De liderar Globant en EE.UU. a crear una startup para personas cansadas de las apps de citas

Axel Abulafia investigó el mercado global con ChatGPT y lanzó Velo, un servicio de matchmaking confidencial que reemplaza el swipe tradicional por la curación personal de perfiles.

Cita romántica.
Cita romántica.
Foto: Unsplash.

Después de casi dos décadas en el mundo corporativo, con una carrera que incluyó el desarrollo de la operación de Globant en Estados Unidos y experiencia como inversor ángel en startups, Axel Abulafia decidió volver a emprender. Pero esta vez eligió un mercado que, hasta hace algunos meses, no figuraba entre sus planes: el de las relaciones de pareja.

Este año lanzó Velo, una startup de matchmaking que busca ofrecer una alternativa a las aplicaciones de citas. La propuesta combina tecnología e inteligencia artificial pero, en lugar de mostrarle al usuario un catálogo de perfiles para que haga swipe, una matchmaker conoce a las personas, analiza sus preferencias y las conecta cuando considera que existe una compatibilidad.

En las primeras siete semanas, más de 160 personas se registraron en la red y cinco clientes pagaron por el servicio. La compañía comenzó en Argentina, donde Abulafia quiere probar y ajustar el modelo durante seis meses, antes de llevarlo a otras ciudades.

La idea nació casi de casualidad. A comienzos de este año, Durante un encuentro familiar en España y Turquía, dos primas le plantearon, por separado, un problema similar: estaban solteras, habían probado aplicaciones de citas y estaban cansadas de la experiencia.

Le contaron sus frustraciones: perfiles que no coincidían con la realidad y mucho tiempo invertido en encuentros que no llevaban a ningún lado.

«Agarré la computadora y le pedí a Gemini, ChatGPT y Claude que me hicieran una investigación profunda del mercado de citas y matchmaking a nivel mundial», señala Abulafia.

El análisis le mostró un mercado desarrollado de servicios de matchmaking boutique en Estados Unidos y Europa, con modelos similares a los headhunters: una persona paga para que un especialista realice una búsqueda personalizada. La siguiente pregunta fue qué ocurría en América Latina. Hizo una suerte de mystery shopper y encontró una oferta todavía poco desarrollada. Después armó una encuesta que respondieron más de 700 personas y encontró que las quejas de los usuarios locales eran similares a las de Estados Unidos y Europa: mientras en ese país el 75% de los encuestados decía estar cansado de las aplicaciones de citas ☼-según datos de mercado que recopiló-, en su relevamiento en Argentina esa proporción fue del 58%. Allí encontró la oportunidad.

Red, no una aplicación

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Axel Abulafia, fundador de Velo.

El modelo tiene dos puertas de entrada. Una es gratuita y permite formar parte de la red. La persona completa un formulario con información, redes sociales, preferencias y los llamados dealbreakers, aquellas características que considera no negociables en una eventual pareja. Después interviene una matchmaker, que entrevista al candidato y realiza una curación de los perfiles.

La confidencialidad es uno de los pilares del modelo. Los integrantes de la red no pueden ver quiénes son los demás participantes. Solo aparecen cuando existe un posible match. «Vos sos parte de la red, pero no sabés quién está. Nosotros te vamos a conectar con la persona que conocemos y que consideramos adecuada», explica Abulafia.

La segunda puerta de entrada es el servicio pago. El plan inicial contempla hasta cuatro presentaciones durante seis meses y comienza con dos entrevistas en profundidad al cliente para conocer sus valores, experiencias y qué busca en una relación.

La tecnología interviene detrás de escena. Velo desarrolla modelos que ayudan a identificar potenciales coincidencias, pero la decisión final queda en manos de la matchmaker.

Si ambos aceptan, la matchmaker organiza el primer encuentro y luego le da seguimiento: les pregunta cómo fue la experiencia y acompaña a las dos personas en la primera etapa.

El servicio también incorpora una instancia de coaching. Si durante el proceso detectan aspectos que podrían ayudar al cliente a presentarse mejor -desde la manera de vestirse hasta determinados comportamientos-, pueden trabajar sobre ellos.

De Globant al emprendimiento

Abulafia comenzó a emprender a los 24 años. Su primera compañía, Ecorp, ofrecía servicios de correo electrónico. Después la vendió y pasó a trabajar en empresas de software. En 2007, se incorporó a Globant; su primera misión fue desarrollar la operación en Estados Unidos. El primer contrato que logró fue con Google. Hace ocho años comenzó, además, a invertir en startups. Esa experiencia lo preparó para su nuevo emprendimiento. «Me gusta mucho el emprendedurismo, generar trabajo y hacer algo que tenga un propósito que trascienda», dice.

Laura Ponasso
La Nación / GDA

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