Cortes de US$ 1.000, medicación antienvejecimiento y más: la industria del bienestar canino vive un boom

Dueños de mascotas extienden sus creencias y prácticas de salud a sus animales. Los precios de los servicios para perros se disparan dentro de un sector que proyecta movilizar US$ 19.500 millones este año

peluquería canina
Peluquería canina.

Ser un dueño responsable de una mascota implica más que mantenerla sana y feliz. Las visitas regulares al aseo suelen formar parte de ello.

Sam Cheow, que vive en Nueva York con cuatro terriers de Norwich a los que llama sus hijos, gasta casi US$ 11.000 al año en acicalarlos y otros US$ 3.000 en «trabajos especializados» como recortes sanitarios.

Según Cheow, sus perros requieren una técnica de peluquería llamada deslanado manual, y no hay muchos peluqueros caninos en la ciudad que la realicen. Dice que el cuidado de sus perros es un gasto que vale la pena y que es esencial para mantenerlos sanos y alargarles la vida.

Cuando The New York Times entrevistó a casi 50 dueños de mascotas para este artículo, descubrimos que muchos compartían opiniones similares. La percepción de que el cuidado de las mascotas es esencial para su bienestar ha transformado el sector, pasando de ofrecer servicios de higiene a un enfoque personalizado centrado en la salud y el cuidado integral. El floreciente sector del bienestar humano también está extendiendo las creencias y prácticas de salud de las personas a sus mascotas.

Puede que los perros no se sometan a baños de agua fría ni lleven anillos biométricos, pero no es raro que se les administre medicación con péptidos antienvejecimiento o que reciban una sesión de aseo que incluya una mascarilla de arándanos alrededor de los ojos para ayudar a aclarar su pelaje.

«Al igual que el bienestar humano, el cuidado de las mascotas se ha orientado hacia la prevención, la rutina y la salud emocional en lugar de la atención ante crisis», explicó Cheow.

Los precios de los servicios de peluquería canina dependen de diversos factores, como la experiencia del peluquero, el tiempo que se tarda en acicalar al perro y cualquier requisito específico para determinadas razas.

Y a medida que más estadounidenses se sienten solos y aislados, y dependen de sus mascotas para obtener apoyo emocional, también es más probable que las consideren miembros de la familia, y que estén dispuestos a gastar más en ellas.

Las empresas y los inversores están prestando atención, y se espera que la industria del cuidado de mascotas alcance los US$ 19.500 millones este año y los US$ 46.700 millones en 2036, según un informe publicado en febrero por Future Market Insights, una consultora y empresa de investigación de mercado.

Precios en alza

Mujer le hace un corte a un perro.jpg
Mujer le hace un corte a un perro.

Jane Lauder, heredera de Estée Lauder Cos., se unió a la industria del bienestar de las mascotas el año pasado cuando creó un fondo de capital riesgo, TAW Ventures, que lleva el nombre de su pequeño goldendoodle, Thaddeus Alistair Warsh.

«Cuando dejé mi trabajo a tiempo completo en Estée Lauder, decidí seguir mi pasión por elevar el nivel en la industria de las mascotas y centrarme en la salud, el bienestar y la longevidad de los animales», afirmó. El objetivo, añadió, es «encontrar la manera de generar la confianza y la transparencia para las mascotas que esperamos en nuestro propio mundo de belleza, salud y bienestar».

A medida que el sector siga evolucionando, se prevé que los precios aumenten en las peluquerías caninas, los servicios móviles de peluquería para mascotas y las clínicas veterinarias que ofrecen peluquería.

Ruth Zaplin, residente de Washington D.C., gasta entre US$ 500 y US$ 700 al mes en el aseo de su caniche de un año, Jasper. «Sus cortes de pelo cuestan más que los míos», comentó.

Zaplin lo lleva al salón de belleza Chichie’s Grooming Spa, al que ella llama «la peluquería de lujo de Washington D.C.».

La última cita duró 10 horas y le costó US$ 1.000.

