EMILIANO LASA

"Lo soñé y un día supe que lo podía lograr"

Empezó con el salto largo a los 10 años. Hoy, con 27, y varios títulos y medallas, hace historia en el deporte nacional. Tokio 2020 es su próxima meta.

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Su próximo objetivo es ser candidato a una medalla en Tokio 2020

Antes de una competencia importante, como los Juegos Olímpicos o el Mundial de Atletismo, Emiliano Lasa (27) se siente raro: se le va el hambre y le cuesta dormir. En los días previos a saltar, prefiere estar tranquilo en la habitación de un hotel, escucha música que lo motive o mira videos de los atletas a los que tiene como ejemplo. "En realidad no sé si me pongo nervioso", aclara. "De repente sí me siento muy ansioso, quiero que llegue el día de competir, pero nervioso de pasarla mal no. Yo disfruto mucho de esto", dice desde un hotel en Birmingham, donde se realizó la tercera etapa de la Diamond Leage, una de las competencias individuales más importantes del mundo.

Allí Emiliano está solo. Su entrenador y sus compañeros regresaron a San Pablo —donde vive desde hace cuatro años—, luego del Mundial de Londres, a comienzos de agosto. En esa competencia el uruguayo llegó a la final y quedó noveno con 8,11 metros, marca que lo transformó en mejor noveno puesto de la historia. Pero él continuó compitiendo. Primero lo hizo en Francia, en un torneo en el que saltó a 3.747 metros de altura en los Alpes y donde estuvo a un centímetro de su récord nacional, que es de 8,19 metros, quedando tercero en la competencia y midiendo logros con el campeón del mundo y el olímpico. Después de Birmingham viajó a Zurich y de ahí a Croacia.

Pero previo a recorrer todos estos kilómetros lejos de casa, Emiliano compitió en el Campeonato Sudamericano de Atletismo, en Paraguay. Allí, saltó una sola vez y consiguió la medalla de plata. "Prácticamente no competí, tuve una molestia en el posterior izquierdo y si hacía los otros dos saltos era posible que me lesionara y me podía perder el Mundial. Creo que si hubiera estado en buenas condiciones podía haber ganado el oro, porque el que lo logró lo hizo con 7,93 y las marcas que vengo haciendo yo en las competencias durante el año son todas arriba de 7,96".

No deja de ser meritorio haber logrado una medalla de plata en un sudamericano con un solo salto...

Sí, obvio. Hace unos años era un sueño poder llegar a una medalla sudamericana, era como un gran objetivo.

Tras escuchar a Emiliano por unos minutos hay algo de lo que no quedan dudas: es un atleta exigente, muy exigente. Quizás esa fue una de las razones por las que sacrificó la cercanía con su familia— que es lo "más grande" que tuvo que dejar por su carrera — para ir a vivir solo a San Pablo a prepararse con Nelio Moura, un entrenador "de primer nivel mundial".

Elegir.

Emiliano nació en Montevideo, en el barrio Brazo Oriental. Como muchos niños uruguayos, creció jugando al fútbol con sus amigos en la vereda y a los seis años empezó a hacerlo en el club Bella Vista.

Tenía 10 años cuando se realizaron los Juegos Olímpicos de Sidney y, atraído por el desempeño del velocista uruguayo Heber Viera, su padre lo invitó a ir a la pista de atletismo. Él aceptó.

Al principio era un juego: ir a la pista, hacer pruebas de velocidad, probarse en salto alto y en salto largo. A eso, Emiliano lo combinaba con clases de batería, su equipo de fútbol y el estudio. "Estudié batería como por cinco años. Siempre me gustó mucho la música. En mi familia no había deportistas, había músicos y era una de las cosas que más me motivaban a estudiar. Pero la música en Uruguay es como el deporte, es muy difícil dedicarte a ella".

Cuando tenía 15 años tuvo que elegir: seguir jugando al fútbol o dedicarse totalmente al atletismo —los estudios, no estaban en dudas. "El salto largo siempre fue la prueba que más me gustó, y tuve suerte de que me fue bien y tenía talento para eso". Fue entonces cuando, a los 16 o 17, empezó a tomárselo "en serio".

