Seguridad antes que plan social

| El ex alcalde neoyorquino dice que con inseguridad no funcionan educación, salud ni nada. "No se puede ser liberal ni progresista con asesinos", asegura Giuliani.

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El País

LA NACIÓN (GDA) | ANY VENTURA

Pensar en un tema de actualidad es pensar en la inseguridad. Y al buscar un nombre que sea sinónimo de seguridad en el mundo surge el de Rudolph Giuliani. El ex alcalde, famoso por haber combatido el delito en Nueva York, trabaja todos los días en la oficina de su empresa de seguridad, en Times Square.

La cita era a las diez de la mañana. En el edificio de la Avenida de Las Américas, la Sexta, hay que subir al piso 19 y traspasar unas inmensas puertas de vidrio. Rudolph Giuliani apareció acompañado de su asistente, quien manejó los tiempos y colocó un grabador para tener su copia grabada de la entrevista.

-¿Cómo se resuelve la seguridad en un país, cuando ese asunto se mezcla con las mezquindades de la política y con la ideología?

-Siempre hay una relación entre política y seguridad, porque la seguridad en gran medida está provista por el Estado. Es muy importante separarlas. En Estados Unidos, he trabajado en hacer cumplir la ley más que en ninguna otra cosa. Hay gente que describe mi programa como "tolerancia cero", pero no es así; yo lo llamé Programa de Calidad de Vida, y eso tuvo mucha resistencia política. Fue resistencia de los sectores de los barrios que consideraban que era una invasión excesiva, no de la privacidad de la gente, sino de su derecho a movilizarse y a estar libre de interferencia policial. Mi programa para los sin techo también tuvo detractores políticos, porque hay todo un grupo que cree que la gente tiene derecho a vivir en la calle. Yo entiendo bien la Constitución. No veo que ahí figure el derecho a vivir en la calle. Crea peligro y condiciones antihigiénicas, puede ser un peligro para la salud, tanto de la persona que vive en la calle como para otras. Y el Estado tiene que tener un rol en cuanto a sacar a la gente de la calle.

-¿Cómo se sentó usted a negociar? Porque hay sectores más progresistas, que piensan que primero hay que solucionar la pobreza y después hablar de seguridad.

-Mi campaña para ganar la alcaldía se centró en gran medida en eso. Se trató de dar a los votantes una opción entre qué querían abordar primero: la seguridad o las cuestiones sociales. La filosofía política de la ciudad, desde que yo recuerdo, era exactamente lo que usted acaba de decir. Consistía en que, antes de llegar a la seguridad, había que mejorar las escuelas, dar salud, dar empleo, bienestar social. Dar, dar, dar...

-Hay sectores necesitados. ¿Cómo se hace? ¿Se los ignora?

-Cuando llegué a la alcaldía, Nueva York tenía 1,1 millones de personas viviendo de la seguridad social. Les dije: "Mientras no haya seguridad, nada de todo eso funciona". Porque cuando a alguien le ponen un cuchillo en la panza o le matan a un hijo, les importa mucho más la seguridad. Si uno no puede ir a la oficina de bienestar social para cobrar su cheque, ¿de qué sirve tener bienestar? Si uno no puede mandar a su hijo a la escuela porque teme que lo golpeen en el camino o que lo moleste un drogadicto en la calle, ¿de qué sirve que le provea escuelas gratuitas? Dediqué un año y medio a convencerlos de que la seguridad es lo fundamental, que es un derecho civil y el más importante. Se me criticó muchísimo aduciendo que yo ignoraba los derechos civiles. La gente se pone tan locamente ideológica que no piensa con claridad. Incluso la que es muy liberal, si lo piensa seriamente, llega a la conclusión de que la seguridad es lo primero. No tendrían la posibilidad de ser liberales si no estuvieran vivos. Con un asesino, no se puede ser liberal ni progresista.

-Hay un debate serio acerca de qué hacer con los delincuentes jóvenes. No hay acuerdo acerca de la edad de la imputabilidad.

