Ingenio cumple 25 años con 120 startups activas que generan 2.100 empleos y facturan US$ 145 millones

Rosana Fernández, directora de la incubadora que es parte del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), destacó el impacto social de los emprendedores uruguayos y adelantó cómo se transfomará el organismo

Rosana Fernández. Directora de la incubadora Ingenio.
Rosana Fernández. Directora de la incubadora Ingenio.
Foto: Darwin Borrelli

La incubadora de startup Ingenio, que integra el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) cumple 25 años y proyecta ampliar su alcance de impacto. Al frente de la misma está Rosana Fernández, que se sumó como directora en 2019 en lugar de Rafael García, tras unos años en el Centro de Innovación y Emprendimientos (CIE) de Universidad ORT.
Fernández nació en Montevideo, tiene 51 años, es licenciada en Administración de Empresas por Universidad ORT y realizó un MBA en Barcelona, donde vivió 11 años.

En 2012 regresó a Uruguay y, tras una carrera en el sector corporativo -que incluye un paso por Montevideo Refrescos-, ingresó al ámbito emprendedor en el CIE.
Destacó que la incubadora atraviesa cambios ante un mundo más globalizado y desafiado por la inteligencia artificial, y destacó que ecosistema emprendedor local que «maduró y está más preparado que antes». Disfruta estar con familia y amigos, leer, ir al teatro y hacer trail running.

—En 2012 llegó al Centro de Innovación y Emprendimiento (CIE) de Universidad ORT y pasó del sector corporativo al emprendedor. ¿Por qué?
— Fue algo que se dio a mi regreso de España. Pero lo más importante es por qué permanezco en este sector. Y es por el ánimo, la actitud, el espíritu, los propósitos que muestran los emprendedores. Los mueven ideales y propósitos que contagian, y es súper reconfortante y satisfactorio acompañar esa actitud. Logran romper barreras, sobrepasar situaciones o desafíos complejos que, si se ven desde otras perspectivas, parece que es imposible. Por ejemplo, PedidosYa: antes de que apareciera, nadie pensaba en romper con la cultura de los bares de pedir comida por teléfono. Me encanta acompañar y apuntalar la innovación, el cambio, la mejora y, de alguna forma, quiero aportar a ese propósito de cambiar lo establecido e innovar. Ojo, emprender no es fácil. Lo comparo con salir a correr largas distancias: puede hacerlo cualquiera, pero hay que estar dispuesto a (asumir) desafíos como comer sano, descansar e irte antes de muchos lugares o no ir y dedicar muchas horas al entrenamiento.

—Venía del ámbito empresarial y luego del CIE. ¿Qué impronta le ha dado a Ingenio?
La de revisar procesos, las áreas de acompañamiento y adaptarnos a lo que el mercado y la industria van pidiendo. Eso tiene que ver con las nuevas tecnologías que surgen como la inteligencia artificial (IA) y electrónica, siempre acompañando los ejes estratégicos de interés para el país.

Rosana Fernández. Está al frente de Ingenio, que forma parte del LATU, desde 2019.
Rosana Fernández. Está al frente de Ingenio, que forma parte del LATU, desde 2019.
Foto: Darwin Borrelli

—¿Cómo se refleja esto?
—Ingenio es una incubadora multipropósito y a la hora de seleccionar los proyectos, lo que tenemos en cuenta es la etapa del emprendimiento, el componente de innovación, la base tecnológica y si hay oportunidad de mercado. Pero, al ser parte del LATU, hay áreas a las que le ponemos más foco. Por ejemplo, desde hace 7 años ponemos énfasis en electrónica, porque el país entiende que allí hay una oportunidad. También en robótica e IA. Esto lo cruzamos con sectores como agro, alimentos, salud, fintech y energía. La propia evolución del mercado va marcando el camino. Algo que cambió mucho es que aparecen más proyectos de producto tecnológico que de servicios de software. Ya no hay (tanto) software factory. También hay oportunidades en movilidad.

—Asumió como directora de Ingenio a fines de 2019. ¿Cómo evolucionó la incubadora desde entonces?
—Mis dos primeros años fueron de pandemia, de revisar cómo trabajar en virtualidad, algo que fue fácil por la naturaleza de este proyecto y de nuestros clientes. El gran reto ahora es adecuarnos a la inteligencia artificial, que desafía procesos y cómo trabajar.

