Exportaciones, incertidumbre global y sequía: la marcha de las colocaciones uruguayas en el exterior durante 2026

En medio de un comportamiento heterogéneo, las ventas de bienes uruguayos al exterior sufrirán en conjunto una caída de 3% en divisas durante este año.

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Las exportaciones de bienes de Uruguay al mundo mostrarán perspectivas menos favorables en lo que resta del año tendrán y para todo 2026 reflejarán una retracción del orden del 3% en relación con el año previo, según estimaciones de Uruguay XXI. Mariana Ferreira directora ejecutiva de este instituto, explicó que más que un deterioro generalizado del sector exportador, “lo que se observa es una creciente heterogeneidad entre cadenas, donde los factores climáticos, productivos y de precios internacionales están afectando de manera muy distinta a cada sector”. En esa línea, la sequía pasará factura a la producción de soja, mientras aparecen señales de recuperación de precios en la celulosa y la carne bovina mantiene buena cotización internacional, y en este caso la restricción es interna, ante problemas de oferta. Uruguay XXI también recoge las consultas de inversión desde el exterior, donde se verifica un marcado interés desde Brasil, país que concentra estratégicamente una parte importante de los esfuerzos del instituto en sus políticas de promoción. A continuación, un resumen de la entrevista.

—En el actual contexto de incertidumbre y alteraciones geopolíticas, ¿qué se puede esperar del comercio exterior?

—Es cierto que Uruguay enfrenta un contexto internacional desafiante, marcado por una desaceleración del crecimiento global, tensiones geopolíticas persistentes y una mayor volatilidad en los precios internacionales. Desde comienzos de 2025 el contexto internacional sufrió cambios sustantivos. La profundización de la guerra arancelaria entre las principales economías, el aumento de las tensiones geopolíticas y, más recientemente, el conflicto en Medio Oriente, generaron un contexto de mayor incertidumbre para el crecimiento global y el comercio internacional.

—¿Ese marco es de riesgo para Uruguay?

—Para Uruguay esto implica un entorno más exigente, donde probablemente veamos un comercio exterior con mayor heterogeneidad entre sectores y mercados. En particular, el aumento en los costos energéticos y en algunos insumos estratégicos, particularmente fertilizantes, impactan directamente sobre las cadenas agroindustriales y sobre los costos logísticos a nivel global.
De todas formas, nuestro país mantiene algunas fortalezas relevantes. La diversificación de destinos, la inserción en cadenas agroindustriales competitivas y la demanda estructural de alimentos, forestales y servicios globales siguen sosteniendo oportunidades de crecimiento. Además, determinados sectores exportadores uruguayos continúan mostrando buenos niveles de precios internacionales, particularmente en carne bovina.

—El dato de las exportaciones de abril mostró un retroceso, ¿es solo un episodio o un cambio de tendencia?

—El dato de abril debe analizarse con cautela y en perspectiva. Abril mostró una caída interanual de 12% en las exportaciones de bienes, al cierre de un primer cuatrimestre que acumuló un crecimiento de 4%. Por ahora, no vemos necesariamente un cambio de tendencia, sí un escenario de mayor volatilidad y con perspectivas menos favorables para lo que resta del año.

—¿Cuáles son las proyecciones para la colocación de bienes en el exterior?

—En marzo actualizamos las proyecciones para el año y estimábamos una moderación del desempeño exportador, con exportaciones de bienes por aproximadamente US$ 13.162 millones en 2026, lo que implicaría una caída cercana a 3% respecto al año anterior. Esa proyección estaba asociada principalmente al impacto esperado sobre la soja y bajo el supuesto de que el conflicto en Medio Oriente no se prolongue significativamente ni genere disrupciones adicionales sobre la economía global.
En ese sentido, en los próximos meses esperamos que empiece a reflejarse con más claridad el impacto de la sequía sobre la campaña agrícola. Los datos de OPYPA estiman que la producción de soja se ubicará entre 1,8 y 2 millones de toneladas, aproximadamente la mitad de la cosecha récord del año pasado. Eso implicaría una caída cercana a US$ 600 millones en ingresos por exportaciones respecto a 2025.

—Pero la tendencia no es la misma para todos los rubros….

—No, el impacto no es homogéneo. En el caso de la celulosa, por ejemplo, durante buena parte de los últimos meses observamos menores precios internacionales y niveles elevados de inventarios, especialmente en China, principal mercado del producto. De hecho, en abril las exportaciones de celulosa cayeron 15% interanual. Pero al mismo tiempo, en las últimas semanas comenzaron a aparecer señales de cierta recuperación en las referencias internacionales, algo que esperábamos que ocurriera gradualmente a medida que se normalicen inventarios y mejore la demanda industrial global.
Por otro lado, la carne bovina mantiene precios internacionales históricamente elevados, lo que ha permitido compensar parcialmente menores volúmenes exportados. En este caso, el principal desafío hoy está más asociado a factores productivos internos que a problemas de demanda externa. Según datos del INAC, la faena bovina cayó 45% interanual en abril, en un contexto de menor disponibilidad de ganado terminado y precios del ganado particularmente altos. Eso genera tensiones sobre la actividad industrial frigorífica y limita el volumen exportable, aun en un contexto de precios internacionales muy favorables.
En contraste, algunos complejos agrícolas muestran mejores perspectivas. La colza, por ejemplo, viene teniendo una campaña relativamente positiva, tanto en producción como en perspectivas comerciales, y podría contribuir a amortiguar parcialmente la caída prevista en soja.
Probablemente volvamos a revisar las proyecciones hacia setiembre, cuando ya tengamos mayor claridad sobre el desempeño agrícola, la evolución de los precios internacionales y el impacto efectivo de la coyuntura global.