-Una de las cosas más difíciles en la justicia penal es la juvenil. A un joven -cualquiera por debajo de los 18 años- hay que estar dispuesto a darle una oportunidad. Llegué a la conclusión de que en la mayoría de los casos es bueno darle otra oportunidad. Como juez, sería muy estricto en el caso de una segunda falta. Pero si comete una tercera, al niño hay que empezar a tratarlo como adulto. A menos que tenga problemas emocionales o mentales, que hay que resolverlos con cárcel-hospital.

-Para algunos, que no imaginan un futuro, la vida no vale nada. Matan por un celular.

-Cuando alguien asesina siempre existe el temor de que lo haga de nuevo. Aunque sean muy jóvenes, pueden ser muy peligrosos y difícil rehabilitarlos. Si se trata de asesinato, la presunción debe inclinarse a favor de considerarlo como adulto. A menos que haya circunstancias atenuantes: si es abusado, si es un niño que ve cómo abusan de su madre. Los crímenes asociados con drogas, que tienen que ver con niños, exigen que haya tratamiento lo más rápido posible, bajo custodia.

-¿Cómo negoció con jueces imponer esas ideas?

-Los jueces son difíciles, son independientes. En Estados Unidos, el presidente, los gobernadores, los alcaldes, el Ejecutivo, nombran a muchos de los jueces. Yo llegué a nombrar más de cien que compartieran mis puntos de vista en materia penal y que no otorgaran libertad bajo fianza fácilmente. La mayoría fue dura y ésa es la razón por la que se redujo el crimen. Funcionó. Apuntalamos el sistema legal e hicimos más duros a los jueces. Sin embargo, algunos me desilusionaron, y los critiqué. Muchas veces, la prensa se enojaba. Decían: "Usted está interfiriendo con la Justicia". Alguien estaría interfiriendo con su independencia si les dijese en secreto qué tienen que hacer. Yo no interfiero en su independencia si en público debato ideas. Eso es la democracia.

"Programa es caro pero erradica delincuencia"

-¿Cuál era su pesadilla cuando llegaba a la oficina?

-Tengo muchos amigos y enemigos en la política, pero a menudo el enfrentamiento fue con la prensa. Las diferencias no se limitaban al crimen. Yo quería reducir los impuestos -para estimular la economía- y la mayoría de la élite cree en los impuestos altos.

-Pero Giuliani, ¡ésa parece una postura casi socialista!

-Para el establishment liberal eso era ofensivo, incluyendo diarios, ONG, algunos políticos y parte de la curia. No diría que eran mis enemigos, pero sí opositores. La voz equiparable a la del alcalde es la de las instituciones públicas, no la de otro político, porque la alcaldía es una función política poderosa. The New York Times y el New York Post, la televisión, grupos sociales y religiosos, ésos son los que pueden montar un emprendimiento al mismo nivel.

-Si alguien quiere contratarlo como asesor, ¿usted va?

-Me encanta estudiar un nuevo lugar. Tenemos un programa llamado Comstat que Nueva York viene usando desde 1994. Ha habido una reducción del crimen cada año durante los 8 que dirigí la ciudad y los 7 en que la condujo Bloomberg.

-¿Usted y su programa son muy caros?

-Yo cuesto caro, pero el programa más. Requiere computarizar la policía. Se reúnen estadísticas de crímenes todos los días, que tienen que ser precisas. Se analizan. Hay que entrenar gente. Puede aumentar la cantidad de policías 10, 20 o 30 veces si hace falta. Se debe poder decir si cada comisaría fue exitosa. Si redujeron el crimen ese día, si no, cuáles aumentaron y por qué. A Nueva York le llevó un año entender el programa. Es caro, porque hay que tener gente muy talentosa. Una vez que se aprende, funciona solo.

-¿Cuál fue la peor primera plana que soportó?

