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La eterna negociación argentina con el FMI

El populismo en el que está embarcado Massa de cara a las elecciones lo lleva a ver con malos ojos al FMI, como el salvaje prestamista capitalista y a los chinos, que le activan el swap, como una institución de beneficencia.

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Sergio Massa
Sergio Massa, Ministro de Economía de Argentina
AFP

Para tratar de mantener el voto del kirchnerismo puro, Sergio Massa empezó a usar el discurso anti FMI, como lo usaron Néstor Kirchner en su momento y Cristina Kirchner, antes y ahora. El FMI es el culpable de todos nuestros males y cumplir con sus metas la causa de nuestra crisis económica, reza el credo kirchnerista. Es más, Massa llegó a afirmar que las políticas sugeridas por el FMI eran inflacionarias.

Cabe recordar que El FMI empezó a funcionar en 1947 y es un club al cual pertenecen 189 países. Funciona como un prestamista no bancario cuando un país tiene problemas de balance de pagos. Las decisiones se toman por análisis técnico y luego por votos más de carácter político. Los que más fondos aportaron al FMI, tienen más votos. Los porcentajes de aportes de capital de los principales países son: EE.UU. 17,43%, China 6,40%, Alemania 5,6% y Japón 6,47%. Nosotros aportamos el 0,67% del capital del FMI.

Toda esa plata es de los contribuyentes de cada país, y los genios populistas K pretenden que los contribuyentes alemanes, norteamericanos, chinos, japoneses, etc. nos den la plata sin ninguna condición.

El populismo en el que está embarcado Massa de cara a las elecciones lo lleva a ver con malos ojos al FMI, como el salvaje prestamista capitalista y a los chinos, que le activan el swap, como una institución de beneficencia. La típica doble vara con que se mueve el populismo.

Argentina ingresó al FMI en 1956, desde entonces firmó 29 acuerdos. Once fueron bajo gobiernos peronistas, luego le siguen los radicales y los militares ambos con 6, el desarrollismo con 4, Guido con 1 y Cambiemos con 1. Es decir, la mayor cantidad de acuerdos (stand by, facilidades extendidas, etc.) fueron firmados bajo gobiernos del signo político con el que se identifican Massa y Cristina.

Habrá que ver qué decide el FMI porque el atraso cambiario, el desborde monetario y fiscal son demasiados graves como para que no le pidan correcciones. Recordemos que el FMI ya le flexibilizó las metas de reservas y las fiscales a Massa y tampoco cumplió.

El informe sobre Argentina que emitió el FMI es lapidario a la hora de las negociaciones. En esencia le está pidiendo a Argentina terminar con el cepo cambiario, los tipos de cambio múltiples, devaluación del peso, disciplina fiscal y monetaria. Lo básico de un manual de lógica económica.

El problema que estas medidas chocan con los objetivos políticos de Massa. Subir el tipo de cambio ahora, a menos de un mes de las PASO, no luce probable para él. El tema es si el FMI está dispuesto a desembolsar los fondos sin esas correcciones. Si no lo hace, es probable que Massa siga con los controles actuales y recurra al swap con China para pagarle al FMI y no entrar en default con dicha institución.

Eso sí, le va a dejar un gran lío al próximo gobierno.

En lo que hace la tasa de inflación, el aumento del 6% en el IPC de junio marca algunas dudas sobre su veracidad, de todas maneras, si se toma la inflación promedio desde que Massa llegó al ministerio de Economía, se ubica en el 5,9% mensual. Es decir, en todo caso la inflación de junio se ubicó en el promedio mensual que viene teniendo Massa.

Por su parte, Martín Guzmán tuvo una inflación promedio mensual del 5,8%, es decir, que Massa, que era el que venía a solucionar los problemas, tuvo, por ahora, una inflación promedio mensual peor que la de Guzmán que lo echaron por ineficiente.

En lo que hace al IPC, las dudas de su veracidad tienen como antecedentes el día en que Lavagna quiso cambiar la fecha de publicación del IPC, que era un viernes, justo antes de un domingo con elecciones importantes en varias provincias. Finalmente, no se cambió el día por el escándalo que hubo y el IPC dio un aumento del 8,4%.

Otro problema fue con los datos del Censo y, no es un tema menor, que Marcos Lavagna, además de ser director del Indec, forme parte del equipo que negocia con el FMI. Tiene doble función.

Mientras la inflación sigue siendo alta, el nivel de actividad entra en zona de descenso. En mayo, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) tuvo una caída interanual del 5,5% y, en la versión desestacionalizada, la caída fue del 0,1% respecto a abril, donde ya había caído un 1,8% frente a marzo. El acumulado de los primeros 5 meses del año da una baja del 1,3%. En definitiva, la economía está en un proceso de recesión con inflación.

En síntesis, es probable que el FMI decida transferirle a la Argentina los fondos necesarios para que le pague lo que tiene que pagarle a fin de mes, de manera de evitar que caiga en default, y esperar a ver el resultado de las PASO para saber si puede haber un ganador en octubre y conocer con quiénes van a tener que seguir negociando en el futuro.

Mientras tanto, Massa seguirá usando el salvavidas del swap con China y tal vez manotee depósitos en dólares que no le corresponden para llegar a octubre.

Es más, si el 13 de agosto la oposición logra una ventaja importante sobre el oficialismo que permita imaginar un resultado favorable a Juntos por el Cambio en octubre, eso puede, incluso, ayudar a Massa dado que los inversores no actuarían con pánico, como ocurrió en las PASO de 2019.

Lo que no se entiende es qué está haciendo Massa. Por un lado barre toda la basura debajo de la alfombra para dejarle todos los problemas al próximo gobierno, pero, al mismo tiempo, se presenta como candidato a presidente. En el hipotético caso que ganara las elecciones, Massa estaría heredando los problemas fenomenales que él armó.

Es la primera experiencia en Argentina que el ministro de Economía, ejerciendo el cargo, es candidato a presidente. Algo inédito y, encima, un ministro de economía que ha llevado la inflación a los 3 dígitos anuales y sumergido la economía en un proceso recesivo.

Un escenario electoral sumamente raro que quedará como curiosidad en los libros de historia económica.

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