Por Luis Custodio
Los peores nubarrones en la economía europea parecen haber pasado. Los presagios de una fuerte recesión para 2023 quedan atrás, según el economista español Juan Carlos Martínez Lázaro. Advierte, de todos modos, que será necesario comenzar a recomponer la situación fiscal no más allá de 2024. Destaca la inflación como “el gran problema” y señala que Europa debe comenzar a re escenificar su estrategia de globalización. A continuación, un resumen de la entrevista.
—Cumplido un año del inicio de la guerra en Ucrania, ¿cuál es el momento que atraviesa Europa?
—La incertidumbre sigue, porque está atada a la acción de Rusia y su intención de continuar la guerra, como ha dejado entrever. Pero a esa incertidumbre la acompañan algunas certezas.
Es muy importante el apoyo político que la Unión Europea está dando a Ucrania, que un año atrás podía dudarse de ello. Eso significa que Europa está unida, más allá de algunos episodios controversiales, para afrontar este problema. Además, Europa ha sabido muy rápidamente empezar a reducir la gran dependencia de los hidrocarburos rusos. Dejamos de importar carbón, también petróleo y derivados; aún queda el gas, pero cada vez menos, ya que se han obtenido otros suministros que, aunque más caro y con algunas restricciones, han permitido escapar de los recortes que en algún momento se consideraron inevitables.
Y una certeza más: el choque económico producido por la invasión rusa, en un momento donde todavía sentíamos los coletazos de la pandemia, hoy lo podemos observar con una postura más optimista.
—¿En qué medida se puede ser optimista?
—Cada vez está más claro que la economía europea no va a entrar en una fuerte recesión este año, de alguna manera la situación parecer ir evolucionando positivamente. Con la guerra en nuestras fronteras, el riesgo militar y geopolítico de alguna manera ha sido internalizado desde el punto de vista económico. Hoy pensamos más en una situación que puede ir volviendo a cierto nivel de normalidad.
—Los números de la economía en 2022 han sido malos para Europa…
—Son malos, pero menos malos de lo que se esperaba hace 6 o 9 meses. El invierno pasado todo parecía peor, especialmente ligado a la dependencia energética de Europa y la preocupación por cómo se iba a poder gestionar las inminentes restricciones en el suministro, sobre todo en los países del centro y el norte. Sin embargo, a menos de un mes que acabe el invierno, esto no pasó ni va a pasar.
El golpe va a ser bastante más moderado y menos duradero su impacto en relación con lo que se pensaba. Varios de los países centrales de Europa cerraron en rojo el año pasado —como Alemania e Italia—, con un cuarto trimestre más complicado que los tres primeros. Pero no hubo debacle, y finalmente, cuando estén los números finales del PIB 2022 de todos los países de Europa, veremos una mejor cara de lo que imaginábamos, con estancamiento para algunos, otros con un retroceso leve y algunos creciendo. En el caso de España hay un crecimiento del PIB de 5,5%.
Mantener el flujo del gas ha sido clave, como mencioné antes, y tenemos que tener en cuenta también una baja en los precios de las materias primas, como consecuencia de una demanda china que retrocedió debido a los reiterados confinamientos por el Covid-19.
—Esa baja de las materias primas puede revertirse, al salir China del confinamiento…
—Es cierto, probablemente China va a tirar de la demanda para arriba y ahí puede producirse una presión, pero tampoco hay que olvidar que por otro lado va a haber economías que van a crecer sustancialmente menos de lo que crecieron en 2022 y, por tanto, van a reducir su demanda energética. Si no ocurre ningún otro shock inesperado, 2023 yo creo que va a ser un año mejor a lo inicialmente previsto.
—La cobertura energética se mantuvo, pero los costos impactaron fuerte en la sociedad.
—Las tarifas subieron, es verdad, y esa realidad está siendo absorbida con algunas dificultades. Junto a otros rubros, como los alimentos y los fertilizantes agrícolas, redundaron en presiones inflacionarias que han llevado los índices a niveles extremadamente elevados, lo que ha pegado a las clases más populares. Todo eso, además, en un contexto climáticamente malo debido a la sequía. Es una realidad, los niveles de pobreza en Europa van a aumentar, tendremos más desigualdad por delante, lo que no es un problema menor para nuestros países.