Rebusques de dueños para consentir a sus mascotas

No todos pueden permitirse abonar precios tan elevados para atender a sus mascotas. Algunos dueños están aprendiendo a acicalar a sus perros ellos mismos o a realizarles el mantenimiento básico entre las visitas al peluquero.

Paul Londraville, de Greensboro, Carolina del Norte, adoptó a Oliver, un cocker spaniel, unos años después de jubilarse. También adquirió una máquina de cortar pelo eléctrica que se acopla a una aspiradora.

«Este perro es asombroso la cantidad de pelo que produce», dijo. «Si tuviera que pagar por el aseo, tendría que vivir debajo de un puente», bromeó.

Otros dueños están reduciendo sus visitas al salón de belleza, posponiendo las citas para el cabello y las uñas o renunciando a pequeños caprichos para solventar los servicios para sus mascotas. «Antes me laminaba las cejas», dijo Michelle Marques, quien vive en Nueva York con Baldwin, su lagotto romagnolo, una raza poco común criada tradicionalmente para la búsqueda de trufas. «He tenido que sacrificar parte de mi propio cuidado personal para cuidar de él», admitió.

Nuevos trucos

En noviembre, cuando una de las reporteras de este artículo, Vivian, envió un mensaje de texto a su peluquero canino pidiéndole programar una cita para su terrier Norwich de 2 años, Porcini, recibió una respuesta inesperada.

«Lo siento, no puedo atender a Porcini», respondió el peluquero por mensaje de texto. Explicó que habían pasado seis meses desde la última vez que Porcini había recibido un arreglo profesional y que esperaba que ella lo llevara con más frecuencia. Aunque nunca lo había dicho explícitamente, en la práctica despidió a Vivian, quien era dueña de una mascota por primera vez, y a Porcini como clientes.

Los peluqueros caninos insisten en que no están cobrando de más: las herramientas de alta calidad son caras, aclaró Monique Langlois, cuyo negocio de peluquería canina, Bone Appetit, en Kalamazoo, Michigan, lleva abierto casi 20 años.

«No estamos tratando de cobrar algo irrazonable porque tenemos equipos muy especializados», aseguró.

Los peluqueros caninos afirman que el costo de todo ha aumentado, desde las facturas de agua y electricidad hasta el acero para la bañera y el seguro de compensación laboral.

Algunos profesionales dicen estar dispuestos a adaptarse al presupuesto de sus clientes. Langlois propone que estos sean sinceros sobre lo que pueden pagar.

«Durante la crisis inmobiliaria de 2009 -recordó- hubo gente que me dijo: ‘Mi marido perdió su trabajo. No quiero deshacerme del perro, pero necesito saber qué debo hacer para poder venir solo cada tres meses’».

El deber de educar al cliente

Saber cómo acicalar a su propio perro fue lo que hizo Kate McDermott, residente de Port Angeles, Washington, cuando adoptó a su perro mestizo Mr. B. «Me dijeron que me costaría entre US$ 90 y US$ 150 cada vez que fuera. Eso es inalcanzable para mí», comentó.

McDermott aprendió a arreglar a Mr. B, pero aún lo lleva a la peluquería para que le hagan cortes higiénicos. En esas sesiones, la peluquera le señala a McDermott las zonas de Mr. B que debería cuidar más al acicalarlo. ¿A cambio? McDermott le prepara pasteles, galletas y guisos a la peluquera en lugar de dinero.

Educar a los dueños de perros sobre las necesidades de sus mascotas es parte de la responsabilidad del peluquero canino, especialmente si se trata del primer perro de la persona, afirmó Lucia Manosalvas, propietaria de JC Paws en Jersey City, Nueva Jersey. «Creo que es nuestro deber como peluqueros caninos», sostuvo la profesional.

Manosalvas ha capacitado a unas 15 personas; una de ellas fue Vivian, la coautora de este artículo.

En diciembre, ella pagó US$ 500 por un curso de cinco horas con Manosalvas para aprender la técnica de deslanado manual. Desde entonces, ha acicalado a Porcini dos veces, y sin pagar US$ 350, sin contar la propina. Puede que su perro no luzca tan bien como antes, pero no parece importarle.

Vivian Giang y Sophia June

The New York Times

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar