La abogada uruguaya que expandió su estudio al Caribe y plantea "golpear puertas" en el mundo para atraer inversiones

Virginia Cervieri, socia directora de Cervieri Monsuárez, analiza los cambios en la defensa de los derechos de marcas y agrega: "Uruguay se vende afuera, si no (las inversiones) no van a venir"

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Virginia Cervieri, socia directora de Cervieri Monsuárez.
LEO MAINE

Nació en Montevideo, tiene 53 años y es doctora en Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar). En 2008 cofundó junto a su socio y esposo, Pablo Monsuárez, el estudio uruguayo especializado en derecho comercial y propiedad intelectual con presencia en Bolivia, Paraguay y el Caribe y que actualmente emplea a 200 colaboradores. Es madre de dos hijos, hoy adolescentes. “Si tienen que salir, que lo hagan, pero me encantaría que pudieran hacer sus carreras y desarrollarse en Uruguay”, confiesa.

La abogada está convencida de que Uruguay tiene atributos que lo posicionan como un destino atractivo de negocios. Destaca la seguridad jurídica y la estabilidad política y macroeconómica, así como cualidades de su capital humano como la “garra charrúa”, su inteligencia y adaptabilidad.

Sin embargo, sostiene que, en su camino hacia el crecimiento, el país necesita salir a “golpear puertas” en el exterior de forma proactiva para atraer inversiones. También plantea eliminar trabas burocráticas para no perder terreno frente a otros países en la carrera por captar negocios.

Sobre estos temas y los cambios en la defensa de los derechos de las marcas conversó Cervieri con El Empresario. A continuación, el resumen de la charla.

-Tiene 30 años de experiencia en el sector propiedad intelectual. ¿Cuánto se ha complejizado la defensa de los derechos de las marcas en este tiempo?
-Siempre digo que empecé en otro país y en otra circunstancia, cuando todavía no había Internet y no existía el mundo online, por lo que ha cambiado bastante. La primera incautación de productos falsificados fue cuando Aduanas detuvo un contenedor que se pensaba que llevaba armas, pero eran cartuchos de Nintendo falsificados. Los originales venían con un juego y estos traían 100. Desde ese día hasta hoy la piratería, las infracciones marcarias y todo lo que tiene que ver con propiedad intelectual cambió.

-¿Las leyes se han actualizado a esa realidad dinámica?
-Las leyes siguen siendo las mismas: las de marcas, protección de los derechos de autor y patentes, entre otras. Lo que hemos hecho bien, y se maneja muy bien en Uruguay, es que la defensa se sigue realizando de la misma forma. Solo que, además de una aprehensión en el mercado formal o informal presencial, hoy tomamos una cantidad de medidas a nivel online y en redes sociales, ayudados a su vez por (herramientas) de inteligencia artificial (IA). Son nuevos desafíos y los operadores de derechos tenemos que adaptarnos con los recursos que tenemos.

-Hoy con la IA, que permite crear imágenes falsas, ¿cómo hace un estudio como el suyo para proteger a sus clientes?
-Yo soy una defensora total de todo lo que sirva para hacer el trabajo más eficiente. Para mí, la IA es una herramienta que bien utilizada es genial. Pero no solo la usamos los abogados para trabajar mejor, sino también el infractor o el que quiere aprovecharse. Dicho eso, la IA y todo este avance nos han servido mucho para detectar infracciones. Hoy el influencer que le llega a millones de personas muchas veces promociona infracciones. Por ejemplo, ahora están de moda los “dupes”, un duplicado de un perfume que es una falsificación. También hemos encontrado remates de mercadería falsificada que se promocionan (online) y eso sirve para la investigación.

-¿Cuáles son las principales causas por las cuales las marcas los contratan?
-Las marcas viven de la comercialización de sus productos o servicios, lo que genera trabajo y, a su vez, en nuestro país tienen sus licenciatarios y distribuidores autorizados que pagan para poder vender el producto legítimo. Entonces necesitan que todo lo que quede fuera del canal legítimo sea retirado para poder favorecer la cadena de comercio legal. Tenemos como clientes desde hace muchos años a marcas de toda la vida y también a otras más nuevas. Y uno tiene que ir actualizándose y trabajando con las autoridades. Es clave el trabajo público-privado; en los delitos marcarios siempre se necesita que el titular lo denuncie, porque por más que las autoridades constaten (la infracción) no pueden actuar de oficio.

