En 2018, cuando Daniel Himmel dejó de ejercer la abogacía para dedicarse a un trabajo que hoy podría denominarse ingeniería jurídica, sintió que era un gran riesgo para su carrera.
«Estaba nervioso», admitió. «Pensaba: ¿Cómo será mi carrera? ¿Qué hago ahora?».
Ya no piensa así. Como director de ingeniería legal para Norteamérica en Legora, una empresa de tecnología legal, Himmel ha contratado a unas 70 personas durante el último año. Forman parte de un equipo global de aproximadamente 200 profesionales del sector que la empresa ha creado desde 2024.
«Estamos contratando a cientos de personas, nuestros co
mpetidores también, y nuestros clientes también», señaló. «Es una verdadera profesión».
Y es uno de los puestos de trabajo más demandados en el vertiginoso mundo del derecho. A medida que la inteligencia artificial (IA) cobra mayor importancia en el ámbito jurídico, proveedores de tecnología como Legora, estudios de abogados y departamentos jurídicos internos buscan personas que comprendan tanto el derecho como la tecnología lo suficientemente bien como para reescribir flujos de trabajo y enseñar a otros a utilizar herramientas de IA.
A menudo se les denomina «ingenieros jurídicos». Pero también se les describe a veces como «asesores de conocimiento e innovación», «abogados de innovación» o «ingenieros de aplicaciones jurídicas».
Profesional cotizado
Las funciones exactas del cargo varían de una empresa a otra, al igual que el pago: la firma legal Latham & Watkins está contratando «abogados de ingeniería legal» en al menos cinco ciudades, con un rango salarial de entre US$ 220.000 y US$ 250.000. Un «asesor de innovación en IA» en Kirkland & Ellis puede ganar entre US$ 153.000 y US$ 220.000 al año, según la oferta de empleo del estudio, mientras que Gibson Dunn anuncia un sueldo de entre US$ 250.000 y US$ 300.000 para un «abogado de tecnología legal e IA».
Los departamentos jurídicos de compañías tecnológicas han publicado ofertas laborales similares. El fabricante de microprocesadores Nvidia está contratando a un «ingeniero de operaciones legales» con un salario de entre US$ 124.000 y US$ 195.500 al año, y Microsoft busca un «ingeniero jurídico principal» con un pago de entre US$ 147.000 y US$ 278.900.
Las empresas de IA que desarrollan herramientas para bufetes de abogados, como OpenAI, Thomson Reuters y Google, también están contratando ingenieros jurídicos.
Los parámetros de este puesto de trabajo, que ha aumentado tanto en frecuencia como en alcance en los últimos años, aún se están definiendo.
«Si lo planteamos en una ecuación, es derecho más tecnología más proceso empresarial», analizó Irene Liu, CEO de la iniciativa de IA en la Facultad de Derecho de Stanford, que en setiembre comenzó a promover un programa ejecutivo presencial de dos semanas llamado Academia de Ingeniería Legal.
El programa aún no acepta solicitudes, pero alrededor de 1.400 altos directivos se han inscrito para recibir una notificación cuando se abra el plazo de inscripción. Según la escuela, aproximadamente la mitad forman parte de equipos jurídicos internos y cerca del 20 % son socios y abogados senior de firmas legales.
En los primeros seis meses del año, casi 50 abogados abandonaron los 200 estudios más grandes de Estados Unidos para incorporarse a empresas de inteligencia artificial, entre ellos 15 que accedieron a puestos relacionados con la ingeniería jurídica, según Firm Prospects, una plataforma para reclutadores legales. El cierre de la prestigiosa firma Weil, Gotshal & Manges la semana pasada fue otra señal del cambio que está transformando el sector.
Enfoque más amplio
En las empresas de IA, los ingenieros jurídicos a veces ayudan a desarrollar tecnología para abogados, pero lo más habitual es que ayuden a los clientes a integrar el producto en sus flujos de trabajo, gestionar juicios y capacitar a los empleados. Harvey, el gigante de la IA jurídica, ha aumentado su equipo de ingenieros jurídicos especializados en este tipo de trabajo de 180 a 215 personas en las últimas dos semanas (con un salario anual que oscila entre los US$ 220.000 y los US$ 320.000 dólares). Todos ellos son exabogados en ejercicio.
