Restauró el órgano de Notre Dame y ahora busca que exista un órgano y un clave en cada departamento del país

"Un órgano y un clavecín para cada capital departamental" es el nombre del proyecto de Mario D'Amico. Ya llegaron siete órganos y dos claves; queda mucho camino por andar y hay poco apoyo del Estado.

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Órgano.

“Hoy es un día histórico para la cultura rochense: Desde la ciudad de Schiers, Suiza, y después de más de un mes en barco, llegó un órgano donado por la Iglesia protestante reformada de Schiers compuesto de tres teclados y 1.650 tubos, construido en 1928 y cuyo valor de construcción supera el U$S 1.000.000”.

Esto tuiteaba Alejo Umpiérrez, intendente de Rocha, el 12 de enero de este año. Unas líneas más adelante aparecía el agradecimiento al gran protagonista de la historia que vamos a contar: Mario D’Amico Holzmann.

Quizás no todos recuerden o sepan que D’Amico fue el uruguayo que trabajó en la reparación del órgano de la Catedral de Notre Dame (París) tras el incendio de 2019. Y tal vez muchos ignoren que la llegada del órgano para la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios de Rocha forma parte de una campaña que este organero se puso al hombro por —y nunca mejor dicho— simple amor al arte.

Un órgano y un clavecín para cada capital departamental es un proyecto que D’Amico viene llevando adelante desde hace unos pocos años aprovechando, entre otras cosas, la atención mediática que le dio trabajar en Notre Dame. Consiste en procurar que en todos los departamentos del Uruguay haya al menos un ejemplar de cada uno de estos instrumentos, no solo para formar estudiantes en su práctica, sino también para que se brinden conciertos.

“Como estudiante de música en Paysandú, teníamos un órgano destartalado que no funcionaba y no había permiso para que nadie más que dos o tres personas subieran a utilizarlo. Entonces directamente no había manera de poder formarse en el instrumento”, recuerda de aquel niño que quedó impactado por un concierto de Cristina García Banegas, reconocida organista y docente uruguaya y que, desde entonces, hizo lo que estuvo a su alcance por saber más sobre el tema.

Señala también que en aquella época, del clave —o clavecín— se sabía muy poco; conocían su sonido por grabaciones.

“Creo que había solo dos o tres en Montevideo y con acceso muy restringido”, apunta como una de las motivaciones que lo están llevando, en sus recorridas laborales por el mundo, a recolectar órganos y claves que se van a desechar por alguna razón y enviarlos al Uruguay para que cobren nueva vida.

Hasta el momento han arribado siete órganos —uno para Colonia, otro para Salto y el mencionado de Rocha, y cuatro órganos pequeños para Salto y San José— y un par de claves. Está previsto que llegue otro órgano para la iglesia del Cerrito de la Victoria de 2.500 tubos, que se pueda ampliar el órgano de San José y que se traiga el órgano de la Catedral de Bordeaux.

Para abarcar todo el país falta mucho y hay algunos obstáculos a vencer, pero como verán a continuación, sobran entusiasmo y optimismo.

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Órgano.

Los primeros

Hasta hace poco, el único órgano de gran porte del que disponía el norte del país era el que se encuentra en la Basílica de Paysandú. Pero no se había podido utilizar hasta 1997, cuando por iniciativa del gobierno alemán llegó una empresa de ese país a restaurarlo y se hizo cargo del 75% de los US$ 200.000 que costaba ese trabajo. El resto lo pagó el departamento gracias al aporte de la ciudadanía. Esa circunstancia catapultó la carrera de D’Amico fuera de fronteras (ver recuadro).

Se trata de un órgano de 1906 fabricado por la firma alemana Walckler y Cía., ocupa una superficie de 24 metros cuadrados, pesa alrededor de tres toneladas y está conformado por 1.200 tubos de diferente tamaño y material. Posee una sonoridad post-romántica, pero permite gran variedad de repertorios.