Todos los países han puesto en marcha diferentes programas de ayuda para tratar de minimizar esos impactos, pero igualmente habrá consecuencias.
—Ese incremento de la pobreza, aunque la economía en conjunto supere el impacto de la guerra, puede traer tensiones…
—Es peligroso. No solo por el sufrimiento de las clases menos pudientes, sino también porque eso genera conflictividad social y en ese contexto, el crecimiento de opciones populistas, que encuentran un caldo de cultivo perfecto en esa desigualdad creciente.
—¿El dato de inflación es el que más preocupa?
—Sí, creo que podemos encontrar ya un camino de baja en la inflación, donde básicamente alimentos y energía, los dos rubros que más han crecido en 2022, van a tener un componente más de estabilización; eso no quiere decir que los precios vayan a bajar, en realidad esperamos que dejen de crecer al ritmo que lo estaban haciendo. Va a costar llegar a un 2% de inflación anual, como objetivo deseable. Sería muy difícil alcanzarlo y si lo encontramos este año, sería por una fuerte contracción económica, algo que tampoco es deseable.
—Para un europeo, vivir con una inflación de 7, 8 o 10% era impensable hasta hace poco tiempo…
—Claro, cuando en realidad el problema que teníamos era que el Banco Central Europeo no conseguía llegar a sus objetivos de inflación y estaba imprimiendo dinero para hacerlo. Nos estábamos “japonizando” y de repente, pues nos hemos encontrado con una inflación que nadie esperaba.
En el mediano plazo, estos niveles de inflación son peligrosísimos. Un año de inflación de dos dígitos como hemos tenido, desde luego no es adecuada, pero el problema es que esto se vuelva crónico como nos ocurrió en los años 70.
En ese sentido, es muy interesante rescatar cómo los bancos centrales en Latinoamérica empezaron a subir las tasas de interés mucho antes que en Europa. “El lobo” de la inflación les resulta más familiar y reaccionaron enseguida. En Europa, mientras tanto, no veíamos el lobo desde hace 40 años y reaccionamos más tarde. Las economías latinoamericanas han evitado con eso entrar en una espiral inflacionista, han estabilizado sus tasas de interés en muchos casos y eso abre una clara posibilidad de baja de las tasas de interés en poco tiempo.
—Para el BCE, aún quedan un par de subas de tasas de interés en el calendario…
—Una ya está, será en marzo, a partir de allí veremos, es probable una más en el correr del año. Pero evidentemente todavía el ciclo económico no he encontrado su fin en Europa, precisamente porque —yo creo— empezó demasiado tarde. La primera suba significativa se hizo en septiembre, prácticamente un año después de que muchos bancos latinoamericanos. Cuando llegas tarde a un sitio, pues es lógico que tardes más en salir.
—¿Será en 2024 el cambio de política monetaria?
—Esperemos que sí, mucho de lo que ocurra en 2024 va a ser lo que Putin quiera que ocurra. Todavía es muy pronto para estar pensando en un cambio de ciclo de la política monetaria en Europa y en Estados Unidos.
—Uno de los puntos más complejos al inicio de la guerra fue el de los fertilizantes. ¿Europa encontró alternativas al producto ruso?
—En realidad no; es muy complicado, porque Rusia es el gran productor de fertilizantes del mudo y eso ha afectado la producción agrícola europea. De hecho, una de las ideas que está barajando la Unión Europea es la de excluir de los paquetes de sanciones precisamente a los fertilizantes, para tratar de que ese insumo tan necesario para las producciones agrícolas, tuviera unos precios más más adecuados. Hablamos mucho de la energía, sí, pero la cuestión de los fertilizantes o es menor.
—Los paquetes de ayuda que dispusieron los países europeos para superar el shock de la guerra, hoy son una amenaza vía déficit fiscal en algunos y alto endeudamiento en casi todos…
—Es un tema delicado, pero no resulta tan grave como puede ser en otros sitios precisamente por la presencia del Banco Central Europeo, que ha dejado muy claro que va a actuar para evitar una fragmentación entre los países del Norte y del Sur como ocurrió en los años 2011-12 y 13. Eso pone a Europa en una mejor condición. El excesivo endeudamiento es un problema verdaderamente acuciante a nivel global, especialmente en algunos emergentes, y si no es se soluciona con intervenciones de los organismos multilaterales, van a tener serios problemas.
