INFORME

Estudios de abogados cambian su forma de trabajar, remunerar y cobrar sus servicios

Inciden tecnologías que hacen parte del trabajo, surgimiento de «Uber legales», exigencia del cliente de mayor eficiencia, necesidad de sumar otras disciplinas y la ambición de jóvenes profesionales.

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Si se habla de abogados, la primera imagen que surge seguramente es la de profesionales de traje y corbata, un poco rígidos, sentados ante un escritorio de roble y una biblioteca llena de libros. Pero eso está cambiando, porque hasta a un sector tan tradicional le llegó la hora de reconocer que los clientes exigen abogados flexibles, que se acerquen a sus negocios y que cobren montos más accesibles.

También los abogados jóvenes que se integran a los estudios jurídicos demandan cambios al valorar otro tipo de gobierno corporativo que los reconozca más en el corto plazo.

Otro de los grandes cambios es que las complejas realidades del mundo de hoy requieren una mayor participación de otras disciplinas para el abordaje de casos (ya existen en Europa firmas de asesoramiento legal que no son dirigidas por abogados, sino por ingenieros, u otros profesionales).

Abogados
Clientes. Exigen abogados flexibles, que se acerquen a sus negocios y que cobren montos más accesibles.

A todo esto se suma que los nuevos programas de inteligencia artificial realizan muchos trabajos legales (legal-tech), lo que ha obligado a los abogados a redefinir sus funciones.

El mundo está cambiando a ritmo acelerado y los estudios que no se actualicen en sus estructuras y servicios quedarán por el camino. Esta tendencia llegó a Uruguay, dijeron varios referentes locales consultados por El Empresario.

A su vez, en los últimos años han surgido empresas de asesoramiento legal digital, de estructuras más livianas, con abogados que atienden desde distintas partes del mundo en forma online y cobran por proyecto, con alta calidad y tarifas bajas. Son las llamadas «Uber legales», que compiten con los bufetes tradicionales de estructuras pesadas y altos costos.

«Existen clientes desatendidos en la crisis mundial por el COVID-19 y las sociedades están más digitalizadas. Este es el mejor momento para que los abogados se actualicen, se reconviertan y acompañen las tendencias», dijo a El Empresario Julio Mendo, fundador y socio de Mendo.es, una empresa de asesoramiento legal totalmente digital, con sede en España. Esta firma ofrece contratos y otros documentos legales online a disposición de los clientes, quienes no tienen que salir de sus casas para comprar inmuebles, alquilar, adquirir un negocio o demandar a un tercero; todo lo realizan desde sus computadoras.

Inteligencia artificial

Fernando Jiménez de Aréchaga, socio de Dentons Jiménez de Aréchaga, explicó: «Vimos que era necesario actualizarnos y apuntar más alto, por eso nos combinamos con Dentons en septiembre de 2019. Antes, trabajábamos mucho por ensayo y error, pero Dentons cuenta con las mejores prácticas mundiales e innovaciones ya probadas en el área jurídica. Ahora tenemos acceso a más de 10.000 abogados y técnicos de todas las especialidades. Si bien éramos muy reconocidos como firma nacional, ahora pasamos a la categoría A mundial».

Mariela Ruanova, también socia de esa firma, explicó que pasaron a integrar un hub de innovación legal, como lo es Dentons, y que la meta es transformar la práctica legal. Actualmente recurren a herramientas de inteligencia artificial, como software para revisión automática de contratos, sistemas avanzados de gestión de riesgo y relevamiento de datos en cualquier jurisdicción que arrojan resultados en segundos, actualización de documentos en tiempo real, predictibidad de dictámenes, entre otras. «Las apps nacen de desarrollos de Dentons con distintas startups en el mundo y hacemos uso de ellas», explicó Ruanova.

«Quiero mis beneficios ahora»

Esta frase la suelen decir los jóvenes profesionales que critican los sistemas de remuneración prevalentes en los estudios de abogados, donde los socios fundadores deciden cuánto ganan los demás y los montos van subiendo a medida que se avanza en el escalafón y se llega a socio. Dicho sistema fue pensado para profesionales que pasaban toda su vida laboral en un mismo estudio. Sin embargo, los jóvenes abogados de hoy quieren recibir buenos dividendos de entrada, sin tener que esperar, y reclaman equidad. Ante la disconformidad, se han dado egresos de grupos de abogados jóvenes—por ejemplo, en Argentina—, quienes han montado sus propias firmas.

Especialización

Un cambio fundamental de la práctica legal ha sido que, además de las especializaciones típicas de la profesión (como derecho laboral, corporativo, civil, comercial, etcétera), los abogados se especializan cada vez más en áreas de actividad económica, como ser: área petrolera, energética, tecnológica, medio ambiente y demás.

«El cliente ya no quiere que el abogado resuelva sus problemas, sino que los prevenga y se involucre más con su empresa, que sea un eslabón en su cadena de negocio, que sea más cercano, que asesore más en diversos aspectos», explicó Agustín Mayer, socio principal de Ferrere Abogados, una firma de más de 100 abogados que recurre con frecuencia a profesionales de otras disciplinas para desarrollar sus prácticas. «Tuvimos en el staff a un lingüista que nos ayudaba a entender los casos desde otros ángulos», mencionó a modo de ejemplo.

Asimismo, han crecido las consultas en áreas bastante nuevas en las que los abogados pueden trabajar, como la seguridad de datos, el e-commerce y las producciones audiovisuales.

Diego Gamarra, socio de Posadas, Posadas & Vecino, consideró que los bufetes con mayor chance de éxito serán aquellos que cuenten con alta especialización (lo que no genera masa crítica que se pueda procesar con algoritmos) y que aporten valor agregado a los clientes más allá de los trabajos automatizados que ya existen en el sector.

Nicolás Piaggio, socio de Guyer & Regules, consideró que el futuro de los abogados pasa por el asesoramiento integral. Para ello firmaron una alianza con Grant Thornton y continuarán en esa línea. 

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Cliente rechaza factura por horas
Lo más habitual en los estudios es que se facture por horas invertidas en cada caso, pero este sistema es cuestionado dado que el cliente puede terminar pagando ineficiencias. Es decir, cuanto más ineficiente, más horas trabaja el abogado y más cobra. De un tiempo a esta parte, los clientes exigen pagar por soluciones, no por horas. Esto ha llevado a que las firmas manejen otras alternativas acordadas con el cliente, por ejemplo: cobros por trabajo o proyecto realizado, por horas invertidas pero con montos máximos, sistemas mixtos de tarifas fijas y costos, tarifas bonificadas, estimados que se van ajustando dentro de parámetros predefinidos, riesgos compartidos, etcétera. Desde que comenzó la pandemia, los clientes, con presupuestos acotados, exigen más definición en los cálculos, salvaguardas y el compromiso a priori del abogado de no excederse.
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