Por Raúl Soares Netto | raul@elpais.com.uy
Petrobras vino a Uruguay para quedarse. El gigante brasileño pateó el tablero energético y se huelen cambios a una historia de aciertos y errores. Por imperio de los hechos, Ancap quedó asociado, mientras UTE paga U$S 100.000 al mes por algo que no recibe.
El almanaque marcaba 21 de diciembre de 2002. No faltaba nadie en la chacra San José, ubicada a pocos kilómetros de la Plaza Libertad. Avanzado el mediodía, llegó la orden de inaugurar el Gasoducto Cruz del Sur tras 20 meses de obras en 200 kilómetros de caño a un costo de U$S 150 millones. Del otro lado, desde Emplame Olmos, la planta reconvertida de la empresa Metzen y Sena pasó a ser alimentada por el gas natural argentino.
Hoy, 36 meses más tarde, no hubo mayores cambios en la matriz energética. El consumo energético de gas natural está por debajo del 5%, pese al 25% de participación proyectado en la matriz energética uruguaya durante la inauguración del gasoducto. También quedaron por el camino las pronosticadas rebajas de tarifas residenciales desde un 9% hasta un 47,7% en Montevideo y Ciudad de la Costa de acuerdo con el informe técnico oportunamente elaborado por la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea). Lejos también quedaron los anuncios sobre 100.000 nuevos consumidores en Montevideo, los gasodomésticos y los vehículos a gas.
FALTA RUMBO. El panorama energético, que cala en los huesos del sector productivo, genera incertidumbres. Es un palo en la rueda del crecimiento, que no respeta ideologías ni gobiernos. En los círculos empresariales no sólo de Uruguay, también de la región, se habla de la falta de un rumbo estratégico, seguridad jurídica y, en definitiva, las inversiones en el sector energético brillan por su ausencia que, en el caso de Argentina, no existen desde el año 1999.
Una recorrida por las industrias revela la magnitud de la crisis energética. La emblemática Metzen y Sena alcanzó un récord de producción pero utiliza gas licuado de petróleo, que resulta hasta cuatro veces más caro que el gas natural y tiene un sobrecosto diario de U$S 12.000. La siderúrgica Gerdau Laisa tampoco escapó a los cortes del gas natural. "Analizamos la posibilidad del gas licuado de petróleo (propano) pero es carísimo. Así que trabajamos con el fuel-oil que cuesta el doble o el triple más que el gas natural. Es gravísimo y creemos que el problema seguirá en 2006", dijo a El País José Pedro Sintas, gerente de la empresa.
En Paysandú, el escenario tampoco mejora. La curtiembre Paycueros y la textil Paylanas regresaron a la leña. Mientras tanto, la papelera Ipusa se mantiene con el gas-oil que es mucho más costoso pero menos incierto.
SIN INVERSION. La realidad marca que no hay en la región reservas de gas natural suficientes como para asegurar el suministro a Uruguay, sobre todo, cuando no hay previstas inversiones en Argentina que mejoren el complejo panorama. El gasoducto Cruz del Sur, con capacidad para transportar 6 millones de metros cúbicos de gas natural por día, está a la espera de tiempos mejores.
A la hora de buscar y encontrar responsables todos los dardos están dirigidos hacia el otro lado del Río de la Plata. Los contratos están para cumplir. Sin embargo, Argentina en marzo de 2004 limitó el suministro de gas natural y con ello también cortó las posibilidades de desarrollo de la nueva matriz energética en Uruguay. Tampoco Chile escapó a la inestabilidad argentina.
UNA LUZ. El futuro desarrollo energético se presenta incierto ante las serias dificultades que existen para asegurar el suministro de gas. El emprendimiento del anillo energético sigue sin madurar. Por su parte, Ancap, en asociación con Petrobras, anunció que invertirá el próximo año U$S 6 millones para estudiar el potencial de las reservas de gas natural en el mar uruguayo. Las dos compañías petroleras firmaron un convenio de cooperación luego de que detectaran este año la posibilidad de que exista gas natural frente a las costas de Maldonado y Rocha.
Pero el capítulo Petrobras no se cierra en la fase de estudio en aguas uruguayas. En tierra ya controla las operaciones de Conecta en el interior, donde desembolsó U$S 5 millones por el 55% del paquete accionario, mientras el otro 45% está en manos de Ancap. También definió días atrás la adquisición en U$S 12 millones a el 51% de Gaseba, que cuenta con un portafolio de 45.000 clientes en Montevideo.
