Las importaciones le ganan al PIB

Precios relativos, vecinos volátiles y demanda interna: diez años de transformación

Exportaciones e importaciones
Comercio exterior
Foto: archivo El País

Hay una transformación silenciosa que los datos de cuentas nacionales vienen registrando desde hace una década. Cada vez que la economía uruguaya crece, las importaciones crecen más.

Pero pongamos esto en contexto. La semana pasada conocimos los datos de cuentas nacionales, y entre los análisis tradicionales, siempre hay uno que destacamos y que en general no resulta tan habitual para el lector común de la macro uruguaya. Refiere a cómo se satisface la Demanda Agregada de una economía, que está compuesta por la absorción local definida por el Consumo Privado, Consumo del Gobierno e Inversiones que realizan los hogares y las empresas, y que luego se completa con las Exportaciones. ¿Cómo se abastece? Vía producción local (PIB) y vía importaciones. Este es un tema que ya hemos abordado en páginas de Economía & Mercado, y los datos más recientes no solo confirman aquella tendencia, sino que la profundizan.

Entre 2016 y 2025, el PIB se expandió 11,8% en términos de volumen. En el mismo período, las importaciones de bienes y servicios crecieron 45,7%.

Por cada punto porcentual que creció la economía, el volumen importado de bienes aumentó casi cuatro puntos. Lo que los números revelan es un cambio en la composición de la demanda interna uruguaya. La absorción —es decir, lo que el país consume e invierte, independientemente de dónde se produce— incorpora hoy una proporción mayor de bienes y servicios del exterior que hace diez años. En términos reales, esa participación pasó de 21,5% en 2016 a 26,5% en 2024.

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La absorción interna

Pero el análisis más revelador surge cuando se miran ambas variables en conjunto, a través del concepto de absorción interna. La absorción —definida como el PIB menos las exportaciones más las importaciones— representa todo lo que la economía uruguaya consume e invierte, independientemente de si se produce localmente o proviene de importaciones. Es, en definitiva, el tamaño real del mercado interno. Y lo que los datos muestran —gráfico 2— con claridad es que dentro de ese mercado, las importaciones ganan terreno de forma sostenida: su participación en la absorción interna pasó de 21,5% en 2016 a 26,5% en 2024. Dicho de otra forma, de cada 100 unidades de demanda interna, hoy se destinan casi 27 a bienes y servicios producidos fuera del país, frente a poco más de 21 hace una década.

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¿Cuánto se dimensiona en billetes?

El análisis en volumen confirma el fenómeno. Pero para dimensionarlo en términos concretos conviene ir a los valores en dólares corrientes. Entre 2019 y 2024, la absorción interna uruguaya creció US$ 24.596 millones. De ese incremento, US$ 6.827 millones correspondieron a importaciones: bienes de consumo, equipamiento, tecnología e insumos que nutren la capacidad productiva del país. Casi tres de cada diez dólares de nueva demanda interna se abastecieron desde el exterior.

Cuando se depuran los bienes intermedios —insumos que las empresas uruguayas importan para producir— y se mira exclusivamente la demanda final, el fenómeno es aún más pronunciado. Las importaciones orientadas a la absorción interna en bienes finales pasaron de aproximadamente US$ 3.750 millones anuales en 2016 a más de US$ 6.300 millones en 2025, un incremento de 70% en dólares corrientes en una década.

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¿Por qué crecen las importaciones? Los precios relativos

La respuesta más directa está en los precios relativos: los bienes y servicios del exterior se abarataron en términos relativos respecto a los producidos localmente. El indicador que mide esa relación es el tipo de cambio real (TCR), que combina el tipo de cambio nominal con los diferenciales de inflación entre Uruguay y sus socios comerciales. El Tipo de Cambio Real con la extra-región se redujo cerca de 14% desde 2016 y con la región, en el caso de Argentina la caída fue cercana al 13% y con Brasil resultó en una disminución de 28%.
Si hay un dato que sintetiza la transformación de la última década en el origen de las importaciones uruguayas, es este: en 2016, China y Brasil representaban conjuntamente el 36,8% del total importado. En 2024, esa cifra llegó al 43,9%. Dos economías — una vecina, y otra lejana, que explican en buena medida por qué Uruguay importa más.

China juega fuerte

China pasó de representar el 18,8% de las importaciones totales en 2016 al 22,1% en 2024, con un crecimiento en valor de 80,8%, casi el doble del crecimiento del total importado en el período. Su presencia se concentra en manufacturas, electrónica, textiles y bienes de consumo masivo: exactamente los segmentos donde la escala productiva china genera ventajas de precio que ningún productor regional puede compensar. Es notoria, como lo muestra el gráfico 4, la relación inversa entre la evolución del Tipo de Cambio Real y los volúmenes importados desde China.

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Brasil el jugador persistente

Brasil, el vecino del norte, cuenta una historia diferente pero igualmente persistente. Con un crecimiento de 86,7% en valor entre 2016 y 2024, pasó de 18,0% a 21,8% del total — prácticamente igualado con China en términos de participación. A diferencia del caso chino, la competencia brasileña opera en sectores industriales y manufactureros donde Uruguay tiene producción local directamente expuesta. Resulta también notoria la relación entre el TCR bilateral con Brasil y las importaciones: el gráfico 5 da cuenta de eso, con reversiones significativas de la relación de precios que no se han revertido.

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Argentina el volátil de la mesa

El caso argentino merece un análisis diferenciado. A diferencia de China y Brasil, con los que el canal de transmisión opera principalmente a través de los bienes, con Argentina se agrega el vínculo vía servicios, específicamente turismo. Cuando el TCR bilateral cayó a mínimos históricos en 2023, el volumen de viajes uruguayos hacia Argentina llegó a casi 180% del nivel de 2016, mientras las importaciones de bienes superaban el 120%. La corrección cambiaria de 2024 tuvo respuesta inmediata en los viajes, que moderaron hacia 130, mientras los bienes prácticamente no reaccionaron. Son dos canales distintos, con sensibilidades distintas al mismo precio relativo.

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Una economía abierta debe asignar recursos con eficiencia: producir lo que sabe hacer y acceder desde afuera a lo que otros producen mejor. Eso beneficia a productores y consumidores. Uruguay opera debería operar bajo esa lógica. El desafío no es moderar las importaciones sino fortalecer la capacidad productiva local, y ahí la educación y el capital humano son la clave para que nuestra función de producción migre hacia bienes y servicios de mayor complejidad. Lo que los próximos años dirán es en qué medida la tendencia que muestra esta década refleja un nuevo equilibrio estructural, o cuánto hay en ella de un ciclo que los precios relativos, cuando se muevan, podrán corregir.

-Economista Ramón Pampín, Manager en PwC

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