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Monedas digitales y Bancos Centrales, avances y debates por resolver

Foto: Getty Images

TEMA DE ANÁLISIS

¿Es la emisión de monedas digitales por parte de las autoridades monetarias la manera más segura y eficaz de lograr los objetivos de resguardo, garantía de pago y seguridad?

El dinero digital ha existido durante mucho tiempo: los depósitos que guardamos en el banco, y a su vez las reservas que estos mantienen en los bancos centrales, son dinero que desde hace décadas se registra y opera de manera digital. Existen incluso varios medios de pago, como PayPal, que fueron desde su origen concebidos para el mundo digitalizado. Entonces, ¿por qué tanta inquietud con las denominadas “monedas digitales”? La respuesta es que “moneda” y “dinero” no son lo mismo: históricamente, una moneda (efectivo) ha sido un “tipo de dinero” de fácil acceso que, hasta ahora, se ha podido guardar y transar sin necesidad de un intermediario de manera ágil y anónima.

No ahondaremos en las varias “monedas digitales” emitidas por agentes privados, logros tecnológicos muy interesantes, pero que desde el punto de vista económico son sólo activos —en gran parte especulativos— que distan de ejercer como verdaderas monedas. Es más, en muchos casos no cumplen ni siquiera con aquella definición tradicional del dinero que habla de un activo que sirve de medio de intercambio, depósito de valor y unidad de cuenta.

Sin embargo, esas iniciativas privadas han contribuido a que los bancos centrales investiguen seriamente futuras versiones digitales de sus monedas. En 2020, Bahamas estrenó el sand dollar, versión digital de su dólar bahameño, y China ha puesto en marcha pruebas reales de su yuan digital. Dichos proyectos buscan múltiples objetivos: resguardar la eficacia de la política monetaria, garantizar un medio de pago universal para acceder a un comercio cada vez más electrónico y evitar el dominio de cualquier medio de pago “foráneo o poco regulado” que facilite actividades criminales o que pueda hacerse con la información transaccional de la ciudadanía para quién sabe qué propósitos. Pero, ¿es la emisión de monedas digitales por parte de las autoridades monetarias la manera más segura y eficaz de lograr estos objetivos? Es la pregunta que desde hace tiempo se hace la mayoría de los bancos centrales, incluido el Banco Central Europeo (BCE).

La emisión de dichas monedas presenta importantes desafíos de tipo tecnológico, pero son los retos de corte económico los que más preocupan a las autoridades monetarias. Por ejemplo, ¿cómo asegurar que una moneda digital no facilite actividades criminales? En línea con la opinión de muchos expertos, Bahamas ha impuesto un límite a la tenencia y anonimato de su moneda digital; las billeteras electrónicas (apps donde se guardan las monedas) son facilitadas por intermediarios regulados que han de verificar y asegurar la identidad de todo portador. Y, ¿cómo garantizar que no se discriminará a ningún sector de la población? Para no excluir a aquella poco digitalizada, en Bahamas se puede acceder y controlar las billeteras con una tarjeta física que no requiera poseer un móvil. Además, para no dejar tampoco fuera a la población no bancarizada, basta con dar un número de teléfono para obtener una billetera básica que permita transacciones mensuales de bajo valor.

Otra preocupación de las autoridades es la de resguardar la estabilidad financiera. Por ejemplo, ¿cómo incentivar que esta moneda digital no se atesore como los billetes bajo un colchón, y que sí se canalice a inversión como lo hace el dinero en depósitos bancarios? En Bahamas se ha optado por una modalidad que gana adeptos entre los bancos centrales occidentales: delegar en la banca y otras entidades financieras la custodia de las billeteras digitales.

También es de vital importancia proteger la estabilidad internacional. ¿Se permitirá que los no residentes accedan a las billeteras y monedas digitales de un país? ¿Existirá interoperabilidad internacional entre las monedas digitales de distintos países? De nuevo, Bahamas se ha decantado por el consejo de la mayoría de expertos: la imposición de límites a no residentes y el respaldo a una plataforma interoperable a nivel global.