-Una mañana, fui a desayunar con los diarios. Empiezo con los sensacionalistas porque los leo rápido. Vi los titulares. El Daily News decía: "El alcalde tiene cáncer" (N. de la R.: le diagnosticaron cáncer de próstata en 2000). Me dije: "Voy a ver el New York Post", y me encontré lo mismo: "El alcalde tiene cáncer". Entonces pensé: "Ahora, realmente tengo cáncer. Mi médico me lo dijo, pero si el Post y el Daily News lo dicen, debo estar enfermo".

Sin crímenes no hay crónica roja

-El Gobierno dice que los medios son los que insisten en mostrar los crímenes, y repetirlos.

-Si no hubiera crímenes no habría de qué escribir. Terminen con los crímenes y nadie se va a quejar. Si se terminan, los medios van a tener que escribir acerca de otra cosa.

-Tenemos muchos policías sospechados de corrupción. Se habla de abusos, y de zonas liberadas.

-Pasé mucho tiempo trabajando con la corrupción policial. Tuvimos un problema de corrupción en el Departamento de Policía de Nueva York. No sé si fue más o menos grave que el de ustedes, pero teníamos muchos policías que recibían dinero de narcotraficantes y de gente que estaba en el negocio del juego ilegal y en prostitución. Se creó la Comisión NAB, que investigó. Yo fui el fiscal de muchos de los casos que ellos llevaron a la corte. Hicieron audiencias en televisión, sacaron a la luz toda esa corrupción, y ayudó mucho.

-¿Por dónde empezaría en la Argentina?

-Primero, ubicar a los agentes de policía en los que se puede confiar, tratando de descubrir quiénes son los que están haciendo más arrestos, los más activos. Créase o no, entre los más activos van a encontrar a los mejores y a los peores. Hay muy activos que actúan para mejorar la comunidad y están los peores, los que actúan porque la actividad es la que crea la oportunidad. Los agentes más corruptos son los más activos, los que consiguen dinero invadiendo los antros: arrestan a los responsables, que les pagan para que dejen de arrestarlos. Son los que se ocupan de interferir las operaciones de narcotráfico.

-¿Cómo hacer para que se involucre el ciudadano común?

-Hay que terminar con la cultura del soborno. Ni siquiera aquella simple, para tener mejor servicio. Hay que decir: "Si se quejan de la corrupción policial, ¿para qué aportan? Probemos no pagarles más que sus sueldos". Cuando se haya determinado cuál es el grupo de policías honestos habrá que pagarles sueldos más altos; lo suficiente como para que los sobornos comunes no hagan diferencia.

Personaje polémico

¿Qué hizo? Puso 38.000 policías en las calles. Durante su permanencia en la alcaldía, la delincuencia se redujo un 57 por ciento. Cayeron los delitos comunes, y también los homicidios. Se prohibió, por ley, la existencia de sex shops y locales con ofertas de servicios sexuales cerca de iglesias o colegios. La mayor cantidad de detenidos fueron negros, inmigrantes e hispanos.

¿Qué le critican? Amnesty International denunció 90 episodios de tortura y muerte durante arrestos. Casos como el de Amadou Diallo, un vendedor ambulante que murió luego de recibir 19 balazos, o el de Abner Louima, un haitiano que falleció trágicamente en una comisaría, fueron los más resonantes a nivel mundial, y objeto de fuertes críticas.

Ilustres y famosos. Muchos dicen que, en realidad, la disminución del delito en Nueva York estuvo ligada al crecimiento general de los Estados Unidos, donde otras ciudades también se pacificaron con políticas menos represivas. Varios intelectuales y famosos fueron acérrimos críticos de Giuliani. La actriz Susan Sarandon, por ejemplo, estuvo presente en casi todas las manifestaciones públicas contra la "mano dura". Y Andrew Smith, director de sondeos de la Universidad de New Hampshire, afirmó durante la campaña para las elecciones primarias de 2008: "Giuliani ha llevado adelante la estrategia más estúpida jamás vista". Por el contrario, su candidatura a las primarias republicanas (a las que luego renunció) fueron apoyadas por actores como Bo Derek, Tom Selleck y el comediante Adam Sandler, que además aportó dinero para su campaña.

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