ENTREVISTA

Uruguay debe ser muy flexible, legalista y no alineado

La Cancillería es uno de los cuatro ministerios que necesariamente deben ser del partido del Presidente

Sergio Abreu – Senador de la República, ex Canciller. Foto: El País
Sergio Abreu – Senador de la República, ex Canciller. Foto: El País

Uruguay debe plantear su agenda en este semestre en que preside el Mercosur, plantear, insistir sin desestabilizar, sin alinearse con Argentina ni con Brasil, ni Estados Unidos ni China, sostiene el actual senador y ex canciller Sergio Abreu. Asegura que el cambio de canciller ocurrido en plena cumbre del Mercosur, si bien el momento un fue el ideal, no es traumático porque, entre otras cosas, en el actual gobierno impera la diplomacia presidencial. “Con Bustillo hay énfasis diferentes, pero no van a cambiar los objetivos”, aseguró. Sostiene que la “diplomacia presidencial” le está dando resultados al presidente Lacalle Pou y puso como ejemplo el mensaje de “flexibilidad y unidad” que pasó ante los socios del bloque regional. Sostiene que en ese terreno Bustillo tiene los atributos para comandar la acción desde Cancillería. Para Abreu, la coyuntura mundial impone “moverse” con la misa equidistancia con EE.UU. y China, pero además, bregar para que haya más multilateralismo y no quedar entrampado en las disputas entre ambas potencias. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo califica el impacto del cambio de canciller y el contexto en que ocurrió?

—Indudablemente, que se diera en medio de la cumbre del Mercosur y no al final, como se podía esperar, no fue lo ideal. Lamento las circunstancias, pero el alejamiento de Ernesto Talvi de la Cancillería no es un hecho grave y es propio de las dinámicas de ajuste de relaciones humanas y políticas en los gobiernos, sobre todo en una coalición de varios partidos. Talvi ha tenido problemas políticos de entendimiento, pero eso no lesionará la marcha del gobierno. Pero además, en materia de diplomacia, hay una realidad que en este gobierno ha quedado expuesta, y es la diplomacia presidencial. El presidente Lacalle ha sido protagonista en ese terreno y lo ha hecho con mucho equilibrio. Pero además, un gobierno es un equipo. Un canciller puede dar la impronta, pero la estrategia se define por el jefe máximo de ese equipo, que es el Presidente. Eso a veces termina con incompatibilidades que pueden desembocar en cambios. Con Francisco Bustillo en Cancillería no va a quedar fuera lo comercial, en lo que tanto énfasis hacía Talvi. Quizás con una visión diferente. Pero no se trata de cambiar los objetivos.

—¿Bustillo da el perfil de complemento de esa diplomacia presidencial?

—He conversado en estos días con Bustillo; tiene una visión muy clara del rol de Uruguay en los tiempos que se vienen, dentro del Mercosur y hacia el mundo. Tiene el perfil y la experiencia que se necesita en este momento. Además, está atento a lo que puedan decirle los ex presidentes y quienes ocupamos antes ese ministerio. Pero hay otra cosa: los ministros del presidente de la República tienen que ser de su propio partido. Cuando hablo de ese núcleo duro de ministros, me refiero a Defensa, Interior, Economía y Relaciones Exteriores. Esto es clave. El proyecto de gobierno pasa por allí y además, la confianza personal del mandatario. No es un asunto lateral, es algo estratégico.

Uruguay ha conformado en Cancillería un equipo serio y profesional, con mucha experiencia y especialmente, sin vínculo partidario por encima de su carrera. Acá hay gente que viene de gobiernos anteriores, otros de dilatada trayectoria en diferentes responsabilidades. Afianzando ese equipo que ya estaba trabajando y generando una relación más dinámica con Presidencia, Bustillo tiene por delante una buena oportunidad de liderar este semestre de presidencia pro témpore del Mercosur.

—¿Qué debe hacer Uruguay para cumplir positivamente con ese rol en este semestre?

—Uruguay debe proponer, plantear iniciativas, insistir sin desestabilizar, sin alinearse, pensando más allá de los gobiernos, en respaldo del derecho, siempre buscando soluciones en un proyecto de integración que busque respuestas a los problemas que más nos preocupan: el comercio y el empleo. Ese es el rol que tenemos por delante, ser los zurcidores de este proceso. Hay que avanzar lo más posible en el acuerdo con UE y también con EFTA, que vienen muy bien, e impulsar el desafío de abrir otros frentes.
Estamos insertos en una zona del mundo de escasa relevancia geopolítica; el Mercosur en sí mismo ha perdido pie. Nos hemos dejado llevar por las tensiones internas del bloque poniendo los énfasis en afinidades ideológicas. Nos importa tanto Argentina con Fernández como el Brasil que hoy preside Bolsonaro. Eso no puede pasar si queremos tener un rol diferente, fortalecer el bloque y dar una señal hacia afuera. El tablero mundial hoy está complicado, con problemas geopolíticos muy fuertes y que son una amenaza para países en desarrollo. Así que no podemos seguir peleándonos entre nosotros.

