100 Años de El País

El duelo que cambió para siempre la historia del país

Washington Beltrán, figura joven, de 35 años, que estaba llamado por su talento y firmeza de ideales a ser la gran promesa para llegar a posiciones de liderazgo en el ámbito nacional, dejó su vida en acto heroico en duelo con Batlle.

Washington Beltrán. Foto: El País
Washington Beltrán. Foto: El País

"Yo traigo a esta despedida la palabra húmeda de emoción de los redactores de El País (…) Se va con Washington Beltrán todo un trozo de mi juventud: el más noble y el más puro, porque siendo el de mi iniciación en la vida periodística, es el del primer impulso y del primer ensueño, cuando se tiene en los ojos fiebre de ilusión y frescura de alba en el espíritu" … Con estas palabras, el 3 de abril de 1920, un jovencísimo Carlos Quijano, en el Cementerio Central, se refería a su amigo y co director y fundador de El País, muerto veinticuatro horas antes en un duelo. El duelo entonces era un delito sancionado por el Código Penal.

El Uruguay todo, estaba aún bajo el impacto de la noticia. Beltrán el "pichón de águila" como lo había bautizado Carlos Roxlo y la promesa del Partido Nacional, había sido abatido por el dos veces ex presidente de la República José Batlle y Ordóñez, en un duelo a pistola realizado el 2 de abril (Viernes Santo) a las 11 de la mañana en el Parque Central. Eran muchos los que no se resignaban a aceptar lo sucedido y otros tantos los que temían una insurrección de los blancos. La tragedia se abatía, una vez más, sobre el Partido Nacional.

Dos artículos y dos retos a duelo.

Beltrán, tenía 35 años, tres hijos de seis, cuatro y dos años y un cuarto en camino. Su mujer, Elena Mullin, estaba embarazada de siete meses y medio.

El detonante de la situación fue un artículo, escrito por Beltrán y publicado, sin firma en El País, el jueves 1 de abril. Qué tupé, lo tituló y en él arremetía, contra Batlle y Ordóñez. Entre otras afirmaciones expresaba:

"El campeón del fraude, el que hizo doctrina constitucional de la influencia moral en el anoche me llamó Batlle de las elecciones de Río Negro, el que firmó un decreto que no osaron suscribir ni Santos ,ni Varela declarando que los policías podían y debían intervenir en política electoral; el que formó los desfiles de la policía a base de soldados disfrazados (…)el que quemó el voto secreto que libera al obrero del patrón y al funcionario del gobierno; el que inventó los compromisos escritos arrancados antes de ser electos, el que hizo Diputados y Senadores desde la Casa de Gobierno y condenó a destierro y miseria a José Enrique Rodó por haber sido independiente y altivo ,(…) ¿ Para qué seguir si don José Batlle se sabe esto de memoria y mejor que nosotros?

A las 10 de la mañana de ese mismo jueves, en la redacción de El País, se hacían presentes Francisco Ghigliani y Ovidio Fernández Ríos; los padrinos designados por Batlle. Tenían órdenes muy precisas: retar a duelo al autor del artículo. No encontraron a Beltrán, tampoco estaban Leonel Aguirre, ni Eduardo Rodríguez Larreta, los otros co directores y fundadores de El País. Regresaron a las 17 hs .

"El señor Batlle y Ordóñez le exige una reparación por las armas y nosotros seremos sus padrinos", le dijo Ghigliani a Beltrán. A lo que este respondió designando a Rodríguez Larreta y a Aguirre como sus representantes. A puertas cerradas, los cuatro padrinos acordaron los términos del lance. Como Batlle era el ofendido, fue quien eligió las armas: pistola. El ex presidente era un experto tirador, Beltrán nunca había empuñado un arma de fuego, sabía sí esgrima. El enfrentamiento sería al día siguiente en la cancha del Parque Central, a 25 pasos de distancia y a dos tiros. Francisco Veracierto se desempeñaría como director del enfrentamiento y los doctores Arturo Lussich y Lorenzo Mérola, los médicos de Beltrán y Batlle respectivamente.

A las 22 hs y en momentos en que Beltrán se retiraba del diario, llegaron dos enviados de César Batlle Pacheco, el hijo mayor de Batlle y Ordóñez. Eran César Martínez y Luis Otero, habían sido encomendados por Batlle Pacheco a retar a duelo a Beltrán por el artículo titulado "Tienen razón", publicado también ese mismo día y en la página siguiente en la que salió Qué tupé. En él, Beltrán fustigaba al diario El Día que, tras una huelga de obreros gráficos, había condicionado un aumento de salarios y beneficios para los hijos de dichos trabajadores, al incremento de sus ingresos. El País había accedido a las reivindicaciones de los huelguistas. El artículo finalizaba diciendo: "Allí (en El Día) abunda el dinero, por lo mismo que faltan ideales. Aquí (en El País) podrá escasear alguna vez el dinero, pero sobran ideales generales y justos". Beltrán argumentó que tenía asuntos que resolver y les pidió que regresaran al día siguiente.

