"Si llueve no lo saco", "lo cuido sólo yo", "lo conozco como nadie". Los comentarios no se refieren a un ser querido, ni siquiera están destinados a una persona. Pertenecen a dueños de automóviles clásicos y antiguos, para quienes no importa si el coche en cuestión vale US$ 3.000 o si roza el millón. Cada propietario siente que tiene una joyita en sus manos y hace todo lo posible para cuidarlo. Apasionados por los fierros, generan una industria que incluye automotoras, importadores, mecánicos, chapistas, tapiceros y hasta caza tesoros, esos personajes que pueden encontrar una pieza única convertida en gallinero para devolverle el esplendor de antaño.
La variedad de autos y marcas en el mercado local es abrumadora. Lancia, Alfa Romeo, MG, Chrysler, Mini , DKW, BMW, Saab, Ford, Riley, Pontiac, Cord, Cadillac, Dusenberg, Packard, Porche y Mercedes, son algunas. Nadie revela el valor de su coche, pero puede ir desde unos US$ 14.000 por un escarabajo de 1962, pasando por US$ 200.000 de un Cord hasta un cheque en blanco por un modelo único, cuyo propietario se niega a vender.
Su mantenimiento insume otro tanto: sus frenos se cotejan, las baterías se cambian, la nafta no se deja en el tanque para que no se altere, se pagan patentes, seguros y auxilios mecánicos, todo como si estuvieran en la calle día a día. La guarda de estos autos -que frecuentemente no son las únicas piezas de una colección, sino que cada aficionado tiene en promedio dos vehículos- es un tema sustancial. "Generalmente compramos más de los que podemos restaurar y mantener", explicitó quien tiene en su haber 10 modelos distintos.
Los felices propietarios exhiben sus trofeos en clubes, tales como el Montevideo Classic Car Club (MCCC)-que festeja la próxima semana con muestra, cena y pruebas en el Autódromo de El Pinar, sus 32 años-, el Club Uruguayo de Automóviles Sports (CUAS), el BMW Car Club, DCW Club, entre otros, distribuidos entre Montevideo, Colonia, Melo, San José o Paysandú. Algunas piezas, también de destacado valor, se exhiben en colecciones privadas, como la de la familia Bouza -en su bodega hay más de 30- o en el Museo del Automóvil Club del Uruguay (ACU).
Varias etiquetas catalogan a estos autos. Según Álvaro Casal, director del Museo del ACU, el mote de clásico es una cuestión antigüedad. Para la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), cuya Comisión Histórica integra, es necesario que tenga más de 25 años. Sin embargo, a esta categorización Casal suma otra: los históricos, aquellos relevantes por alguna razón. Él mismo supo tener un Rago, auto de 1967, fabricado en Uruguay, cuyo valor eran las pocas piezas producidas. "El valor en sí mismo no era elevado, pero importaba el hecho de que era fabricado acá. Lo psicológico importa siempre, a la hora de vender o comprar de quién fue o cuándo se utilizó puede definir un precio", agregó.
A la calificación de Casal, Eduardo "Pico" Ponce de León añade otra: la de los nostálgicos. No son vehículos con valor en sí mismo, sino en relación a los afectos. "Los vio de joven, fue el primer auto que hubo en su casa, cuando le gustó no tenía dinero para adquirirlo y ahora se da el gusto", explicó quien hace 40 años restaura de autos antiguos.
Detallista al extremo, Ponce De León tiene fama en su rubro y, de hecho, le llegan ejemplares desde el exterior para que los ponga a punto. Rolls Royce, Cadilac, Chrysler o Cord son marcas que han pasado por sus manos. "Saben que desarmo hasta el último tornillo", puntualizó satisfecho. Con el mismo orgullo, cuenta que buscando piezas para un Cadillac de 1929 descubrió en el Pinar un Chrysler Imperial L 80 coupé, 6 cilindros de 1929. Sólo seis unidades se fabricaron de este exclusivo modelo -la producción total de Chrysler en 1929 fue de 60.000 unidades- y hoy sólo quedan uno en Inglaterra y dos en EE.UU. Actualmente este auto es propiedad de la princesa Laetitia D`Arenberg, quien lo prestó en algunas ocasiones, como a Clara Berenbaun, cuando se casó, o a Claudia Fernández, que llegó al cumpleaños de un año de su hija en este magnífico ejemplar que nadie se anima a cotizar
Tuerca confesa, D`Arenberg posee además un Ford A de 1930; un Ford T de 1923; un Chrysler cuatro cilindros, cuatro puertas, convertible de 1928; un Chrysler 75 millas, convertible, coupé, seis cilindros con golfera; un Cord del 1936, modelo 810, coupe, cuatro asientos, convertible, ocho cilindros y un Limousine Cord de 1936, ocho cilindros.
"Los compré todos en Uruguay", aclaró la empresaria que integra MCCC y participa en todos los rallies que puede. "Comparto esta pasión con mi marido, John Anson, que tiene dos Cord de 1937, modelo Sportsman, ocho cilindros, coupe, dos asientos -uno de color marfil y el otro rojo- y posee el único HRG original que quedó en Uruguay de 1.100 CC (fabricado en Inglaterra en 1946)".
joyita importada
Darse el gusto de encontrar un auto determinado y traerlo a Uruguay es posible. "Se requiere un trámite tan largo como oneroso. Una vez comprado el auto, se vienen dos meses de papeleo, el Ministerio de Industria y el de Transporte tienen que avalarlo, luego es tasado por la Dirección Nacional de Aduanas", graficó un importador. La tasación, generalmente, es mayor al valor del vehículo en cuestión y los impuestos de importación se calculan a partir de esa base. El flete y el seguro son otros rubros implícitos en la importación, que representa un 140% del valor invertido.
Estiman que en los últimos 15 años se importaron unos 150 autos. Al decir de Guillermo Deal, presidente del MCCC, está claro que quienes tienen autos clásicos y/o antiguos poseen otros de uso diario e importarlos no afecta inversiones en el mercado interno. "Somos unos 180 socios, nos reunimos para preservar, restaurar y utilizar vehículos antiguos y clásicos. Hacemos eventos y, sobre todo, compartimos mucha información", dijo el principal del Club cuya anualidad es de $ 3.000.
Gustavo Tarucco dirige Autoventas, además de autos 0 Km y usados, se distingue por vender clásicos. Mercedes Benz, Fiat, Alfa Romeo, SPA o VW son marcas que ha tenido. "Nos gustan los autos viejos, acá combinamos nuestro hobbie con el negocio, un negocio que no es de venta ágil", subrayó quien participa de actividades como 1.000 millas o La ruta del vino. En cuanto al precio de cada unidad, aseguró que los valores dependen del estado, marca, año y un sin fin de variables. "Todo depende de la oferta y demanda", señaló. "Hacerse el auto uno mismo está buenísimo, uno lo arma a su manera, lo conoce más que nadie, pero lidiar con mecánicos, chapistas, pintores o tapiceros, no es nada fácil", resumió.