasta el momento en Bella Vista, hacia una zona distante 2 kilómetros el este de la Estación Sayago. Como el lugar era un descampado, allí debió construirse dos grupos de viviendas para obreros, seis viviendas para empleados y dos viviendas para personal superior, entre las calles Lincoln, Schiller, Sayago y Aparicio Saravia, zona incluida en el tour.