Una muerte y el silencio de sus testigos.

El 2 de abril, Montevideo amaneció con cielo encapotado y lloviznas. Beltrán salió de su casa con raqueta y vestimenta de tenis. Su mujer, desconfió y, al despedirlo, le preguntó: ¿Washington, seguro que no hay duelo?". Él lo negó. "¿Venís a almorzar?" No, respondió y Elena le recordó: "No comas carne, es Viernes Santo".

Dos horas más tarde, Beltrán moría desangrado en la cancha del Parque Central. Nada pudieron hacer Lussich y Mérola. En su último aliento pronunció el nombre de su mujer. Según el dictamen forense, el segundo disparo de Batlle penetró en el cuerpo de Beltrán "por la axila derecha a la altura de la tercera costilla, quebrándola, atravesó de derecha a izquierda ambos pulmones, y luego de seccionarle la aorta descendente" salió por la espalda, ocasionándole la muerte en un par de minutos. Era la primera vez, desde 1889, que una persona moría en un duelo.

El velatorio y el entierro de Beltrán convocaron a una multitud, jamás vista hasta entonces, en Montevideo. El juez de Instrucción, Juan José Gomensoro, tomó cartas en el asunto. Ordenó la detención de Batlle y dispuso que permaneciera en la Cárcel Correccional. Estuvo preso durante tres días. Fue visitado por el presidente de la República Baltasar Brum y por todos los integrantes de la entonces denominada Alta Corte de Justicia, además de ministros y funcionarios del gobierno de la época. El 5 de abril, se le otorgó la libertad provisional y la causa siguió abierta. Un manto de silencio cubrió el caso e impidió que la Justicia pudiera avanzar.

Una ley a medida.

El 6 de agosto de ese mismo año, el Poder Ejecutivo promulgó expresamente la Ley de Duelo, sancionada 48 horas antes entre gallos y medias noches por el Parlamento. Su último artículo decía: "El artículo 1. de la presente ley se aplicará a los duelos efectuados antes de la promulgación de la misma, aun cuando no se haya sometido a Tribunal de Honor, el caso que motivó el duelo". Dos días después, el proceso judicial contra Batlle se cerró y la causa fue archivada . Batlle pudo entonces, postularse para las elecciones al Consejo Nacional de Administración que se celebraron en el mes de noviembre. La Ley de Duelo se derogó en 1992.

El 21 de mayo de 1920, siete semanas después de la muerte de Washington, Elena dio a luz a una niña a la que bautizó con el nombre de Martha María. Una enorme desazón se apoderó de ella cuando se enteró que ese día era el cumpleaños de Batlle. ¿Ironías del destino?

Elena, tenía 30 años cuando enviudó y un hogar con cuatro hijos para sacar adelante. Su fe católica fue el consuelo para su dolor. Logró educar a sus hijos sin trasmitirles odios ni rencores. Muchos años después perdonó a Batlle y llegó a pedir misas los 20 de octubre aniversario de la muerte del ex presidente. Las Eucaristías se celebraban en Santuario del Cerrito de la Victoria por el padre Pedro Goicochea. Elena murió repentinamente de un infarto el 13 de agosto de 1948. Llegó a ver a sus hijos varones Washington y Enrique seguir, con éxito, la senda de su padre en el periodismo y en la política. Alcanzó también a conocer a seis de sus dieciséis nietos.

El legado de Elena.

El domingo 14 de noviembre de 1999, su hijo mayor Washington Beltrán Mullin, director de El País escribió un editorial en el que convocó a los blancos a votar por Jorge Batlle Ibáñez en el balotaje que el candidato colorado disputaría, dos semanas más tarde, con Tabaré Vázquez.

"Vivimos la tragedia de una niñez ensangrentada. Pero nos formamos, bajo la dirección de nuestra madre, en un hogar en el que la filosofía cristiana nos inmunizó contra el odio y nos hizo invulnerables al llamado de la vindicta", escribió Beltrán Mullin. Ese editorial llevó a Batlle a la Presidencia de la República. ¿Puede haber un acto de mayor grandeza?

La edición que refleja el dolor y los homenajes
La edición que refleja el dolor y los homenajes por la muerte de Washington Beltrán. Foto: Archivo El País

"La muerte de Washington Beltrán. Toda la República exteriorizó su duelo ante la irreparable pérdida", indicó el título principal de la edición de El País del 5 de abril de 1920, en la que quedó reflejada la consternación que provocó el hecho y la enorme repercusión que alcanzó en toda la sociedad. Ese día, la portada de El País y varias páginas interiores desplegaron las crónicas sobre el deceso, el velatorio y el reconocimiento de figuras de distintos sectores de la vida nacional y del ciudadano común a la joven figura físicamente caída, pero cuyos ideales y valores perduran.

El velatorio y el sepelio de Beltrán reunieron una multitud como nunca se había visto en Montevideo, en expresión de dolor y solidaridad.

El País también destacó "los homenajes que se tributan al ilustre ciudadano".

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