¿Para quién juega nuestro Estado?: una realidad que nos interpela

Aprendimos a los tropezones que la autocomplacencia y la minimización de los riesgos no nos conduce a nada bueno y se contradice con una historia de impactos y sacudones.

Juan Sanchez
Juan Sanchez, foto Darwin Borrelli, nd 20150715
Archivo El Pais

Aprendimos a los tropezones que la autocomplacencia y la minimización de los riesgos no nos conduce a nada bueno y se contradice con unahistoria de impactos y sacudones, cada tanto y por errores propios o ajenos.

Baño de modestia

El peso relativo de nuestros vecinos Argentina y Brasil (entre sí) pasó de 44%-56% desde comienzos de los años ´60 a 24%-76%, a comienzos del 2020. Si nuestra economía hubiera seguido la evolución de éstos, y, dado el impacto muy fuerte que tenían en Uruguay (llegaron a representar cerca del 40% de nuestras exportaciones hasta comienzos de los 2000´s), el peso relativo de Uruguay en la región podría haber caído en el entorno del 10% (7.1) ([1]). Sin embargo, la caída fue cercana al 50%, similar al indicador para Argentina ([2]).

Esto interpela la creencia de que el desempeño de Uruguay en estos sesenta años haya sido superior al de Brasil, Argentina y la propia región, pero no pasó, por lo que es obvio que tenemos innumerables desafíos.

Políticas de Estado sí

Uruguay fue un buen alumno entre muchos países, pero no es protagonista y le cuesta despegar. Respetó las reglas de juego, mantuvo políticas que priorizaron la estabilidad por encima de otros objetivos, ensayó cambios en algunas áreas que terminaron constituyéndose en políticas de Estado: Ley Forestal, Puerto Libre, Zonas Francas, Ley de Seguros, Promoción de Inversiones focalizadas en determinados sectores de impacto, reformas importantes (aunque perfectibles) en la regulación del mercado eléctrico, agua y telecomunicaciones, creación de las AFAPs, creación de instrumentos como la UI y la figura del Fideicomiso, cobertura de seguro para la banca (con la crisis y para defender al sistema financiero), la reforma de la matriz energética en el sector eléctrico, etc.

La infraestructura sigue en él debe, se intentó revertir con el inicio de un programa global y la aprobación de la Ley de participación público-privada (2012). A partir de allí se realizaron inversiones relevantes, con la participación de inversores, que compartían riesgos, financiamiento, tecnología, innovación y capital. Es el caso del Ferrocarril Central e históricas inversiones mixtas en educación, infancia, formación, vialidad y seguridad. Un formato similar pero específico se aplicó en el sector de energía (contratos PPA), que permitieron uno de los mayores empujes de inversión en energía en el país, con más de US$ 7.000 millones.

Ferrocarril Central
Ferrocarril Central
Foto: Leonardo Mainé

Muchos aciertos, pero algo faltó y seguramente algo sobró. Faltó continuidad con las inversiones de infraestructura, faltó continuar con énfasis con un instrumento como el PPP, ciertamente perfectible, pero daba garantías, repartía riesgos, esfuerzos, financiamiento y compromiso del privado.

Faltó avanzar en las regulaciones para mercados poco transparentes, que mantienen ineficiencias e inequidades y monopolios/oligopolios. Faltó más regulación con foco en el usuario, incluso en los mercados en los que hay unidades formales, donde también se protege al prestador (electricidad, agua, telecomunicaciones). Sin duda faltó mayor intervención en los casos que no se cumple con la regulación o no existe una gobernanza adecuada (ej.: transporte, combustibles, sector financiero).

Falta revisar los sistemas de incentivos, eficaces para un momento, para “aggiornarlos” a las necesidades actuales. Se están intentando. Falta todavía.