No fue fácil para Emiliano llegar a donde está ahora. Más de una vez, mientras todavía entrenaba en Uruguay, pensó en abandonar. "Estuve un poco desmotivado, porque hubo algunos años en los que tuve lesiones, y además en Uruguay es muy difícil. Yo entrenaba solo y eso me tiraba un poco para abajo, muchos amigos que entrenaban conmigo habían dejado, porque eso es lo que pasa, muchos van quedando por el camino porque es muy difícil llegar un nivel alto. Todos dejaban y yo me iba quedando solo".

Y, aunque la posibilidad de irse a entrenar a Brasil con una beca de la Confederación Sudamericana de Atletismo, también lo encontraría solo en una ciudad nueva y desconocida, no lo dudó. Después de terminar la Facultad de Educación Física —le queda pendiente hacer la tesis— se fue a San Pablo y entonces sí, Emiliano empezó a soñar y a esforzarse por ser el mejor. "Soy bastante competitivo y exigente conmigo, pero en general los deportistas de alto rendimiento son así y quieren ser el mejor en lo que hacen. Cuando hago algo, me gusta hacerlo bien y de la mejor forma. Pero también sé cuándo me tengo que exigir y cuándo no".

Emiliano vive en un apartamento que alquila cerca de la pista de entrenamiento. Lleva una vida tranquila: entrena, descansa mucho y se reúne con sus amigos, todos brasileños del grupo de Nelio Moura. Sabe que su carrera requiere de mucha responsabilidad. "No es solo entrenar. Está lo que se llama el entrenamiento invisible, que es todo lo que uno tiene que hacer además de ir a la pista: descansar bien, cuidarse, hacer fisioterapia, ponerse hielo, hacerse masajes, alimentarse bien, muchas cosas. Se necesita mucha disciplina".

En su caso, esa capacidad de trabajo se juntó con sus condiciones técnicas para el salto largo. Y lo cierto es que Emiliano cumplió muchos de sus sueños: fue campeón en el Sudamericano 2015, obtuvo el tercer lugar en los Panamericanos del mismo año, fue finalista de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y quedó en sexto lugar, salió segundo en el Sudamericano de Paraguay y quedó noveno en el Mundial de Londres.

—¿Alguna vez pensaste que podías lograr todo esto?

—No sé si lo esperaba pero siempre lo soñaba y me esforzaba y hacía todo para llegar a conseguirlo. Siempre lo quise y lo soñé, y un día supe que lo podía lograr.

A cada paso, Emiliano aumenta su exigencia y sus metas. Ya no alcanza con ser finalista Olímpico, su próximo gran objetivo es llegar a los Juegos de Tokio en su "mejor momento" y poder "pelear por ser uno de los candidatos a una medalla". Ese es, ahora, su gran sueño.

A veces, cuando está en Brasil, extraña estar con su familia y sus amigos en Montevideo. A veces, cuando tiene viajes muy largos para competir en distintos países del mundo, añora Sudamérica. A veces, necesita volver a casa. Pero todo se pasa cuando piensa en su carrera. O cuando salta. Aunque en ocasiones pierde la perspectiva de lo que ha logrado, se ríe casi como con vergüenza al decir que sí, que es consciente de que está marcando la historia del deporte uruguayo. "Muchas veces me dicen que cuando yo salto en Uruguay lo miran como si fuese un partido de fútbol y que estoy generando algo que no se había generado con otro deporte. Yo no me doy mucha cuenta de eso, pero la verdad es increíble. La gente me hace llegar mucho su apoyo y eso es lindo".

SUS COSAS.

La música.

En algún momento de su vida se debatió entre ser deportista o músico. Aunque el atletismo ganó, la música lo acompaña en todo momento. Antes de una competencia, por ejemplo, escucha siempre canciones que lo motiven. "Desde rock, música latina o brasileña, escucho todo".

Su entrenador.

Emiliano cree que su entrenador, Nelio Moura, es tan responsable de sus logros como él. "Me siento muy bien con él y vengo progresando mucho año a año", dice el atleta. Está contento en Brasil, porque está cerca de Uruguay, y no se iría a entrenar a otro país, a menos que sea de la mano de Moura.

El primer logro.

La primera vez que participó de una competencia importante fue en 2008, en un Grand Prix Juvenil que se realizó en Ecuador. "Tenía 18 años y era la primera vez que viajaba solo. Además gané". Un año después tuvo su primera experiencia en un Sudamericano de mayores, que se realizó en Perú.

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