El segundo gran órgano del interior del país y el primero de los que comenzaron a llegar por iniciativa de D’Amico, fue el de la Catedral de Colonia. En el año 2000, el organista estaba trabajando en la instalación de un nuevo órgano en la Catedral de Bruselas (Bélgica) y se topó con un instrumento del siglo XIX que había sido desmontado porque tapaba un vitral del siglo XV. Era ideal para traerlo al Uruguay, pero demandaba mucha inversión. Afortunadamente, apareció un órgano Merklin en Montpellier y D’Amico se puso en contacto con la gente de Colonia para ofrecérselo.

El traslado corrió por cuenta de los vecinos del departamento, que en tiempo récord se organizaron para traer el que pasó a ser el órgano más antiguo del país, ya que data de 1870 y es único en Latinoamérica, hermano gemelo del órgano del coro de Notre Dame. Hace tres años que están a la espera para instalarlo. “Falta firmar un acuerdo entre los propietarios y la Iglesia”, informa D’Amico.

Organero internacional

D'Amico: el responsable del proyecto

Mario D’Amico Holzmann (47 años) se enamoró del órgano cuando, con 9 años, escuchó un concierto de Cristina García Banegas en la Basílica de Paysandú, ciudad en la que nació.

Un par de años después leyó un artículo en la prensa sobre el funcionamiento del órgano de Notre Dame y comenzó su interés por dedicarse a restaurar y mantener este instrumento.

En 1996 llegaron a Paysandú unos técnicos alemanes para trabajar en el órgano de la ciudad y Mario se terminó yendo con ellos a Alemania, donde estaban construyendo un órgano para la radio de Pekín.

Luego se mudó a España para colaborar en la construcción del órgano de la Catedral de Bruselas como aprendiz del maestro Gerhard Grenzing, con el que trabajó 20 años, hasta que en 2018 Pascal Quoirin le ofreció dirigir su taller en Francia.

Ha trabajado en la Catedral de Bruselas, el Auditorio Nacional de Música de Madrid, la Catedral de la Almudena de Madrid, el Palacio Real de España, la Catedral de México y la Catedral de Bogotá, por nombrar algunos, además de que restauró el órgano de Notre Dame tras el incendio de 2019.

Actualmente vive entre Suiza y Francia, como empleado de la casa Kuhn, uno de los talleres más importantes del mundo con más de 170 años de historia. Intenta venir al Uruguay una vez por año.

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Mario D'Amico.

El más grande

El año pasado se terminó de instalar el que es hoy el órgano de tubos más grande del país, el Gran Órgano Kuhn, una joya musical construida en 1950 por el prestigioso taller suizo Orgelbau Kuhn. Consta de 2.500 tubos y 37 registros distribuidos en tres teclados manuales y un teclado pedalero. Un tercer teclado francés encerrado en una caja expresiva permite interpretar obras del repertorio romántico y sinfónico de música francesa y gran parte del repertorio contemporáneo. Pesa casi nueve toneladas.

Donado por la Parroquia de Lenzburg (Suiza) en setiembre de 2024, está instalado en la Catedral Basílica San Juan Bautista de Salto.

“La iglesia de Salto tenía unas características de acústica muy distintas y tuve que rearmonizar por completo todo el órgano. Fue un largo trabajo. Lo que llevaría normalmente dos meses, lo tuve que realizar en tres semanas con jornadas que empezaban a veces a las 5 de la mañana e iban hasta las 9 de la noche. De hecho, en la última jornada empezamos a las 8 de la mañana y terminamos a las 3 de la mañana del día siguiente”, cuenta D’Amico, haciendo referencia a algo que es fundamental para un órgano: la acústica del lugar que va a habitar. Por eso lo más frecuente es que se instalen en templos religiosos, que son los lugares de mejor acústica.

El desmontaje y preparación del órgano fue un regalo de la iglesia de Suiza. El técnico uruguayo Nicolás Stekl viajó al país europeo para familiarizarse con el instrumento y liderar su instalación.

El pianista Mario Torres, director del Conservatorio Departamental de Música de Salto, resalta la frase que se escuchó en el departamento una vez que se instaló el órgano: “Ahora realmente la Basílica se terminó de construir”.

Torres tuvo el honor de estrenar el instrumento tocando la marcha nupcial en un casamiento celebrado en diciembre del año pasado. Pero ya había habido una presentación oficial en octubre con la misa solemne de Louis Vierne para dos órganos y coro, a cargo del coro municipal. Quince organistas y más de 150 músicos actuaron ese fin de semana.