TIERRA DE GIGANTES. El presidente de la filial Uruguay de Petrobras, José Carlos Consenza, consideró que en Uruguay hay un enorme potencial para que crezca el consumo de gas natural, en sustitución de combustibles históricos como el gas licuado, el gas-oil y el fuel-oil. "En Brasil la participación del gas natural es de entre 4% y 6% pero se quiere que sea de 12% para 2012. Aquí es menos todavía, estando al lado de un país como Argentina donde el gas natural representa alrededor del 46%. Entonces yo veo un potencial importante", declaró el ejecutivo.
El nuevo jugador energético llega con una estrategia de franca expansión continental, en momentos que el monopolio de Ancap se encuentra cada vez más amenazado. "Petrobras es un jugador de primer nivel mundial, que no llega a Uruguay como una empresa testigo", afirmó a El Empresario, José Luis Pou, asesor de la Asociación de Grandes Consumidores de Energía. La presencia, los números y el porte de Petrobras dan para pensar: U$S 37.400 millones de ingresos operativos netos anuales, 16 refinerías y una flota de 120 buques.
La nueva brújula del gas
Alentada por el encuentro de las familias ideológicas, la realidad política gana cada vez más espacio respecto a la vida económica en la nutrida agenda de trabajo de la integración continental. Los presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez lanzaron en noviembre el ambicioso proyecto de construir un gasoducto de 12.000 kilómetros entre Argentina y Venezuela. Chávez declaró que proyecta crear "un nuevo eje en América del Sur, cuya espina dorsal sean Caracas, Buenos Aires y Brasilia". Mientras tanto, el sentido común no resiste el análisis global. Es que poco y nada se habla de las reservas de gas en Neuquén (Argentina) y tampoco de los miles de dólares diarios que paga la empresa UTE por la reserva de un caño que no trae gas.
Nada rueda sobre gas
Con bombos y platillos se anunciaron los vehículos a gas, a partir del 31 de marzo de 2004 de acuerdo con la reglamentación del gobierno. Los cálculos más pesimistas hablaban de 50 mil coches a gas en el primer año, y hasta dos firmas presentaron proyectos para instalar varias estaciones en Montevideo y el interior. Entre los más optimistas, las voces del presidente de la Cámara Uruguaya del Gas Natural Vehicular Comprimido, Nelson Zerbini.
En cambio, desde un inicio, los vendedores de nafta manifestaron la inviabilidad del emprendimiento por el manejo tributario similar del gas natural con el gas-oil. En su momento, Rafael Francolino, de la empresa GV Uruguay creada para la conversión de vehículos y el traslado de gas natural en camiones a las eventuales estaciones de servicio, aseguró que en Montevideo no están dadas las condiciones para que funcionen bocas de expendio. "El gas natural sirve pero no para ahora, porque por el momento hay muchas patas flojas. Un kilómetro de cañería troncal (las que llevarían el gas desde el gasoducto hasta las estaciones de servicio) cuesta unos U$S 120.000. A eso se suman U$S 500.000 en equipamiento y mano de obra de las estaciones. El costo de un gasoducto virtual, o sea llevar el combustible en camiones, es más bajo que los caños pero también impresionante. Y nadie dice cuánto va a costar el metro cúbico de gas natural comprimido", había adelantado Francolino con acierto a la luz de los hechos.
En el ámbito de los talleres se estima que la reconversión de un auto naftero a gas natural oscila entre U$S 800 a U$S 1.200, según las características del motor a nafta con carburador o a inyección. El sistema dual del vehículo permite que el mismo siga funcionando a nafta con sólo apretar un botón cuando se termine el gas. Las unidades a gas además deben estar habilitadas por la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea).
En Argentina hay 1.300.000 autos reconvertidos a gas natural. Es el país líder en pasaje a esta modalidad. El 86,32% son particulares, nuevos o convertidos por la suba del precio de la nafta. Hay 1.100 estaciones de servicio, la mitad en Buenos Aires y Gran Buenos Aires. En América Latina el GNC es utilizado en más de 340 ciudades, operan más de 1.800 estaciones y 1,3 millones de vehículos reconvertidos.