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Los nuevos lineamientos para la negociación salarial

En los lineamientos planteados por el MTSS se mantiene la indexación salarial plena de los salarios a la evolución de los precios. Este componente es el principal obstáculo de la política anti inflacionaria, y para superarlo, se usa y abusa del atraso cambiario.

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Consejo de Salarios, Negociación Colectiva
Consejos de Salarios
El País

Es posible que la palabra “nuevos” esté sobrando en el título. En todo caso, puede aludir a que se refiere a una nueva ronda de Consejos de Salarios. Porque en el otro sentido nada tienen de nuevos: la “fórmula” de ajuste tiene los tres componentes habituales desde 2005 (una parte a cuenta de la inflación futura, otra de recuperación y una tercera de compensación o “correctivo” por el desvío en la inflación pasada), donde la “recuperación” del salario real se refiere a un determinado momento, en este caso al inicio del actual período de gobierno y previo a la pandemia.

Cabe recordar que la ronda que debió realizarse a mediados de 2020, en medio de la pandemia, fue suspendida y en su lugar se dieron aumentos salariales que era previsible que dieran lugar a una caída del salario real, con el propósito de priorizar el empleo en tan especiales circunstancias. Allí se definió lo que se llamó “año puente” y con él, el gobierno asumió el compromiso de recuperar, dentro del actual período de gobierno, lo que en esa etapa se perdiera. Transcurrida ella, la prioridad mudó desde la cantidad al precio, desde el empleo al salario real.

Otro aspecto clave que está implícito en las pautas referidas consiste en la indexación salarial. La coexistencia de dos de los componentes referidos (el que se da a cuenta de la inflación futura y el que consiste en la compensación por el desvío en la inflación pasada) asegura una indexación plena de los salarios a la evolución de los precios. Y a ella se le añade la recuperación. La indexación es el principal obstáculo a la política anti inflacionaria y, para superarlo, como se sabe, se usa y abusa del atraso cambiario. Siempre sin éxito.

En cuanto a la recuperación, la referencia histórica del momento pre pandemia es entendible desde el punto de vista político, pero no tiene sustento en la economía. Debería ser la productividad el norte de las eventuales recuperaciones, y, por tanto, no tendría lógica alguna que fueran parejas para tirios y troyanos. Debería ser de naturaleza sectorial, al menos. Por otro lado, la referencia al momento previo a la crisis sanitaria no parece ser uno muy bueno en ese sentido: en los cinco años previos se perdieron más de 50 mil puestos de trabajo, por lo que cabe presumir que entonces la productividad no calzaba con los salarios reales. Es posible que en el presente quinquenio ella haya mejorado (el PIB crecerá en torno a 8% mientras que los salarios volverán al punto de partida al mismo tiempo que se dará una considerable mejoría en el empleo), pero, en todo caso, no se cuenta con mediciones al respecto.

Veamos a continuación algunos datos que dan contexto a la discusión en ciernes.

Uno, a la caída en el empleo en 2020 le siguió una extraordinaria recuperación a lo largo de 2021 y un freno en 2022. En los primeros meses de 2023 el empleo volvió a crecer y, en términos desestacionalizados, en el trimestre marzo-mayo se ubicó en niveles máximos en términos absolutos, en cantidad de personas ocupadas (1.691.000 personas). En términos relativos, la tasa de empleo ya volvió a las magnitudes de 2017.

Dos, no sólo han mejorado las cantidades en materia de empleo, sino que también hay claras mejorías en cuanto a su calidad. Entre 2019 y 2022 bajaron los tres componentes de la definición de “personas con problemas de empleo”: los desocupados, los subempleados y los ocupados sin registro. En total, hubo una caída de 11%. Al mismo tiempo, hubo progresos en materia de formalización del empleo, con casi 90 mil nuevos ocupados “sin restricciones” (full time y con registro). Esos datos también muestran un llamativo aumento de la población inactiva por encima de la activa (¿nuevos “desalentados”?).

Tercero, el salario real. Y para comparar cifras comparables, veamos los datos de los 12 meses a mayo con los del año 2019. En el caso del sector privado, hay una caída de 3,2% y en el del sector público, de sólo 1,5%. Sin embargo, dado que la recuperación en el sector privado comenzó a mediados del año pasado y que en el sector público hubo un ajuste nominal considerable en enero del corriente, esas cifras tienden a subestimar la situación actual, que, de todos modos, todavía presenta salarios reales por debajo de la previa a este gobierno y a la pandemia.

Cuarto, hasta el primer trimestre de 2021 el PIB y la masa salarial (producto de precios y cantidades, o sea salarios reales y cantidad de ocupados) evolucionaron juntos, como en principio se debe esperar que ocurra. Ambos cayeron significativamente durante lo peor de la pandemia. Luego, ambos se recuperaron, pero lo hicieron “divorciados”. Desde aquella fecha y hasta el tercer trimestre del año pasado, la masa salarial creció menos que el PIB. El empleo comenzó a subir en el segundo trimestre de 2021 (también el PIB) pero los salarios recién comenzaron la subida en el tercero de 2022. Ese divorcio entre producto y masa se mantiene hasta el presente, pero ha comenzado a menguar desde el último cuarto del año pasado.

Las pautas para la nueva ronda apuntan a que continúe subiendo el salario real en el contexto de una economía que ya no crecerá tanto, por lo que la mejoría en el empleo corre el riesgo de interrumpirse. No por casualidad el MEF recortó sus proyecciones de empleo para el bienio en la Rendición de Cuentas.

Por último, el Gobierno plantea, para futuras negociaciones, considerar las peculiaridades de los sectores transables y no transables, o sea, según comercien o no con el exterior. Esa nueva dimensión, así como la introducción de mediciones de productividad, podrían mejorar la calidad del instrumento Consejos de Salarios.

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