Así mismo faltaría revisar y transparentar todo el sistema de subsidios que reciben distintos sectores, como el que se da al sistema de transporte (ie: combustible, transformación a eléctrico, actualización y modernización de unidades, el uso y mantenimiento de infraestructura y dominio público y su valoración, etc.). Que la población conozca en qué y cuánto se invierte y cómo se traduce en beneficios para el usuario, con mediciones objetivas y de amplio acceso público.

Cruce de caminos

El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, no la debe haber tenido fácil para responder al ofrecimiento del presidente para ocupar el cargo. Ambos tomaron riesgos en situaciones difíciles de valorar.

Lo hemos visto al ministro hacer declaraciones difíciles de comprender, igual, vemos algunas señales positivas. Hizo anuncios que implica aumentos efectivos de la carga tributaria, más allá de la semántica. Extrañamente permitió que el presidente se involucrara con un anuncio sensible y controversial sobre el Fonasa, que no era de su incumbencia. Lo escuchamos declarar en áreas en las que no tenía necesidad (ie: asunto Cardama, decisiones futuras del gobierno del FA, etc.).

Gabriel Oddone, ministro de Economía.
Gabriel Oddone, ministro de Economía.
Foto: Ignacio Sánchez.

También lo hemos visto contradecir opiniones de referentes de su propio partido con sinceridad. Reconoció ciertas preocupaciones en forma franca y honesta. En estos días, a su vez, influyó en corregir ciertos desvíos, con acciones concretas, ajustando decisiones erráticas del BCU. A esta altura es un problema sistémico del que no es fácil desembarazarse, ya que es una acción sostenida en el tiempo e intelectualmente muy defendida por los involucrados.

Desafíos no le faltan y, los que realmente le importan a la gente, menos. La gobernanza de empresas públicas y los bancos del Estado y su rol, así como revisar los servicios públicos el mercado en el que operan, su poder de fuego, las políticas tarifaras, la carga tributaria, los excesos y abusos del poder coactivo del Estado. En el sector financiero el juego del “regulador regulado”, revisando las reglas de juego y las inequidades manifiestas (tasas de interés y otros cargos, cláusulas abusivas, endeudamiento excesivo, soluciones).

Un ejemplo muy vigente son las condiciones monopólicas-oligopólicas del transporte público y su poder excluyente de otras “formas de vida” y tecnologías. Cómo y a quién beneficia y cómo favorecen la competencia, las mejoras sustantivas de calidad y eficiencia para el usuario, como sucede en países más avanzados con alternativas multimodales.

En el sector combustibles y de la energía eléctrica, el agua y las telecomunicaciones, a pesar de tener un tipo de gobernanza y regulación más civilizada, dejan mucho que desear los costos y alternativas para el usuario. Somos de los más caros de la región y “un poco más allá” también y los condicionamientos unilaterales y los contratos de adhesión son un exceso.

Todo ello requiere de cambios estructurales que llevan tiempo y para que haga la diferencia le va a tener que dedicar mucho “pienso” y mucha energía ([3]). Su objetivo, entiendo, es asesorar el presidente, para que haga historia o al menos la altere, con cierto éxito.

[1] Ver análisis e información “Así cambió la participación de los países de LatAm en el PIB regional en 60 años” de fuente Bloomberg Línea para el período 1961-2021. Algunos países, como Brasil y México, aumentaron su peso en la economía regional, mientras que otros como Argentina se redujeron (al 50%)

[2] Respecto en particular de Argentina, se vio impactado por esa Economía por varios canales (tipo de cambio real, shocks de demanda, turismo e inversiones, sector financiero en sentido positivo y negativo e impactos colaterales negativos (capitales y sector bancario)

[3] En una conocida entrevista, divulgada tiempo después de su retiro del medio uruguayo, el periodista Jorge Lanata describía más o menos así: “en mis 40 años de profesión nunca recibí tanta presión y llamadas como en el tiempo que estuve en Uruguay”. No somos los peores de la clase, pero está claro que los mejores tampoco

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