—¿Qué interpreta por “sinceramiento”, el término que usó el Presidente en el discurso de principios de julio al asumir la presidencia del Mercosur?

—Sinceramiento quiere decir que vamos a buscar flexibilidad, sin romper un proceso de integración al que pertenecemos y seguiremos perteneciendo. Defenderemos las normas y también el comercio y el empleo para nuestro país. Sabemos que no vamos a llegar a una Unión Aduanera y que tenemos que sacarle provecho a lo que hay, sin miradas utópicas hacia aquello que no podemos alcanzar. Reglas para cumplir y respetar, pero pensar en un proceso flexible que nos permita mirar hacia adelante. Pero eso no puede ser producto de enfrentamientos entre los países del Mercosur, sino que tiene que estar basado en la aceptación de estrategias diferentes, respetando las asimetrías de nuestros países. Sin cerrar ninguna posibilidad…

—Precisamente, Estados Unidos está desplegando sus vínculos en la región buscando un mayor acercamiento, mientras China también insinúa su postura de puertas abiertas a socios comerciales como nuestros países…

—En este contexto, países como el nuestro no pueden entrar en el juego de inclinarse por uno u otro polo de esta tensión. Sería entrar en un juego que a la larga no nos va a favorecer. En el sentido del discurso del Presidente Lacalle en la pasada Cumbre del Mercosur, tenemos que pensar en tender más puentes hacia Estados Unidos, pero también hacia China. En defensa del interés nacional, no nos podemos alinear con ninguno.

—¿Cómo observa esta bipolaridad entre Estados Unidos y China, con el escenario hoy de la crisis sanitaria?

—El mundo ahora debe afrontar los desafíos de una brecha productiva, una brecha tecnológica y una brecha social, esta última particularmente con mayor impulso en el contexto de la pandemia. La brecha productiva, a su vez, está vinculada con ese nuevo actor que irrumpió con tanta fuerza años atrás, que es China. El primer exportador de bienes y tercero de servicios en el mundo ha ingresado en casi todos los países y sin preferencias, a pesar de no tener ninguna zona de libre comercio. Avanza con sus bienes y servicios y ahora con su tecnología, donde también se impone. Ese avance chino generó en Estados Unidos una reacción nacionalista exacerbada que ha quedado claramente expuesta.

—Que el centro de gravedad del comercio mundial se corriera a Asia no solo molestó a Trump, sino que desestabilizó el juego global…

—Dos tercios de las cadenas de valor son intra firma y el 60% de los bienes exportados son semi terminados. Buena parte del comercio mundial se mueve en esas condiciones, dependiendo más de las compañías que los Estados. Y una vez que la competitividad china atrae a muchas grandes empresas, entramos en una época de corrimiento y relocalización que ha perjudicado a Estados Unidos y provocado las reacciones conocidas. Y Trump, para enfrentarse a China decide asumir un papel de competencia que además le lleva a perder el liderazgo en el funcionamiento armónico del sistema de gobernanza multilateral. A partir de allí, se encadenan una tras otra las medidas proteccionistas e incluso el debilitamiento de la Organización Mundial del Comercio. En ese terreno nosotros salimos ampliamente desfavorecidos.

—No somos ajenos a esas tensiones entre ambas potencias…

—Este comercio administrado generado a partir de las tensiones entre Estados Unidos y China nos va a provocar a nosotros, en América Latina, un enorme perjuicio social. Países exportadores, que dependemos de colocar nuestra producción en el mundo, sin garantías casi de un sistema multilateral que nos proteja. Cuando eso se pierde, termina todo en un acuerdo administrado de precios entre rivales, que compiten por el dominio y el poder, no por solucionar los problemas del comercio global y buscando el beneficio de todos.

Renunció Roberto Azevedo, el Secretario de OMC, que se va en agosto; no hay autoridades en Unctad, hay problemas en Aladi. Los organismos multilaterales, que son el ámbito donde países como los nuestros encuentran respaldo y pueden reclamar equilibrio, están en severos problemas. Fuera de ese sistema, estamos a la intemperie. Debemos poner todo el esfuerzo en que recuperen valor, y ese es un terreno donde podemos trabajar, como país chico, pero respetuoso de las normas.

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