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Inauguración del órgano de Salto.

“La idea es que el órgano se use para la parte religiosa, pero también tiene un componente cultural que excede lo que es el catolicismo propiamente dicho porque es un instrumento que va a servir para aportar una diversidad cultural aún mayor a la que ya tenemos”, destaca a Domingo.

La estrategia del Conservatorio a corto plazo va a ser desarrollar un trabajo interinstitucional con la Escuela de Educación Artística (Primaria) con el foco en organizar conciertos didácticos a través de la música barroca, además de captar nuevos estudiantes. En tanto a largo plazo se sueña con la creación de una orquesta de cámara, en este caso para sumar el clave al violonchelo, la viola y el violín.

“Hubo una familia suiza que nos donó un clavecín”, apunta Torres y agrega que en diciembre de este año llegará un pequeño órgano de tubos.

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Mario Torres con el órgano de Salto.
Los órganos

En Uruguay predomina la firma Walcker

El órgano es un instrumento de viento y teclado. Recibe el aire a presión constante de un fuelle. Cuando el intérprete oprime una tecla, una válvula deja pasar el aire a uno o varios tubos y se produce el sonido.

Básicamente hay tres clases de órganos de tubo: mecánicos, neumáticos y eléctricos.

En Uruguay, la mayoría son neumáticos, de la firma alemana Walcker y de la primera mitad del siglo XX. El más antiguo (hasta el de Colonia) era el mecánico de la Iglesia San Francisco de Montevideo (Ciudad Vieja, 1884), seguido del órgano italiano de la Catedral de Canelones (1900), el de Nuestra Señora de Lourdes (Ciudad Vieja, 1904) y el de la Basílica de Paysandú (1906).

Es fundamental el trabajo de afinación.

Los más nuevos

Mario D’Amico y Cristina García Banegas pensaron que el Conservatorio de Música de San José podía ser un buen lugar para tener formación en órgano y clave. “Es una cosa que no existe en el interior del país”, plantea el pianista Matías Ferreyra, director del Conservatorio que pasaría a ser el primer centro fuera de la capital en contar con formación específica en estos instrumentos y en el estudio de instrumentos antiguos.

Para ello serán fundamentales el órgano de cinco registros y los dos clavecines que donó D’Amico y que llegaron a San José en enero de este año. “Ahí comenzamos un trabajo a la distancia con Mario para descifrar cómo montar el órgano porque es un puzzle gigantesco. Fueron muchas jornadas enteras de trabajo, pero ya está sonando”, relata Ferreyra sobre la tarea para la que también colaboró el técnico Stekl. En cuanto a los claves, aclara que ya vienen armados. Hay además otro clave que usan en préstamo hasta que viaje a su destino final, Paysandú.

Con esos instrumentos más un piano de cola de concierto que el Conservatorio adquirió el año pasado a través del Fondo Nacional de Música —un Bluthner histórico con valor patrimonial—, se creó una sala de cámara en el Teatro Macció aprobada por la Intendencia. “La idea es tener una gran temporada de cámara y formar a los jóvenes que están en el Conservatorio”, anuncia Ferreyra y celebra que haya muchos alumnos interesados en aprender órgano. Esto último derivado de la movida que se generó en San José para montar el instrumento.

Tienen previsto inaugurar la sala con un gran concierto con presencia de autoridades el próximo 25 de marzo, lo que sería el puntapié inicial para organizar una temporada de conciertos con artistas nacionales e internacionales.

Paralelamente está el trabajo de restauración que se está haciendo en el órgano de la Catedral de San José, al cual se le quieren anexar registros. Además, existe la posibilidad de que arribe un pequeño órgano para el coro desde Ginebra.

Como se ha dicho, el último en llegar al Uruguay fue el órgano de Rocha, fabricado por Metzler & Cía, casa fundada en 1890. El gobierno departamental pagó el desarmado y armado del órgano, así como el viaje del especialista Stekl para supervisar la tarea.

