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Argentina: 100 días de licuadora en vez de motosierra

En estos 100 días, Javier Milei se ha limitado a licuar gasto público y no pagar cuentas para llegar al déficit cero. La interrogante es cuánto tiempo puede aguantar una estrategia fiscal de estas características.

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Asuncion de Javier Milei
Asuncion de Javier Milei.
Foto: AFP

Habiendo superado los 100 días de gobierno de Milei, es cuando se puede hacer un primer balance, según dice una regla política que nadie sabe quién la escribió y por qué es que a partir de esos 100 días es el momento de revisar lo actuado.

Pero aceptando ese criterio arbitrario, en estos 100 días se pueden comparar las promesas de campaña con lo hecho realmente. Y, de lo hecho realmente, qué resultados se están obteniendo.

Durante la campaña electoral, Milei levantó dos banderas que fueron sus estandartes preferidos: 1) su promesa de dolarizar la economía y 2) su anuncio de combatir a la casta.

Respecto a la dolarización, cabe recordar que en una entrevista de televisión dijo que un fondo de inversión de los más grandes del mundo ya le había asegurado que le prestaba US$ 10.000 millones para dolarizar la economía. El periodista le preguntó si esos US$ 10.000 millones ya los tenía y Milei respondió: “¿querés que te muestre mi celular?”, insinuando que tenía un WhatsApp en el cual le confirmaban que le prestaban esa suma.

En otras entrevistas periodísticas sostuvo que varios fondos de inversión lo llamaban para financiar la dolarización de la economía argentina.

Por otro lado, como el Banco Central le debe a los bancos $ 31 billones (el equivalente a US$ 31.000 millones), dinero que los bancos le prestaron al Central con los depósitos de la gente, para dolarizar tenía que cerrar el Banco Central y, si cerraba el Banco Central, tenia que cancelar esa deuda con los bancos. Caso contrario, defaulteaba a los depositantes en los bancos.

Su propuesta consistía en armar un fideicomiso con los bonos del tesoro que el Banco Central tiene en el activo y con el respaldo de esos bonos, que poco valor tienen en el mercado, emitir un nuevo bono para vender y cancelar la deuda del BCRA con los bancos. Lo que se denomina pasivos remunerados del Banco Central.

En concreto, los US$ 10.000 millones para rescatar la base monetaria nunca aparecieron y el fideicomiso nunca se hizo, con lo cual la dolarización parece haber quedado postergada o quedó en el olvido. Eso se verá con el tiempo.

Es más, ni bien ganó las elecciones dijo que el presidente del Banco Central iba a ser Emilio Ocampo, quien venía insistiendo con la dolarización. Cuando lo nombró, dijo que iba a ser el hombre que iba a cerrar el Banco Central. A los pocos días, lo reemplazó por Santiago Bausili, socio en la consultora con el ministro Caputo, y el nuevo presidente del BCRA afirmó que mientras él sea presidente del Central, el banco no se cierra.

No obstante, Milei siguió insistiendo con que va a dolarizar, pero también dijo que enviará un proyecto de ley al Congreso para que vayan presos los directores del BCRA que emitan moneda para financiar el déficit fiscal y los funcionarios del Ministerio de Economía que reciban esa emisión. Algo realmente curioso porque no tiene sentido sancionar una ley de ese tipo si se va a dolarizar y el peso va a desaparecer. ¿Para qué quiere una ley que establezca la pena de cárcel para los que emitan una moneda que no va a existir?

En lo que hace a su combate contra la casta, estandarte de su campaña electoral, basta con decir que nombró a Scioli como Secretario de Turismo, Medio Ambiente y Deporte, siendo que Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner, gobernador de la provincia de Buenos Aires dos veces bajo la presidencia de Cristina Kirchner por el partido de CFK y embajador en Brasil durante el gobierno de Alberto Fernández.

