Competitividad e inflación: las cosas por su nombre

Sin un dólar arriba de 40 pesos, la inflación no volverá al 4,5%. Para ello se deben utilizar todos los instrumentos anunciados a finales de enero y se debe ir a más con la rebaja de las tasas de las LRM.

Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)

Hay dos temas que están presentes en la coyuntura, sobre los que se enuncian presuntas verdades absolutas que tienen bases endebles. Ya he escrito sobre ambos, pero por lo visto hay que insistir.

Uno, que la mejoría que debemos tener en materia de competitividad debe hacerse dejando de lado el tema dólar y recorriendo otros caminos.

Dos, que, ya que la inflación bajó más de lo previsto, debemos aprovechar a ir, ya mismo, más lejos de lo programado.

Los problemas de competitividad que tenemos tienen origen diverso, pero se podrían resumir en los siguientes.

Desde el lado macro, la inconsistencia que cubre varios gobiernos, entre las políticas económicas, que ha generado como daño colateral un atraso cambiario extraordinario. Tenemos desde hace añares políticas fiscales expansivas, con déficits insostenibles, conviviendo con políticas monetarias contractivas. Y, hasta hace poco, indexación salarial en base a la inflación pasada más un aumento real desvinculado del valor de la productividad marginal del trabajo. En materia fiscal, un sector público que no conoce de dietas y, al contrario, engorda con nuevas agencias en cada gobierno, lo que deriva en altos impuestos.

Dos, desde el lado micro, en los mercados de bienes y servicios: una regulación laboral obsoleta, una escala pequeña de nuestra economía que facilita posiciones dominantes, “vacas atadas” por lo anterior y por malas regulaciones, que dan lugar a impuestos y subsidios implícitos en regulaciones y en precios de servicios públicos.

Ambas situaciones dan lugar a un país caro, como el consenso parece haber asumido. Pero no se asume que no se puede compensar con medidas en uno de esos dos frentes, los problemas que causa el otro.

Así como no sería correcto pretender que una devaluación compensara el no querer enfrentar los otros problemas (eso se intentó hacer y fracasó en el siglo pasado) tampoco se puede pretender que el dólar caiga hasta cualquier subsuelo y eso se pueda compensar con medidas microeconómicas. Máxime cuando es obvio que éstas, aún si se adoptaran hoy, generarían efectos recién pasado mañana. Las acciones emprendidas por el equipo económico a finales de enero muestran que este punto de vista se comparte, al menos en una situación extrema como la actual.

Pero parece que esta moda (que lo es) vino para quedarse e incluso es asumida por el equipo económico que dice que siempre seremos un país caro (Oddone) y que está bien que así sea y que cuanto más caro mejor (Tolosa).

Eso sólo se puede evitar si se está dispuesto a ir a un superávit primario de por lo menos un punto del PIB, que permita al Gobierno Central comprar genuinamente los dólares que necesita para pagar sus cuentas en moneda extranjera. Pero eso implicaría hacer un ajuste fiscal de verdad, lo que no es apto para los políticos de estos días, que llaman ajuste fiscal a medidas con impacto insignificante.

Vayamos ahora al segundo tema. Es raro. Acá se admite que la FED tenga dos objetivos (estabilidad y crecimiento) pero no que lo tenga nuestro BCU (que sí lo tiene en su carta orgánica, dicho sea de paso). Acá también se admite que si la tasa de inflación en EE.UU. baja de la meta de 2% se aplique una política expansiva, pero en el caso de nuestro país, si la inflación baja de la meta de 4,5%, “ya que estamos, aprovechemos a ir más lejos de una vez”.

Sólo un fundamentalismo al que sólo le importe un único objetivo a cualquier precio puede dar lugar a semejantes posiciones. En este caso el equipo económico tiene las cosas claras y ha decidido actuar ante la convicción de que la inflación se les hunde.

Menos inflación de la programada implica más déficit fiscal por la diferente memoria de ingresos y egresos fiscales. Por ejemplo, la recaudación del IVA tiene una memoria de un mes, y acompaña en su desaceleración al índice de precios. Mientras tanto, las jubilaciones suben en enero según el aumento de los salarios en el año anterior y quedan fijas para todo el año.

Por otro lado, menos inflación implica más salario real. Y, dado el crecimiento de la economía, como éste es acompañado por el de la masa salarial, más salario implica menos empleo. Más aún si la economía crece menos de lo programado. Esto no es sólo teoría, lo vivimos entre 2015 y 2019 y costó la pérdida de más de 50 mil ocupados.

Ha sido una buena noticia la reacción del equipo económico, tanto en el BCU como en el MEF, ante esta situación. Hasta ahora (mando al diario esta columna en la mañana del lunes 16) se redujo la tasa de política monetaria (TPM) en 1%, el BCU anunció que está pronto para intervenir en el mercado comprando dólares y el MEF dijo que decidió adelantar compras de dólares para sus erogaciones en moneda extranjera y que invitó a hacer lo mismo a las empresas estatales. En sólo tres semanas, algo ha sucedido: el dólar ganó 1,90 pesos vis a vis una canasta de monedas relevantes. Algo es algo.

Que se sepa, sólo operó hasta el momento la rebaja de la TPM, además de que el BCU fue un poco más lejos con las tasas de corte de las LRM, señalizando una nueva reducción importante de la TPM para la próxima reunión del Copom, prevista para el día 3 de marzo. En la semana del 9 de febrero, la tasa de corte promedio para los cuatro plazos de las licitaciones de LRM fue 5,97%, 1,13 puntos menos que en la semana antes del último Copom.

Coincido con Julio de Brun en cuanto a que la TPM tiene poca relevancia y que es en el campo de las LRM donde se debe jugar el partido. En ese sentido, el BCU debería seguir bajando sus tasas de corte todo lo que sea necesario. Y si en algún momento se cayera la demanda por ellas, tiene los mecanismos para amortizarlas, como muy bien hizo más de una vez en el pasado, en particular en el último cuatrimestre de 2008, en medio de una fuerte crisis financiera global.

Pero algo debe quedar claro: sin un dólar arriba de 40 pesos, la inflación no volverá al 4,5%. Para ello se deben utilizar todos los instrumentos anunciados a finales de enero y se debe ir a más con la rebaja de las tasas de las LRM. De paso, contribuiría a mejorar la situación patrimonial del BCU, que viene en caída desde hace más de un año.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar