Los efectos económicos de reemplazar la cárcel por la tobillera

Una reforma reciente en Suecia sirvió como experimento natural, permitiendo a delincuentes con penas leves cumplir sus sentencias bajo vigilancia electrónica en lugar de cárcel.

Funcionario colocando una tobillera electrónica. Foto: AFP
Tobillera electrónica.
Foto: AFP.

El monitoreo electrónico vía tobilleras reduce la reincidencia delictiva y el volver a la cárcel. Esto baja los costos de las prisiones y la exclusión del mercado laboral. Es un ahorro para la sociedad en su conjunto.

Una reforma reciente en Europa sirvió como experimento natural. Permitió a los delincuentes con penas leves cumplir sus sentencias bajo vigilancia electrónica en lugar de en la cárcel.

¿Son las cárceles caras?

En Suecia, un recluso le cuesta al país unos 400 dólares. Ese costo es uno de los más altos del mundo. Es casi cinco veces más grande que el costo en Estados Unidos y el doble del promedio de los países de la OCDE. Una de las explicaciones es la alta proporción de funcionarios de la cárcel por cada encarcelado. Permite que haya bastante rehabilitación mediante programas en la cárcel para mejorar la empleabilidad futura, y cuidar la salud física y mental. Pero también sucede que la cárcel es un medioambiente que puede alentar las conductas delictivas. Surge entonces la disyuntiva: mantener al delincuente en la cárcel donde puede capacitarse y recibir un tratamiento personalizado, o colocarle una tobillera electrónica para dejarlo mover fuera de la cárcel.

La investigación

Dos profesores (Al Wesawasi y Bäckman) del Departamento de Criminología de la Universidad de Estocolmo intentan resolver esa disyuntiva: cárcel versus tobillera. Su estudio sobre el caso sueco fue publicado recientemente en el Journal of Quantitative Criminology.

El monitoreo electrónico de los delincuentes —vía, por ejemplo, una tobillera— se introdujo en 1994 en Suecia. Comenzó así un plan piloto en cinco distritos, que luego se fue expandiendo progresivamente, hasta que en 2005 comenzó a aplicarse para algunos casos de sentencias menores a seis meses. Durante 2005, al 53% de los infractores condenados a entre 3 y 6 meses se les ofreció monitoreo electrónico. Un requisito era cumplir con la obligación de asistir a programas que la autoridad determine (por ejemplo, actividades para tratar el consumo de sustancias). Estas personas, además, eran visitadas semanalmente, de manera no anunciada, para corroborar que no estén consumiendo alcohol o drogas. Y sólo pueden salir de la casa para trabajar, estudiar o asistir a programas de rehabilitación. Para ir al médico, se necesitaba una aprobación explícita. Y en caso de incumplir cualquiera de estos requisitos, determinaba que el recluso termine su sentencia en la prisión.

Al pasar los años, los citados investigadores comparan a los que se les ofreció tobilleras respecto a los que no se les ofreció.

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Resultados de corto y largo plazo

Cuando a los infractores condenados a menos de 6 meses de prisión se les dio la oportunidad de cumplir sus condenas bajo el programa de monitoreo electrónico, la reincidencia delictiva y el encarcelamiento se redujo significativamente, tanto a corto —un año después de la sentencia inicial— como a largo plazo, diez años después de la sentencia inicial. Otro efecto positivo del monitoreo electrónico es que disminuyó la chance de que, al pasar los años, no estén trabajando o estudiando.

Ahorro para todos

Los profesores citados hacen un análisis costo beneficio (se podría hacer algo análogo para Uruguay). Supongamos que un individuo comete un delito menor y es sentenciado a menos de seis meses. Eso lo enviaría a una cárcel de baja seguridad que en Suecia costaría por día 220 dólares. En cambio, si se le aplica una tobillera electrónica, ese costo pasaría a ser 46 dólares. Ya se observan los ahorros diarios. Y no estamos teniendo en cuenta ahorros adicionales derivados de la reducción en el número de delitos y del aumento de los impuestos recaudados por la mayor participación del delincuente en el mercado laboral gracias a la tobillera.

Lecciones aprendidas

El encarcelamiento ha sido criticado durante mucho tiempo por su incapacidad para ejercer un efecto disuasorio sobre los delincuentes encarcelados. Esto le dio una oportunidad al monitoreo electrónico de ganarse un lugar en las sentencias judiciales. Pero a primera vista no estaba claro si la tobillera sería eficaz. El efecto disuasorio de una sanción penal podría disminuir si los infractores la perciben como una forma de sanción más indulgente (la persona que va a delinquir pensaría: “la tobillera como castigo es una risa, así que no tengo miedo a robar y que me atrapen”). También se ha temido la menor capacidad para controlar la delincuencia mediante la incapacitación, ya que los infractores sometidos a monitoreo electrónico tienen más oportunidades de interactuar con el público en general (por esto es que algunos dicen: “hay que meter a todos en la cárcel, porque al menos mientras el ladrón esté en la cárcel no puede robar”).

Los profesores suecos compararon delincuentes muy parecidos en todo, al momento de la sentencia inicial. A algunos se les ofrecía tobilleras y a otros no, sencillamente porque unos tenían penas menores de seis meses y otros, por poco, no cumplían esa condición. Demuestran científicamente que ofrecer tobilleras a individuos condenados a pocos meses —delincuentes de bajo riesgo— baja la reincidencia. Incluso el efecto positivo se mantiene 10 años después. Lo mismo sucede con el estudio y el trabajo: a los que se les ofreció tobillera, tienen más chance de encontrarlos trabajando o estudiando tanto en el corto como en el largo plazo.

Y el efecto positivo es superior cuando los delincuentes tenían trabajo o estaban estudiando antes de la sentencia inicial. La tobillera les permitiría seguir en el mercado laboral o en el centro educativo, y sería como una barrera contra volver a caer en el delito al terminar la sentencia.

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