Cien años después de que el hidroavión español Plus Ultra uniera por primera vez Europa y Sudamérica y convirtiera a Montevideo en una escala histórica, la ciudad sigue conservando rastros de aquella proeza. Hay un barrio que lleva su nombre, cuatro calles recuerdan a los integrantes de la tripulación, durante casi dos décadas existió un club de fútbol bautizado en su homenaje y, desde 1926, una panadería mantiene intacto el nombre que nació al calor del entusiasmo popular por la hazaña aérea. Son marcas dispersas, a veces inadvertidas, que sobreviven en el paisaje urbano y demuestran hasta qué punto aquel vuelo extraordinario logró instalarse en la memoria colectiva de los montevideanos.
Uno de esos homenajes permanece en el extremo noreste de la capital. En el límite entre Piedras Blancas y Manga, muy cerca del Polo Logístico de Portland de Ancap, cuatro pequeñas calles recuerdan a los hombres que protagonizaron la travesía: el comandante Ramón Franco, el copiloto y navegante Julio Ruiz de Alda, el radiotelegrafista Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada.
A pocos minutos de allí, en las inmediaciones de las avenidas San Martín e Instrucciones, existe además un barrio llamado Plus Ultra.
Paradójicamente, son pocos los vecinos que conocen el origen de esa denominación o utilizan el nombre para identificar al lugar, algo similar a lo que ocurre con otros pequeños barrios históricos de Montevideo, como el Guruyú de la Ciudad Vieja, cuyos límites también suelen pasar inadvertidos para buena parte de quienes los transitan.
El barrio Plus Ultra se encuentra detrás de la Base Aérea Boiso Lanza, que recuerda al primer mártir de la aviación militar uruguaya. La cercanía no parece casual. De hecho, toda esa zona concentra una notable cantidad de referencias vinculadas a la historia de la aviación.
Federico Maritán, maestro comunitario y colaborador del mensuario D Aquí Periscopio, explica a Domingo que las calles dedicadas a los tripulantes del Plus Ultra forman parte de un verdadero mapa aeronáutico.
“En Piedras Blancas está Teniente Rinaldi, quien falleció en un accidente aéreo cuando todavía predominaban las quintas de inmigrantes. Paralela se ubica Capitán Mateo Tula Dufort, aviador uruguayo que murió en Francia”, dice Maritán.
El recorrido continúa con figuras internacionales. “Uniendo Piedras Blancas con Camino Maldonado, está Santos Dumont, pionero de la aviación brasileña. En Manga aparece Camino Petirossi, precursor de la aeronáutica paraguaya y cuyo nombre lleva el aeropuerto de Asunción. Más hacia Mendoza e Instrucciones hay otras calles dedicadas a aviadores civiles. Cesáreo Berisso tiene una callecita de apenas cien metros, algo que contrasta con el hecho de que el aeropuerto de Carrasco lleve su nombre”, observa.
Plus Ultra Football Club
El impacto de la hazaña de 1926 también llegó al fútbol. En marzo de ese mismo año nació el Plus Ultra Football Club, fundado en el barrio Bolívar, donde desarrolló buena parte de su actividad hasta mediados de la década de 1940.
Según el portal especializado De La Platea, el club ingresó rápidamente a las competiciones organizadas por la Asociación Uruguaya de Fútbol y, ya en 1927, disputaba los torneos de la Divisional Extra, por entonces la última categoría del fútbol uruguayo, integrada por decenas de instituciones barriales que encontraban en la competencia oficial una forma de consolidar su identidad.
Su trayectoria fue irregular, alternando temporadas en la Divisional Extra y en la Intermedia, categoría que representaba un escalón de considerable prestigio dentro de la estructura futbolística de la época.
“Cada partido en el Barrio Bolívar se vivía como una fiesta comunitaria, enfrentando a rivales históricos del Montevideo de antes, en torneos donde los puntos se disputaban con el alma. Hasta que la historia del club concluyó en 1945. Las actas de la AUF no detallan las razones de su desaparición, aunque, como ocurrió con muchas instituciones de barrio de aquellos años, la falta de un escenario propio que cumpliera con las nuevas exigencias reglamentarias y las dificultades económicas habrían sido determinantes”, resume De La Platea.
La cancha del Plus Ultra Football Club ocupaba la manzana delimitada por Juan José Quesada, Marne y Gualeguay, muy cerca de las avenidas Batlle y Ordóñez y General Flores.
Panadería centenaria
Quizá el homenaje más visible y, al mismo tiempo, el más cotidiano, se encuentre en Garibaldi casi 8 de Octubre. Allí funciona desde hace exactamente un siglo la Panadería Plus Ultra, un comercio cuyo nombre nació al mismo tiempo que el hidroavión español hacía historia.
No fue una estrategia comercial cuidadosamente planificada, sino una reacción espontánea al acontecimiento que mantenía en vilo a la ciudad.
“Hasta donde llega la historia que recibimos, el negocio iba a llamarse de otra manera. Pero el avión estaba llegando, el revuelo era enorme y decidieron ponerle Plus Ultra. Fue un hecho tan trascendente que terminó dándole identidad al comercio”, cuenta a Domingo , su actual propietario.
La panadería abrió sus puertas en 1926 y, desde entonces, apenas cambió tres veces de manos, una continuidad poco habitual para un comercio de barrio.
Los primeros propietarios fueron dos socios ingleses, que permanecieron al frente del negocio durante cerca de 40 años. Luego llegó la familia Eiroa, que condujo el establecimiento durante casi seis décadas y terminó convirtiéndolo en una referencia para varias generaciones de vecinos. “Eran muy jóvenes cuando compraron la panadería y prácticamente hicieron allí toda su vida”, recuerda Tuja.
La tercera etapa comenzó hace apenas un año y medio, cuando él y su esposa decidieron hacerse cargo del local. La elección no fue casual. Tuja pertenece a una familia profundamente vinculada al oficio panadero.
“Somos tercera generación de panaderos”, explica. Además de Plus Ultra, continúa al frente de La Reina del Pan, en la calle Durazno, fundada por su abuelo hace cuatro décadas.
Nunca consideró cambiar la seña identitaria del local de Garibaldi. Para él no se trata solamente de preservar una marca comercial, sino de conservar un patrimonio del barrio y de la ciudad. “Esto fue una de las confiterías más grandes de Montevideo. Queremos que vuelva a serlo”, asegura.
Un siglo después de aquel amerizaje que detuvo a Montevideo, el Plus Ultra sigue dejando estela. Ya no en el mar o en el cielo, sino en la geografía y la memoria de la ciudad: en un barrio que lleva su nombre, en cuatro calles dedicadas a sus tripulantes, en la memoria de un club de fútbol y en una panadería centenaria que recuerda, cada día, la aventura que cambió para siempre la forma de mirar el horizonte.