Con los hijos

Mamá estimula: la clave de la felicidad

La resiliencia es adaptación, es transformarse a sí mismo para salir fortalecidos de la adversidad. Es el arte de dejar atrás los problemas y seguir adelante a pesar de todo

niños felices, bebés
Foto: Pexels

Resiliencia es quizá una de las palabras que más escuchamos en relación a la crianza y la educación, envuelta siempre en un halo de “super poder” o “super hablidad” a la cual se le otorga un enorme peso en nuestro éxito personal en la vida, ya que cada día son más los estudios científicos que demuestran que ésta es una característica de las personas felices. ¿Pero qué es exactamente la resiliencia? Y más importante aún, ¿cómo podemos inculcarla en nuestros hijos?

La Real Academia Española define la resiliencia como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Anna Forés, experta española en resiliencia y autora del libro “La resiliencia. Crecer desde la diversidad”, asegura que no es otra cosa que el famoso baile del “bote trote con rebote anti tropezón” de Tigger, el personaje de la película animada.

Y es que “resiliencia” viene de rebotar en latín; tocar fondo para rebotar, para resurgir. La resiliencia es adaptación, es transformarse a sí mismo para salir fortalecidos de la adversidad. Es el arte de dejar atrás los problemas y seguir adelante a pesar de todo. Y por simple que parezca es una habilidad compleja e hiper importante. Por algo, dice Forés bromeando, al arte de dejar atrás tus problemas le llaman “SUPERarte”.

La buena noticia es que todos podemos desarrollarla puesto que es una capacidad que los expertos estiman es un 40% heredada y un 60% aprendida.

¿Cómo podemos fomentarla en nuestros hijos? Como dice Raquel J. Palacios, la autora de libro La lección de August (llevada al cine como “Wonder” por Stephen Chbosky, “no creo que podamos enseñarla pero podemos inspirarla”.

Pero inspirar la resiliencia es una tarea compuesta, dice Forés, en la que necesitamos trabajar y reforzar muchas cosas a la vez. ¿Qué cosas, actitudes o valores debemos trabajar con nuestros hijos para que sean niños resilientes que puedan sobreponerse a las pérdidas, errores y caídas a las que se enfrentarán en la vida?

AUTOCONOCIMIENTO: El primer paso según los expertos para recomponerse de una pérdida, de una caída, es el reconocer la propia herida. Sólo cuando somos capaces de reconocer que tenemos una herida que curar, es que podemos comenzar a sanarla.

Para ello, es importante ayudarlos desde pequeños a reconocer sus emociones, así sean negativas, para que a futuro puedan entender qué les pasa ante cada situación y actuar en consecuencia, así como también para poder ser asertivos y marcar límites cuando se encuentren con personas que les hagan daño. Y otro punto importante al respecto es que no confundamos dar ánimo o decir palabras alentadoras con hacerlos creer que son “genios” o “especiales” porque si crecemos con ese reflejo en el espejo es muy difícil admitirnos luego que tenemos defectos o problemas que resolver.

AUTOCONFIANZA: Boris Cirulnik, psiquiatra y psicoanalista francés experto en resiliencia, dice que la confianza es fundamental para promover la resiliencia en la familia. La esperanza y el optimismo florecen bajo la mirada confiada de quien nos ama y nos alienta porque confía en que podremos, porque confiar en los niños es decirles “tú me importas tal como eres, no como yo quiero q seas”.

AUTOESTIMA: Estrechamente ligado a lo anterior, cuando decimos a nuestros hijos que si se portan así o asá no los queremos, o por el contrario, cuando les decimos “te amo” pero únicamente en respuesta a una conducta que nos enorgullece, les convencemos lentamente que sólo merecen amor cuando no cometen errores y sobre todo cuando satisfacen a quien los quiere, lo cual mina la autoestima y fomenta más adelante relaciones afectivas insanas y dependientes.

Pero además, múltiples experimentos como los de Carol Dweck, catedrática de psicología social en Stanford, demuestran que los niños que creen que pueden mejorar, mejoran efectivamente sus resultados académicos mucho más que aquellos que no (es lo que se conoce como “mentalidad de crecimiento”) corroborando el viejo dicho de “querer es poder” (o más bien “creer es poder”).

Desdramatizar el error desde la más tierna infancia es en este sentido el mejor regalo que les podemos hacer, acostumbrándolos desde pequeños a pensar que cada error no es más que un intento más y que la vida es una maratón, no una carrera de velocidad.

CREATIVIDAD: como dice Sir Ken Robinson, experto en educación y creatividad, equivocarse no es sinónimo de ser creativo, pero, sólo quienes estén dispuestos a equivocarse una y otra vez, podrán hacer algo verdaderamente original algún día. Por ello, fomentar la creatividad es crucial para la resiliencia, porque nos enseña desde pequeños a buscar nuevas alternativas a los problemas.

En este sentido, es crucial que padres y educadores no miren al niño buscando aquello que no funciona para arreglarlo, sino más bien para descubrir sus talentos y educarlo a partir de ellos. No focalizar en el error, no limitar la exploración, mordernos cuando ensaya una alternativa que estamos seguros no dará resultado, no advertir cada dos minutos “te vas a caer”, o machacar con el tan abusado “te lo dije” cuando se cae. Hace poco se hizo viral un post en que una mamá mostraba el pedido de la maestra de que supervisase más las tareas de su hijo porque el niño había coloreado un mango de todos colores en lugar de amarillo. ¿Qué habría sido del logo de Apple si nadie se hubiese animado a pintar una manzana como el arcoíris? En su famosa charla de TED sobre Creatividad, Robinson cuenta que una niña le cuenta a su maestra que está dibujando la cara de Dios a lo que la maestra responde: “pero nadie conoce la cara de Dios!”, a lo que la niña responde: “lo harán cuando termine”.

AUTONOMIA: queda claro que si sin creatividad no hay lugar para la resiliencia, sin autonomía tampoco lo hay para la creatividad. Fomentar el juego libre, las actividades al aire libre con cierto grado de riesgo acorde a la edad, los juguetes que hacen poco por los niños y que dan rienda suelta a la imaginación, los juegos sin reglas ni consignas, o preparar la casa para que desde pequeños puedan alcanzar objetos sin pedir ayuda o jugar fuera del alcance de nuestra vista sin ponerse en riesgo, es de suma ayuda para desarrollar la autonomía desde pequeños y fomentar la iniciativa propia a la hora de crear o de autoregularse.

Y fundamentalmente, fomentar su CAPACIDAD DE RELACIONARSE ya que nadie puede con todo sólo y siempre necesitaremos de afectos que nos ayuden, y sólo construyendo relaciones afectivas sanas podemos construir nuestras propias redes de contención y distinguir aquellas relaciones que no nos suman y apartarlas de nuestras vidas.

En definitiva, como dice Palacios en La lección de August, se trata de“crecer en la adversidad, aceptarse tal y como se es, sonreír a los días grises y saber que al final siempre encontrarás una mano amiga”.

conocé a nuestra columnista
Claudia Guimaré
Claudia Guimaré
La socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

Conocé cómo Mamá Estimula puede auxiliarte en la crianza de tus hijos.

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