Mientras tanto, el BCE —en sintonía con otros bancos centrales— sigue con lupa todo tipo de experimentos internos y foráneos. Se especula que podrá haber un euro digital en cinco años, tiempo prudente para que se valoren las muchas opciones existentes. Reconociendo la complejidad del problema, mantiene un plan de investigación propio de esta era digital (enfocado, abierto, gradual y multidisciplinario) que avanza con firmeza sin perder la cautela.

En este sentido, el BCE lanzó formalmente la fase de investigación sobre la potencial emisión de un euro digital. Esta fase durará 2 años y en ella se analizará y definirá un modelo de negocio para los intermediarios financieros (p.e. los bancos). Además, el BCE estudiará un diseño que evite posibles impactos negativos en la estabilidad financiera, la financiación de la economía y la política monetaria. Desde BBVA valoramos positivamente la involucración del sector privado (usuarios e intermediarios) en esta fase de investigación a través del Digital Euro Market Advisory Group. Los bancos comerciales pueden contribuir al trabajo del BCE con su experiencia y conocimiento del mercado de pagos minoristas, así como con su propia experimentación con el dinero digital.

En el cuadro adjunto, se pueden observar las variantes de las Monedas Digitales de Bancos Centrales conocidas por la sigla CBDC (1) por sus iniciales en inglés “Central Bank Digital Currency” según sus características.

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La experiencia temprana de Uruguay

A finales de 2017 y principios de 2018, el BCU lanzó, para un período de prueba, el e-Peso. Se trató de una moneda digital que no utilizaba tecnología DLT (2.) La prueba piloto, que duró 6 meses, fue ejecutada para probar los aspectos técnicos de esta emisión limitada —en principio— a 20 millones de pesos para 10.000 usuarios registrados con el monedero virtual de hasta 30 mil pesos por persona, mientras que para empresas el monto ascendía a 200 mil pesos. El e-Peso podía ser utilizado tanto para el pago de una compra en negocios como para realizar transferencias a otra persona. El sistema utilizaba la liquidación instantánea y funcionaba a través de la línea de teléfono móvil, incluso sin conexión a Internet. El e-Peso era anónimo pero rastreable, con billetes únicos que evitaban el doble gasto y la falsificación. Durante los meses de la prueba el funcionamiento fue correcto y ágil.

Los aportes de este tipo de monedas a la sociedad son varios. Entre los más relevantes se encuentra la reducción de los costos de transacción —que podría alcanzar según el FMI hasta un 0,6% del PIB (3)— y la inclusión financiera de la población no bancarizada, al utilizar la profunda penetración alcanzada por el uso del celular, con la mejora de ingresos fiscales que implica.

Muy relevante también es el impacto en el mercado monetario y los ajustes que conlleva en el abordaje de la política monetaria. En principio, el uso extendido de una moneda digital aumentaría la eficiencia de la política monetaria al mejorar su transmisión y ofrecer información granular y en tiempo real de la demanda de dinero. Aquí cobran especial relevancia las características del ecosistema Fintech y la inclusión del sistema financiero tradicional en la operatoria, teniendo en cuenta que a las mismas actividades le conciernen las mismas regulaciones. También es posible que, en el mediano plazo, las monedas digitales tengan un impacto en los niveles de dolarización aunque, tal como lo explica el FMI en su Artículo IV, no sería de gran importancia ya que los factores que explican la demanda de dólares están íntimamente relacionados a la confianza de gobierno y a la situación financiera global.

La pandemia ha reforzado la necesidad y ventajas de las transacciones digitales. El aprendizaje obtenido de la experiencia del e-Peso pone a Uruguay en una posición aventajada para emprender un salto de calidad en su sistema monetario.

(*) Alejandro Neut, Adriana Haring y Juan Manias.

1) CBDC (Central Bank Digital Currency): monedas digitales emitidas por bancos centrales.
2) DLT: La tecnología de Distributed Ledger Technology o Tecnología de Libro Mayor Distribuido (en español) es un sistema electrónico o base de datos para registrar información que no es ejecutada por una sola entidad. Esta tecnología nos permite almacenar y usar datos que pueden ser descentralizados (almacenados en varios lugares) y distribuidos (conectados y, por lo tanto, pueden comunicarse) de forma privada o pública. Como la DLT no tiene un almacén central de datos, la información se resguarda en varios lugares de la red..
3) FMI, Artículo IV (2018)


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Fuente: STATISTA

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