-¿Cómo ve a la marca “Uruguay” como destino de negocios?
-Soy una embajadora del país porque paso la mayoría de mi tiempo afuera y uno tiene que salir a vender a Uruguay. Nuestro país es muy importante en materia de tránsito de mercaderías y muchos de los productos que ingresan a Latinoamérica lo hacen por el puerto de Montevideo. Por eso, mostrar que Uruguay hace las cosas bien, que la Aduana tiene facultades para retener mercadería en tránsito y que además existe una Justicia que acompaña y que, cuando tiene que condenar, lo hace, es muy bueno. Eso es lo que se ve de Uruguay y es la realidad. Cuando alguien llega a un país (a invertir), lo que busca es la estabilidad política -y Uruguay la tiene porque el cambio de un partido a otro en el gobierno no ha afectado al país-, seguridad económica -que también tenemos-, pero, para mí, lo más importante siempre es la seguridad jurídica. Si tengo una empresa con empleados y desarrollo un negocio, lo que más quiero saber es: si voy a la Justicia, ¿me van a cambiar las leyes? No, no te las cambian. Y si voy a un juicio y hago las cosas bien, ¿gano? Sí, ganás. Ese es un valor del que podemos estar orgullosos. Lo digo desde mi experiencia, porque interactuamos todo el tiempo con la Justicia. Realmente la independencia de poderes y tener magistrados y jueces que hacen las cosas bien en propiedad intelectual son fortalezas.

-Pero, ¿alcanza con la certeza jurídica para atraer inversiones?
-No, no alcanza. Uruguay es un país de 3 millones de habitantes y necesitamos que los inversores vengan y no se vayan, porque por escala apuntan a Brasil o Argentina. Entonces, ¿por qué venir a Uruguay? Tenemos un régimen de zonas francas que es maravilloso y funciona, pero en algunas cosas estamos altos de costos. Somos un país caro. Hoy tener empleados, con los aportes y demás cargas sociales, es muchas veces un freno. Y cuando en otros países sacan esos frenos, reciben una corrida (de inversiones). Justamente vengo ahora de Paraguay, donde tenemos oficina, y allá tienen el régimen de maquila, que es fantástico. Entonces quizás una empresa, en vez de venir a producir a Uruguay, lo haga en Paraguay. Por eso tenemos que mirar más ese tipo de cosas. Uruguay se vende afuera; hay que golpear puertas, viajar y ser proactivo, porque si no (las inversiones) no van a venir. También tenemos que aggiornarnos y cambiar algunas leyes y flexibilizar el tema impositivo. Tenemos que hacer algo equitativo para que sigan viniendo (las inversiones). Necesitamos que las empresas vengan a Uruguay.

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Virginia Cervieri, socia directora de Cervieri Monsuárez.
LEO MAINE

-Somos un país de escala pequeña. ¿Cómo nos podemos diferenciar en la región?
-Lo primero es la alfabetización. Uruguay siempre fue reconocido por la educación, que es clave. La educación pública tiene que ser buena. Una persona instruida vota bien, no se deja ganar en sus derechos y produce. Tenemos que hacer que esa gente se quede en Uruguay. También hay que apostar a la innovación. Por ejemplo, Uruguay es un creador de software impresionante y eso tenemos que mantenerlo y mostrarlo. Además, tenemos valores maravillosos. La “garra charrúa”, yendo al fútbol, es real. Tenemos una forma de trabajar eficiente, somos inteligentes y nos rebuscamos; con lo que tenemos hacemos maravillas.

-¿Qué nos falta entonces?
-Nos falta el inglés; en otros países la segunda lengua está mucho más arraigada. También tenemos que ir más rápido, evitar burocracias y trabas, porque si los vecinos sacan las suyas, nos ganan.

-¿Cómo se puede revertir la fuga de talentos del país?
-Si llegan inversiones y tenemos trabajo acá, el profesional uruguayo no tiene por qué irse. Tenemos que poder acceder a vivienda y a crear empresas sin tanta traba. A veces se escucha decir: “Prefiero trabajar para alguien que armar mi empresa, porque emprender es muy caro y siempre está todo el tema laboral”. Tenemos que flexibilizar, hacer una mirada interna y preguntarnos qué necesita el empresario para que su empresa crezca y genere más trabajo.

-¿Es optimista respecto al futuro de Uruguay?
-Sí, porque siempre soy optimista. Creo que es la única forma de triunfar, no solo en Uruguay, sino en el mundo. Tengo 53 años y empecé con un estudio de cuatro personas; hoy somos 200. Comencé con una oficina y hoy tenemos siete u ocho, además de estar en el Caribe, Paraguay y Bolivia. Todo eso se hace con trabajo y optimismo, viendo en cada problema una oportunidad. Sé que no es fácil, pero cuando estamos en la tormenta hay que encontrar alguna forma de capitalizar (las dificultades). Entonces, creo que tenemos que ser optimistas. Soy marca país 100%. Tengo el privilegio de poder viajar y volver siempre a Uruguay y, para mí, es un país maravilloso.

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