OPINIÓN

¿Cuán duro será el Brexit?

El Reino Unido debe decidir entre los beneficios evidentes del comercio libre o ser un país más pequeño y más pobre con su soberanía intacta.

Foto: Pixabay
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La telenovela que supone Brexit sigue desenvolviéndose en el Reino Unido, a escasos días de la fecha límite impuesta por la Unión Europea para la salida del Reino Unido del bloque. ¿Cuáles son las opciones que todavía tiene abiertas el RU, y cuál será el impacto de la salida sobre el país y su economía?

La Unión Europea, creada en 1958, nunca ha visto salir ningún país miembro. Pero si iba a haber uno, no es sorprendente que fuera el RU. Ese país, miembro desde 1973, siempre se preocupó de las implicaciones para su soberanía implícitas en la profunda integración económica que Europa buscaba. Se quedó fuera del euro y del acuerdo Schengen sobre libre movimiento de personas, y un debate enardecido sobre la pertenencia a la UE siempre dividía a los partidos principales. Cuando se decidió poner la cuestión a referéndum, los votos a favor de la salida de la UE prevalecieron con un escaso margen.

Con este fondo, no es sorprendente que las negociaciones sobre los términos de su salida hayan resultado difíciles, por no decir imposibles. No hay acuerdo en el RU sobre la relación que quieren con la UE y, algunos de los objetivos que persiguen entran en conflicto. No quieren, por ejemplo, seguir pagando cuotas a la UE, ni permitir el libre movimiento de personas a través de sus fronteras. Para conseguir esto, tienen que negociar un “Brexit duro” que les aleja bastante del bloque en el futuro. Sin embargo, pretenden mantener el comercio que ha beneficiado tanto al sector financiero, el automotor, la educación y el transporte aéreo, entre otros. Estas industrias se verán fuertemente perjudicadas por Brexit, si no se negocia una relación muy próxima con la UE, parecida a la actual (“Brexit blando”). Por último, nadie quiere cerrar la frontera entre Irlanda del Norte, que forma parte del RU, y la República de Irlanda, país independiente desde los años 20 y miembro de la UE. Pero sólo queda abierta con un Brexit blando.

La primera ministra Theresa May se inclinaba hacia esa salida denominada Brexit blando, pero el Parlamento rechazo tres veces los acuerdos que ella traía de las reuniones con la UE; su gobierno terminó cayendo. El nuevo primer ministro, Boris Johnson, prometió un Brexit duro, obligando a cerrar la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, medida que sería rechazado por todos los irlandeses. Su propuesta, que ofrece un área de libre comercio entre el RU y la UE con una unión aduanera entre las dos Irlanda, ha sido aceptada provisionalmente (para segunda lectura) por el Parlamento. Sin embargo, ellos rechazan los intentos de Johnson a forzarles a aprobarla antes del 31 de octubre, fecha límite para la salida del Reino Unido del bloque. Mientras tanto, la UE aún tiene que decidir si ofrece otra extensión al RU para seguir negociando más allá de esa fecha. Escocia, por su parte, cuestiona que se le ofrezca una unión aduanera a Irlanda del Norte y no a ella. Mientras tanto, se barajan fechas para elecciones nacionales, que podrían aclarar las cosas o complicarlas mucho más. Es difícil imaginar un río político más revuelto que éste.

¿Cómo se verá afectada el RU por Brexit? Todos los estudios económicos que se han hecho, incluso desde el gobierno, apuntan a daños importantes: menos oferta de trabajo por las restricciones en la inmigración; precios más altos para los productos importados actualmente de la UE (casi toda la comida y muchos otros productos necesarios como los farmacéuticos) y pérdidas muy importantes en los sectores que han exportado gran parte de sus bienes y servicios a la UE durante más de 40 décadas. Un estudio reciente calcula que el plan de Johnson costará a cada individuo un 8% de sus ingresos. Como contrapartida, los que apoyan Brexit proponen hacer del RU un “Singapur europeo”, desregulado y con bajos impuestos, que atraería mucha inversión para compensar las pérdidas previstas.

Lo que es evidente es que, haga lo que haga el RU en los próximos días, seguirá siendo un país muy dividido sobre una cuestión que nunca ha conseguido resolver: si quiere obtener los beneficios evidentes del comercio libre y el libre movimiento de personas y capital; o si quiere ser un país más pequeño y más pobre con su soberanía intacta. La pregunta es la misma a la que se enfrentan muchos países y personas en esta época de antiglobalización. Pronto puede descubrir el RU cuán costoso es elegir conservar su soberanía.

(*) Docente e investigadora de IE University, Madrid

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