Los ingenieros jurídicos empleados por estudios de abogados suelen realizar tareas similares de diseño de flujos de trabajo y formación, pero con un enfoque más amplio.
A finales del año pasado, Ropes & Gray contrató al primero de sus cinco ingenieros legales, a quienes llama abogados de innovación en la práctica jurídica.
«Antes, existía la tecnología y existía la ley. Y mientras mi correo electrónico funcionara, no tenía que hablar con personas que se ocupaban de la tecnología», explicó Howard Glazer, socio veterano de la firma que se convirtió en su jefe de práctica de IA hace aproximadamente un año. «Pero ahora realmente brindamos nuestro servicio y nuestro producto utilizando las herramientas».
«El término ‘ingeniero jurídico’ suena un poco a invento. Pero no lo es. Es un rol que el entorno actual exige a gritos», añadió.
Por su parte, Latham & Watkins cuenta ahora con más de 100 personas dedicadas a sus iniciativas de IA. Algunos trabajan en el desarrollo de tecnología propia, mientras que otros se centran en flujos de trabajo habilitados por IA, fomentando su adopción por parte de los abogados y otras áreas.
Nuevas habilidades
Prácticamente ninguna escuela ofrece programas de formación formal para ingenieros jurídicos, aunque algunas han añadido clases. Muchos ingenieros jurídicos son exabogados en ejercicio que aprendieron habilidades de IA por su cuenta o en el trabajo. Menos aún son los exingenieros de software que luego estudiaron derecho: «el caso más raro», según comentó un responsable de contratación.
Ankita Puri se convirtió en ingeniera jurídica sénior en Legora tras trabajar en litigios comerciales en una firma de abogados y, posteriormente, como directora jurídica de una institución financiera. Comentó que valora la mayor diversidad de trabajo y la interacción más frecuente con los clientes que ha supuesto esta transición.
«No se trata tanto de pasar de ejercer la abogacía activamente a no hacerlo», señaló. «Creo que se trata más bien de aceptar este cambio generacional en el sector legal».
Mary O’Carroll, CEO de LegalEng Consulting Group, empresa que trabaja con departamentos jurídicos internos, ha ocupado cargos ejecutivos en el área de operaciones legales durante más de 20 años, incluyendo 13 años en Google. La empresaria también considera que el auge de los ingenieros jurídicos forma parte de una transformación del sector.
«Ya no es necesario tener una enorme pirámide de abogados», opinó O’Carroll. «Las personas con este tipo de habilidades no tienen que tener un título de abogado ni ser ingenieros de software, pero sí necesitan conocimientos de reingeniería de procesos de negocio o de administración de empresas, habilidades que considero realmente necesarias», concluyó.
¿Cambio definitivo o pasajero?
La pregunta que persiste es si este tipo de trabajo seguirá teniendo tanta demanda. «Sin duda, está creciendo», afirmó Howard Glazer, de Ropes & Gray. «La duda que me hago es: ¿cuánto durará? ¿Será un puesto de transición?».
O’Carroll, CEO de LegalEng Consulting Group, afirmó que no veía que el ritmo del cambio fuera a disminuir y que se necesitarían ingenieros jurídicos para mantener los sistemas y adaptarse a la evolución de la tecnología y el trabajo.
Byong Kim, quien se convirtió en director de datos e IA en el estudio legal Seyfarth Shaw el año pasado después de trabajar allí en el área de tecnología durante 13 años, sostuvo que cree que todos las firmas de abogados y todos los departamentos legales de empresas están buscando comprender cómo utilizar la IA de manera más efectiva en este momento.
«A largo plazo, creo que todavía estamos intentando descifrar cómo se desarrollará todo esto a medida que la tecnología mejore», apuntó el ejecutivo. «Aún es demasiado pronto para saber cuál es la respuesta definitiva, pero puedo decir que es un momento muy interesante para mí. Creo que nunca he estado tan ocupado».
Sarah Kessler
The New York Times