Apuntes de carrera

2001
Nació Ingenio y se transformó en la primera incubadora de startups en Uruguay, uno de los pilares del ecosistema nacional de innovación y emprendimiento.

2012
Ingresó al CIE de Universidad ORT, lo que le permitió vincularse al ecosistema emprendedor tecnológico y complementar su perfil profesional con este sector.

2019
Se incorporó a Ingenio y pasó a trabajar en un ecosistema (LATU-Latitud-Ingenio) con reconocimiento e impacto a nivel nacional y regional.

2026
Ingenio se suma a Fundación Latitud, que revisa el plan estratégico de la incubadora para el período 2026-2035 y reevalúa su alcance y planes de acción.

—¿Cómo ve al emprendedor en comparación con el que encontró cuando ingresó a Ingenio?
—El gran cambio es que ahora tiene más perspectiva de negocio y una visión más global; se anima a competir a nivel internacional, y esto para Uruguay es muy importante. En este tipo de empresas, donde priman el conocimiento y el talento, el país se ha posicionado muy bien y tiene muchas oportunidades en el mundo. Y esto, el emprendedor lo va viendo apoyado en los casos de éxito de Uruguay.

—¿El ecosistema acompaña estos cambios?
—El ecosistema, en ocasiones marca el camino y en otras es seguidor de las demandas que surgen de los mercados e industrias. Tal vez, a nivel de regulación, es el emprendedor marca la cancha y el ecosistema con la regulación va atrás. Pero en la promoción de disciplinas, el ecosistema sí ha hecho mucho, por ejemplo, impulsar temas sectoriales. También se avanzó mucho en financiación. Cuando llegué en 2012, era muy poca la inversión privada; no existía Urucap (Asociación Uruguaya de Capital Privado) ni el volumen de inversores ángeles de ahora. Hoy hay más alternativas y cultura de inversión por el derrame que han hecho otros emprendimientos referentes como dLocal, PedidosYa, Prometeo y Marvik, entre otros.

Rosana Fernández. La directora de Ingenio destacó que en estos 25 años, se incubaron 250 emprendimientos.
Rosana Fernández. La directora de Ingenio destacó que en estos 25 años, se incubaron 250 emprendimientos.
Foto. Gentileza Darwin Borrelli

—¿Dónde todavía falta evolucionar más?
—En regulación y en el rol de la empresa privada, del sector corporativo, dentro del desarrollo del ecosistema. Es algo que estamos viendo en nuestra redefinición estratégica. Queremos que exista más intercambio entre el sector productivo tradicional y el mundo de la tecnología, la innovación, la robótica, la electrónica, la IA. Si vemos los ecosistemas más maduros, el sector privado tiene un rol muy preponderante, diría que probablemente es el que marca la agenda en muchos casos. Creo que hay un camino muy interesante y con mucho espacio de oportunidades ahí. También hay que promover el desarrollo de capacidades blands desde el sistema de educación formal que hacen al éxito de los emprendimientos: educación financiera, análisis de problemas, definición de oportunidades, presentaciones en público, habilidades de comunicación, gestión de personas y equipos. Además, una gran proporción de emprendimientos viene de las universidades privadas; creo que la Udelar (Universidad de la República) tiene una oportunidad gigante para formar, ya no solo en la parte técnica, sino también en el desarrollo de esas otras capacidades que son complementarias. También existe una gran oportunidad en innovación abierta a nivel de empresas privadas y públicas.

—¿Dónde se podría mejorar en regulación y en inversión?
—Falta marco regulatorio, pero salió la ley de sandbox (N.d.R.: un entorno controlado), que le va a hacer muy bien a Uruguay para probar cosas nuevas, porque eso genera más innovación. También generar acceso más ágil a certificaciones, habilitaciones o insumos clave que se requieren o se intercambian con el exterior, entre otros, y beneficios fiscales o tributarios para las startusp o privados quienes invierten en ellas generando fuentes de financiación alternativas. En inversión, si bien hubo una mejora en los tickets promedio son de (etapa) semilla: US$ 200.000, US$ 300.000 y US$ 500.000. Faltan tickets más grandes. De todos modos, no me parece mal que el emprendedor salga a buscarlos afuera porque esos fondos llegan con prácticas internacionales.