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Las exportaciones de Uruguay al mundo
Foto: EFE

—En referencia a los primeros impactos del acuerdo con la UE, pocos sectores han comercializado hasta el momento bajo las nuevas condiciones del tratado…

Sí, es esperable ver señales más claras, aunque serán graduales y los impactos más profundos probablemente se observen en un horizonte de más largo plazo. Los acuerdos comerciales de esta magnitud no generan cambios inmediatos desde el primer día. Hay procesos de adaptación empresarial, utilización efectiva de las preferencias, ajustes logísticos, validaciones sanitarias y aprendizaje regulatorio que llevan tiempo, especialmente en mercados tan exigentes como la Unión Europea.
En esta primera etapa, hay sectores que rápidamente pueden capturar ventajas arancelarias porque ya tenían presencia consolidada en Europa y cadenas exportadoras operando. La carne bovina es probablemente el caso más evidente, particularmente por la mejora en las condiciones de acceso de algunas cuotas y por la consolidación de preferencias que antes estaban sujetas a mayor incertidumbre. También vemos oportunidades relevantes para productos miel, arroz, madera y alimentos diferenciados.
Uno de los principales cambios del acuerdo es el efecto en términos de previsibilidad, reglas claras y reducción de incertidumbre para las empresas. Eso es especialmente relevante para las mipymes, que muchas veces enfrentan mayores dificultades para acceder a información técnica, entender requisitos regulatorios o identificar oportunidades concretas de negocio.

—El acuerdo incluye un capítulo específico para mipymes…

—Exacto, y es muy relevante, porque incluye herramientas de cooperación, transparencia y acceso a información que pueden facilitar el aprovechamiento del tratado por parte de empresas de menor tamaño. Ahí Uruguay XXI tiene un rol clave como articulador y facilitador (al igual que las agencias de promoción de exportaciones de cada uno de los países del Mercosur).
El desafío no es solo que el acuerdo exista, sino que las empresas puedan efectivamente utilizarlo. Por eso estamos desarrollando una plataforma que va a estar en nuestra web, sobre el acuerdo Mercosur–Unión Europea, orientada especialmente a mipymes uruguayas, que permitirá consultar de forma simple y práctica las ventajas arancelarias, cronogramas de desgravación, cuotas, reglas de origen y otros requisitos relevantes para exportar hacia Europa.

—¿Qué otras oportunidades se verifican a corto plazo?

—En términos comerciales, estamos probablemente en uno de los contextos más dinámicos para la inserción internacional del Mercosur en décadas y, particularmente, para Uruguay. Al acuerdo con la Unión Europea se suman el acuerdo Mercosur–EFTA, la entrada en vigor del acuerdo con Singapur y el avance del proceso de adhesión de Uruguay al CPTPP. En conjunto, esto representa un cambio muy significativo en la estrategia de apertura internacional del país.

Más allá de la coyuntura internacional compleja, también es cierto que muchas veces los períodos de mayor incertidumbre generan incentivos para acelerar acuerdos económicos y comerciales que en contextos más estables suelen avanzar con más lentitud. En ese sentido, la fragmentación geopolítica y la necesidad de diversificar mercados y cadenas de suministro actuaron como impulso para que el Mercosur y Uruguay avanzaran significativamente en procesos de integración económica que tienen impactos positivos de largo plazo.

—Las exportaciones de servicios crecieron 2% en 2025. ¿Qué se proyecta para 2026?

—Las estadísticas de exportación de servicios no son tan ricas como las de bienes y no se realizan proyecciones. De todas formas, sí observamos cambios estructurales muy relevantes en el sector. En el contacto permanente con empresas y en el seguimiento de anuncios corporativos internacionales, vemos que la inteligencia artificial está acelerando una reorganización global de las operaciones de servicios. Varias grandes compañías están revisando cómo distribuyen sus centros de operaciones, soporte, tecnología y back office a nivel mundial.

En algunos casos eso implicó procesos de concentración o redirección de operaciones hacia mercados de gran escala, como India. Pero al mismo tiempo también se abren oportunidades para países como Uruguay, especialmente en segmentos de servicios de mayor valor agregado, operaciones especializadas y funciones vinculadas a tecnología, análisis de datos, inteligencia artificial y servicios corporativos avanzados.

—En materia de Inversión, ¿la última encuesta de Uy XXI reflejó mayor dinamismo en las consultas?

En 2025 tuvimos más de 300 consultas de inversión provenientes de distintos países. Las empresas brasileras fueron las que mostraron mayor interés en Uruguay representando el 30% del total, seguido por Estados Unidos y Argentina que explicaron cada origen el 15%. En lo que vamos del 2026, llevamos más de 120 consultas entre enero y abril, lo que es casi el doble de las que tuvimos en el primer cuatrimestre de 2025. Este año sigue siendo Brasil el principal origen de la consultas, compartiendo esa posición con las que llegan de Estados Unidos y también crecieron las que vienen desde España.
En este contexto mundial dinámico y desafiante las consultas de inversión hacia Uruguay muestran interés en sector de servicios globales, y temas de IA, temas de oportunidades en data centers y capital privado. En sectores como ciencias de la vida, alimentos y forestal muestran dinámicas asociadas a tendencias globales como la personalización, la sostenibilidad y el mayor valor agregado, y en temas de transición energética tenemos preguntas sobre hidrógeno, biocombustibles y combustibles alternativos.

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