Es cierto que en Europa los niveles de deuda en muchos casos duplican los objetivos del pacto de estabilidad, que eran 60% y, por tanto, las reglas fiscales van a tener que ponerse otra vez en vigor en 2024 y eso esperemos que ayude a ir encauzando esos niveles de déficit de deuda.
Pero el espacio fiscal que tiene Europa es importante. Alemania, por citar el caso más relevante, ha lanzado un plan gigantesco de ayudas, ya que cuenta con una espalda que no tienen otros países, donde los recursos son menores y eso deberá corregirse a la brevedad. Por otro lado, en muchos países las medidas que se han tomado son de corte generalista, sin poner el foco en las clases más más necesitadas, con lo que el efecto se diluye. Por ejemplo, España subvencionó 20 céntimos los carburantes en general, y eso beneficia a las rentas más altas, que tienen un mayor consumo energético. En esos casos, el esfuerzo fiscal es enorme y apenas se nota.
—Las metas de estabilidad europeas, ¿necesitarán ahora de mayor flexibilidad?
—Yo espero que no sea así, espero que Europa empiece a apretar, creo que es necesario, porque los niveles de deuda se han duplicado y el margen fiscal de la mayoría de los países no es tan holgado como tiempo atrás. Debemos volver a esas reglas fiscales, seguramente no con tanta dureza y exigencia, porque a algunos países les será muy difícil, pero tiene que haber algo, un principio de acuerdo para empezar a reducir déficit fiscales hacia niveles más sostenibles.
—¿Europa se replantea la globalización?
—Creo que ha llegado el momento de revisión de una globalización quizá demasiado centrada en aspectos económicos, en aspectos puramente de costes, y ahora debería ser pensada tomando en cuenta factores geopolíticos y de seguridad en el suministro. Hemos vivido en poco tiempo dos fenómenos muy disruptivos como la pandemia y la guerra de Ucrania, que han puesto Europa ante una realidad que desconocía. En cuanto a la pandemia, había deslocalizado la producción de bienes insumos médicos que eran absolutamente claves —no fabricamos mascarillas, por ejemplo— y el conflicto de Rusia—Ucrania, como ya hablamos, nos ha expuesto a un proveedor energético que dejó de ser fiable.
Somos muy vulnerables de esa forma, por lo tanto, espero que estos dos choques de realidad que nos han dado, sirvan para que Europa se replantee sus alianzas comerciales estratégicas con terceros países. Europa va a tener que ser mucho más autosuficiente energéticamente y en ese sentido hay un campo importante de desarrollo de energía renovables. Asimismo, debemos replantearnos la producción de ciertos, bienes y servicios, en línea con lo que Estados Unidos está aplicando con mucho énfasis, relocalizando su producción dentro del país o en países limítrofes.
Europa tiene que apostar por socios más de proximidad, pero sobre todo socios más confiables; el problema es que Europa no está rodeada de socios muy confiables ni por el Sur ni por el Este y lo tiene difícil. Por eso va a tener que ponerse más el foco en ella misma.
—¿El Reino Unido habría tenido menos dificultades ante las consecuencias de la pandemia y la guerra en Ucrania si aún estuviera en la Unión?
—Es difícil decirlo. Han pasado tres años apenas y con fenómenos inesperados, pero es cierto que una parte importante, sobre todo de los problemas de escasez de mano de obra y problemas logísticos que está teniendo el Reino Unido, vienen determinados básicamente por el Brexit. Hay problemas anteriores que tampoco se solucionaron, como la inmigración ilegal. La economía británica está en una situación muy delicada, donde sus exportaciones no se han recuperado mientras las europeas sí lo han hecho. Pues ahora el Reino Unido va a tener que aprender a convivir con esa situación, y quizás empiece a darse cuenta de que tal vez hace algo más de frío a la intemperie. Deberán aprender a vivir de soltero y veremos qué tal lo hacen, pero ese el camino que eligieron y veremos si les resulta bueno.