—En estos 25 años, ¿cuántas empresas se han incubado?
—Unas 250 empresas, de las cuales 120 siguen operativas. Es un muy buen ratio si lo comparamos con el mundo emprendedor, donde solo sobrevive una de cada 10. Además, estas empresas aportan valor diferencial porque compiten a nivel internacional. Estas 120 empresas generan cerca de 2.100 puestos de trabajo, con el plus de que son empleos de calidad y con buenos sueldos que se derraman en la sociedad. Otro detalle es que, de estas personas, cerca de 400 son fundadores, de los cuales unas 70 son mujeres. Allí se ve el valor de este tipo de organizaciones y el porqué seguir apuntalando el ecosistema emprendedor. Esa es un poco la razón por la que el LATU está comprometido con esto: hay que trabajar y dar más herramientas para que las personas puedan emprender, porque el valor del ecosistema está ahí, en el impacto económico pero sobre todo social. Y estos son solo los números de Ingenio; si le sumamos los de todo el ecosistema, escala aún más. Creemos que el éxito se debe a que tenemos una serie de métodos, infraestructura y requisitos como que al menos uno de los emprendedores tenga dedicación full time, algo crítico para que el emprendimiento tenga una chance mínima de éxito.

Rosana Fernández. Hizo énfasis en la maduración del ecosistema emprendedor en estos años.
Rosana Fernández. Hizo énfasis en la maduración del ecosistema emprendedor en estos años.
Foto: Darwin Borrelli

—¿Cuál es el impacto económico de estas empresas?
—Según nuestras estimaciones, porque no hay datos oficiales, las 120 empresas pueden llegar a generar US$ 145 millones por año de facturación. Está claro que esto no lo generó solo Ingenio, sino que participaron varios actores, como ANII ( Agencia Nacional de Investigación e Innovación), inversores y medios de comunicación. Si no se cuentan los éxitos de los emprendedores, no aparecen inversores, el gobierno no acciona ciertas regulaciones y la población no se entera. Agrego otro dato interesante, y es que la mayoría de estos ingresos proviene del exterior. Por eso hay que seguir apoyando (al ecosistema), por el impacto positivo que estos emprendedores generan.

—El ecosistema ha evolucionado con los años. ¿Qué le recomienda a quien quiere emprender hoy un proyecto?
—Hay algunas que siguen siendo básicas como identificar un problema, apoyarse en una tecnología innovadora y estar en un mercado o una industria con potencial. Además de esto, en la actualidad (un emprendimiento) debe integrar inteligencia artificial porque condiciona todo: la parte técnica del producto, los procesos, el rol de los colaboradores y el de los emprendedores. Por último, hay que impulsar habilidades blandas como saber vender, pararse ante un cliente o inversor y comunicar bien el proyecto para convencer a alguien de financiarlo para escalarlo, porque un inversor escucha emprendedores todo el tiempo y hay que saber diferenciarse. En Ingenio formamos en áreas básicos: legal, financiera, modelo de negocios y ventas y comunicación.

«Pondremos énfasis en innovación para sector productivo»

—Están en una etapa de repensar Ingenio para los próximos años. ¿Qué se viene?
—Desde enero somos parte de Latitud, la fundación del LATU orientada a la planificación y ejecución de proyectos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), y nos acerca más al sector productivo donde pondremos énfasis en una estrategia de innovación. También trabajaremos en ejes de interés de Uruguay como energía, alimentación, biotecnología y agro, entre otros y daremos acceso a recursos e infraestructuras diferenciales (laboratorios, plantas piloto, especialistas) y el intercambio con organizaciones, instituciones o empresas que trabajan con LATU-Latitud, para facilitar validaciones tecnológicas y acceso a la demanda real. Por último, potenciaremos la internacionalización a través de alianzas. Ya tenemos programas en Estados Unidos, este año estuvimos en Estonia en el programa e-Residency y comenzamos a vincularnos con Porto Alegre a través de SATC (en Criciúma). Además, firmamos un convenio de colaboración con una organización en Shanghai que tiene una incubadora-aceleradora, el primero en el sector asiático y tiene que ver con robótica.

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