Melina Scioli habla de basura, pero no piensa en bolsas ni contenedores: piensa en materiales, circuitos, piezas y objetos que aún tienen vida útil pero que, por falta de sistemas adecuados, terminan en un tacho. Esa mirada fue el punto de partida para un proyecto singular de economía circular que ya cumplió una década: el Club de Reparadores.
«Me formé en Artes Visuales y comencé a trabajar en proyectos vinculados al ambiente. En ese camino, cursé una diplomatura en Gestión de Residuos y una maestría en Gestión Ambiental, entre otros cursos, y me fui dando cuenta de una vocación de trabajar con los materiales. Quise involucrarme más en el problema y no solo en la materialidad: en tratar de resolver el problema de la basura», explicó Scioli, cofundadora de Artículo 41, la ONG que impulsa Club de Reparadores. Para Scioli, un paso clave en ese recorrido fue su experiencia en el municipio español de Bilbao. Allí vivió y vio funcionar un sistema de gestión de reciclables que la marcó. «Volví preguntándome por qué eso no era posible en Buenos Aires, y convencida de que quería participar para que se hiciera realidad», recordó.
Así, mientras trabajaba en un emprendimiento gastronómico, organizó a vecinos y comercios para separar residuos, y conoció de cerca el funcionamiento de las cooperativas de recuperadores urbanos. En paralelo, se sumó al Centro de Experimentación para la Producción, en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde investigó materiales de descarte y acompañó a una cooperativa cartonera en proyectos de compostaje.
Con ese bagaje y junto a Marina Pla, cofundadora de Artículo 41, creó Club de Reparadores en 2015, en respuesta a un vacío evidente: la reparación estaba fuera de las agendas de los gobiernos y de las empresas. «El proyecto nació frente a una frustración que teníamos, de conocer el universo del reciclado en la ciudad y sentir que era insuficiente. Reparar no es algo innovador, sino que existe desde todos los tiempos: en ese sentido, necesitábamos traer la reparación como una práctica necesaria y contemporánea, atractiva desde lo aspiracional y cultural, pero también viable desde lo técnico y económico».
La propuesta inicial fue simple: encuentros gratuitos en el espacio público donde voluntarios ofrecieran sus saberes para arreglar objetos y otros se acercaran con algo a reparar. El primer evento superó cualquier expectativa. «Las personas entendieron la consigna. Y dijimos ‘acá hay algo’», recordó.
Desde allí, el proyecto no dejó de crecer. Durante años, Club de Reparadores funcionó con encuentros itinerantes. Pero el año pasado dio un salto: inauguraron un espacio propio en Villa Crespo, donde organizan un encuentro mensual y talleres temáticos.
En paralelo, para acompañar a los grupos que querían replicar la experiencia, desarrollaron un manual, instancias de formación y un acompañamiento continuo. Así surgió Reparadores por América Latina, una red que hoy reúne organizaciones de toda la región. De acuerdo a Scioli, cada ciudad reinterpreta el espíritu del club según su cultura local, en función de sus necesidades y de sus posibilidades. En Bogotá, por ejemplo, un grupo organizó una «marcha de reparación»: iban reparando cosas mientras transitaban en la vía principal.
El fortalecimiento de la red se vio impulsado por un reconocimiento clave en la trayectoria de Scioli: su incorporación como fellow de Ashoka, una organización global presente en 90 países que identifica y acompaña a emprendedores sociales de alto impacto.
Políticas públicas
La vinculación con las políticas públicas y la intención de ejecutar un cambio a escala estuvieron desde el minuto cero. La ONG Artículo 41 nació para poner en valor el artículo 41 de la Constitución argentina, que dice que «todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo».
«Con Marina nos conocimos y trabajamos desde lo público en conjunto, en el despacho de una diputada en la Legislatura de la Ciudad. Nos encontramos con cierta frustración por la complejidad de ejecutar cosas desde lo público -que es imprescindible por la escala que tiene-. Y también queríamos más autonomía para la ejecución de proyectos. Así nació Artículo 41», explicó.
Y añadió: «Hemos tenido algunas victorias y creo que instalamos culturalmente la reparación. Hoy, por ejemplo, en el marco de la estrategia de economía circular del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el programa ‘Reparar es circular’, recorre las comunas impulsando encuentros comunitarios de reparación. Nosotros acompañamos el diseño del programa, del vehículo y de la capacitación al equipo».
Para Scioli, el verdadero salto llegará cuando la reparación deje de depender solo de la voluntad ciudadana y pase a estar respaldada por reglas claras. «Es necesario establecer obligaciones a los fabricantes, en torno al diseño de los objetos, la disponibilidad de manuales y de herramientas, y los precios de los repuestos, entre otros criterios, para combatir prácticas como la obsolescencia programada». En Argentina -señaló-, uno de los debates abiertos es el proyecto de Ley de Índice de Reparabilidad, que toma como referencia el modelo francés, y que obliga a las empresas a declarar cuán reparables son los bienes que ponen en el mercado.
El desafío de conseguir recursos
Club de Reparadores realiza ediciones patrocinadas por municipios, organizaciones y marcas -en las que se cubren costos logísticos, de materiales y de un equipo de reparadores-, y también ediciones 100% voluntarias. Para cubrir los costos, el proyecto recibe apoyo de marcas y gobiernos en la forma de materiales, herramientas, insumos, y apoyo monetario.
«El desafío de cualquier organización social es financiar sus actividades -que a veces pueden tener objetivos muy altruistas y resolver problemas muy complejos- y sobre todo, encontrar apoyos económicos y fondeos que estén alineados con esos objetivos, es muy difícil encontrar formas de financiamiento que sean coherentes y consistentes y que no presenten contradicciones», señaló Scioli, quien destacó la alianza con la marca deportiva Patagonia, que tiene un programa de donaciones ambientales y con la que comparte la idea de buscar la durabilidad de las cosas.
De la escuela al impacto barrial
A la par de los encuentros, desde Club de Reparadores también avanzaron con Ligas Menores, un programa educativo que lleva la lógica del proyecto a las escuelas. La propuesta combina actividades prácticas, reflexión ambiental y un enfoque ciudadano.
Para Scioli, el verdadero salto llegará cuando la reparación pase a estar respaldada por reglas claras.
Además, desarrollaron talleres de oficios y habilidades técnicas, orientados tanto a jóvenes como a adultos, que buscan abrir posibilidades laborales en torno a la reparación de electrónica básica. El movimiento también creó un directorio online de reparadores comerciales, que permite a usuarios encontrar reparadores en su barrio, y a ellos promocionar sus servicios.
Laura Ponasso
La Nación / GDA
-
Desde el traje de un stripper hasta una cafetera: el Club de Reparadores arregla objetos gratis y crece
Del café usado al cosmético: un proyecto uruguayo que convierte residuos en productos de belleza
Residuos que alegran mascotas: un ejemplo de economía circular en la industria del cuero
Reparar en vez de desechar: un derecho y un peldaño clave en el desarrollo de la economía circular