Por su parte, Guillermo Francos fue presidente del Banco Provincia de Buenos Aires cuando Scioli fue gobernador de la provincia y, hasta poco antes de la primera vuelta, estuvo como representante de Argentina en el BID nombrado por Alberto Fernández.

El listado puede seguir con gente que viene de lo que él denomina la casta, pero con esos dos ejemplos basta para ver que, como todo populista, inventa enemigos para combatir.

Cristina Kirchner inventó como enemigos al FMI, los grupos concentrados y los medios de comunicación a los que ella iba a combatir para defender al pueblo.

Milei inventó la casta como enemiga del pueblo y él se presenta como el salvador del pueblo que viene a enfrentar a la casta. Ambos, usando las típicas formulas del populismo.

Volviendo al tema económico, su nuevo estandarte de discurso es que el déficit fiscal cero no se negocia. Su bandera es que no puede haber déficit fiscal y de hecho ya tuvo déficit fiscal cero en enero y en febrero, pero con algunos trucos que comentaré luego.

En rigor, el problema no es el déficit fiscal, sino el nivel de gasto público. En otras palabras, es preferible un gasto público del 15% del PIB con un déficit fiscal de 2% del producto, que tener un gasto público del 45% del PIB con equilibrio fiscal. Es que en esta última opción, el equilibrio fiscal implica estar ahogando al sector privado con impuestos.

Por cierto, en materia impositiva, Milei dijo durante la campaña electoral que antes de aumentar un impuesto se cortaba un brazo, pero lo primero que hizo cuando asumió fue proponer volver a aumentar el impuesto a las ganancias, subió el impuesto PAIS del 7,5% al 17,5% y lo quiso aplicar a todos los productos que se importan, con lo cual cerraba más la economía, dado que ese tributo actúa como un arancel a las importaciones. Finalmente, también quiso aumentar los derechos de exportación para los derivados de la soja y aplicar un derecho de exportación para todas las exportaciones.

Todo esto naufragó cuando quiso que le aprobaran la ley ómnibus y el DNU. Entre ambos instrumentos, había 1034 artículos para aprobar a las apuradas y el proyecto terminó naufragando. Al menos por ahora.

En lo que hace al déficit fiscal cero, la forma de alcanzarlo fue licuando el gasto, es decir, subiendo las jubilaciones, los sueldos de los empleados públicos y los planes sociales por debajo de la tasa de inflación.

Por otro lado, no pagó los subsidios a la energía en enero y febrero. En otros términos, su plan motosierra fue más un plan licuadora más no pago de subsidios, que no es otra cosa que deuda.

En materia cambiaria, devaluó el peso y llevó el tipo de cambio a $ 800 por dólar, ubicándolo por debajo del precio del mercado blue o libre. Pero, además, estableció un ajuste mensual del 2% del tipo de cambio con una inflación que fue del 25,5% en diciembre, del 20,6% en enero y del 13,2% en febrero. En otros términos, está deteriorando el tipo de cambio real y por eso hoy Argentina es cara en dólares.

En síntesis, en estos 100 días Milei se ha limitado a licuar gasto público y no pagar cuentas para llegar al déficit cero. La interrogante es cuánto tiempo puede aguantar una estrategia fiscal de estas características. Al mismo tiempo, hubo una fuerte caída de los ingresos reales, en particular de los jubilados y de la clase media, que por ahora apoya, pero manifiesta su incertidumbre sobre su futuro.

Milei no ha logrado avances en reformas estructurales porque en vez de buscar apoyos en el Congreso, fue a la confrontación, incluso con opositores dialoguistas.

En definitiva, por ahora se ha encargado de buscar enemigos todo el tiempo, algo que, a la gente, cansada de tanta decadencia, por ahora parece agradarle, pero no ha empezado a resolver los problemas de fondo. Y, atención, ese permanente enfrentamiento no es una actuación. Es su personalidad real, lo cual hace pensar que, si no cambia, le resultará muy difícil obtener leyes claves para que la economía salga de la profunda recesión en que

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