OPINIÓN

El éxito de dLocal: carta a mis hijos y sobrinos

Mucho de transpiración, inspiración y algo de suerte.

Foto: Pixabay
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Queridos hijos y sobrinos:

Después de nuestra última “Pizza Celeste” para ver a Uruguay, me quedé pensando cómo explicarles mejor el tremendo logro de la empresa dLocal, sobre el que me preguntaron. Pensé en enviarles una columna que había escrito en El País en septiembre de 2020 cuando fue considerada el primer “unicornio” uruguayo. (El nombre de la criatura mitológica —“el caballo con un cuerno en la frente”— se usa en la jerga del emprendimiento tecnológico para designar una empresa tecnológica de reciente creación o start-up que queda valorizada en más de 1.000 millones de dólares).

Si quieren pueden leer aquella columna, pero preferí escribirles esta carta resumiendo algunas de sus ideas y rescatando otras de diálogos sobre “emprender y aprender” que he tenido con jóvenes y adolescentes.
dLocal es un emprendimiento desarrollado por uruguayos, desde Uruguay, que en 2015 vieron una gran oportunidad para facilitar los pagos y cobros de empresas globales como Amazon, Disney, Spotify, Uber y otras que venden servicios o productos en todo el mundo. Se dieron cuenta que había países y segmentos de la población menos atendidos por las tarjetas de crédito o los bancos tradicionales, pero que también necesitaban pagar por lo que compraban o cobrar lo que vendían.

Y lo que hicieron fue crear una empresa para satisfacer esa necesidad, para prestar ese servicio en países emergentes como Chile, Brasil o India, combinando gente talentosa y capital, que al principio financiaron con sus propios ahorros, deudas y aportes de algunos inversores cercanos. Después, al requerir más recursos para seguir creciendo, los obtuvieron incorporando nuevos socios, como ocurrió recientemente a través del Nasdaq, una de las bolsas de valores de Nueva York. Allí, hubo inversores que compraron acciones de la empresa, dejándola valorizada primero en 6 mil millones de dólares y en los días siguientes, cerca de los 10 mil millones.

Salvando las diferencias, se trata un éxito parecido a los de Suárez o Cavani cuando han sido contratados por grandes clubes europeos. Hay quienes confían en que su desempeño generará resultados acordes a los precios desembolsados.

Hay, por cierto, otros paralelismos con las actividades de grandes futbolistas u otras profesiones. Todas son formas de emprender. También es parecido a “la actividad de estudiante”. Porque aprender es una manera de emprender. Por varios años dedican recursos —tiempo y aportes de la familia y la sociedad— para invertir en su educación con el objetivo, a la larga, de prestar un servicio por el cual serán remunerados. Es invertir en capital humano.

Por supuesto que uno individualmente es el primero que capta los beneficios de esa inversión, pero también lo hace la sociedad en su conjunto. El caso de dLocal debería ser similar. Se enriquecerán sus creadores y socios, se beneficiarán sus empleados e incluso los Estados donde desarrolla actividades, pero también recibirán externalidades positivas el ecosistema emprendedor de Uruguay y otras empresas que están buscando capital.

Además de que aprender es emprender, hay otras conexiones e interacciones entre la educación y los emprendimientos.

Por un lado, aprender (educarse) es clave para emprender. Es cierto que muchos emprendedores han sido exitosos sin estudios terciarios, contratando a profesionales para suplir la falta de formación en ciertas áreas. Sin embargo, es evidente que una educación formal completa ayuda a desarrollar los proyectos y minimizar algunos costos, ya sea porque aporta conocimiento específico desde una carrera universitaria, o habilidades más generales a través de un postgrado en administración de empresas. El caso de dLocal es buen ejemplo también en eso.

Por otro lado, emprender ayuda a aprender. Participar alguna vez en un emprendimiento, por más pequeño que sea y más allá del propio de educarse, ayuda a desarrollar algunas habilidades que quizás no están en la educación formal. Es importante intentarlo en algún momento de la vida o acercarse a alguien que lo esté desarrollando. Siempre ayuda el “aprender haciéndolo” (learning by doing). No tengo dudas que las experiencias adquiridas por los socios de dLocal y su equipo les sirvieron para adquirir nuevas habilidades e identificar necesidades de capacitación, que seguramente aplicarán en nuevos proyectos.

Para terminar, quiero justamente insistirles sobre las habilidades que parecen estar detrás de un caso exitoso como el de dLocal, si alguno deseara emprender. Claramente es un equipo que “piensa global”, conectado con el mundo, que habla idiomas, actualizado en materia tecnológica y capacitado para vender servicios e ideas. Pero que probablemente también desarrolló habilidades blandas para plantearse metas ambiciosas, perseverar en ellas, tolerar frustraciones, adaptarse a circunstancias cambiantes y tener paciencia.

Sin nunca olvidar que estos éxitos, como los de Suárez y Cavani, al final tienen mucho de transpiración (esfuerzo), un poco de inspiración (talento) y algo de suerte (azar).
“Con cariños, Aldo”.


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