El intendente Umpiérrez cuenta como anécdota en su tuit que en Suiza se intentó declarar al instrumento patrimonio nacional para evitar su salida del territorio, idea que afortunadamente no prosperó y el órgano arribó al Uruguay este año.

“Me pellizco y no lo creo. Realmente es una gran emoción. Estoy deseando escuchar el sonido del magnífico instrumento inundando la bóveda de nuestro principal templo religioso. Así será”, concluye el intendente.

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Matías Ferreyra.
Datos

Dónde están faltando instrumentos

“‘A la vista y ejecutando, el órgano siempre va a ser el rey de los instrumentos’, decía Mozart”, lanza Cristina García Banegas, quien fue durante 35 años profesora de la cátedra de órgano en la Escuela Universitaria de Música, hoy también llamada Facultad de Artes.

Reconocida concertista al frente del Ensamble Vocal de Profundis, siempre ha peleado por darle al órgano un lugar destacado en Uruguay. Entre otras cosas, es la organizadora del Festival Internacional de Órgano, que este año cumplirá su 40° temporada.

Por todo esto, está muy entusiamada con el proyecto de Mario D’Amico y aportó como datos que estarían faltando órgano y clave en las capitales de: Artigas, Rivera, Tacuarembó, Flores, Río Negro, Durazno, Cerro Largo, Lavalleja y Treinta y Tres. Además deberían tenerlo ciudades como San Carlos (con una de las iglesias más antiguas del país), Carmelo, Rosario, Nueva Helvecia, Paso de los Toros, Dolores, Mercedes, Bella Unión, Castillos, La Paloma, Punta del Este, Piriápolis y Atlántida.

“Una vez que se logre emplazar los instrumentos, nos podemos repartir entre tantos organistas que somos para comenzar con la enseñanza del órgano y el clavecín”, señala.

Hoy hay en Uruguay alrededor de 46 órganos y unos 25 claves, que además necesitan una manutención técnica mensual.

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Cristina García Banegas.

Polémicas

Con la donación del órgano de Rocha comenzaron a surgir voces mal informadas, que criticaban que se destinaran dineros públicos a la Iglesia. “Hay que dejar en claro que son obras conjuntas, es una donación entre la Iglesia Católica y yo. Ha sido la Iglesia la que me ha ayudado a hacer todas las gestiones para traer estos instrumentos y no son ellos los beneficiarios”, aclara D’Amico a Domingo y agrega que le consta que muchos curas pusieron de sus ahorros para la llegada del órgano.

El organero escribió en Facebook: “Son voces que buscan erosionar, desmerecer o entorpecer. Son voces ruidosas, pero no representativas”.

Eso le da pie para denunciar que lo que está haciendo muchas veces choca contra el propio Estado, cuando lo ideal sería contar con ayudas a nivel nacional. “Uruguay no tiene ningún órgano que esté fuera de un espacio religioso. Hubo una oferta de regalo de un órgano suizo para el Sodre que se adaptaba perfectamente al espacio, pero esa donación no se aceptó”, se lamenta.

García Banegas comenta al respecto que ella va a pelear hasta la muerte la necesidad de contar con un órgano de tubos tanto en el Sodre como en el Teatro Solís. “Siempre hay lugar, siempre se encuentra donde emplazarlos”, dice respondiendo a una de las excusas que se esgrimen: la falta de espacio.

D’Amico, en tanto, remarca que “en Montevideo la mayoría de los órganos está fuera de servicio o en mal estado” y cita como ejemplo el órgano de la Catedral Metropolitana, que tuvo su última afinación hace 10 años. “Un órgano se afina como mínimo anualmente, en el ideal unas cuatro veces al año porque son instrumentos muy sensibles a los cambios de temperatura”, detalla.

Y después hay casos como el órgano de la Iglesia de los Vascos, el más grande del Uruguay luego del de Salto, que está totalmente desmontado “porque en el 83 unos amateurs se largaron a la aventura de desplazarlo y hacen falta recursos para poder restaurarlo. Imaginate que hubo partes de los tubos de madera que fueron convertidos en bancos para instalar en el patio del colegio”, relata desolado.

Pasa algo similar con los clavecines (ver recuadro), pero ni aún así D’Amico está dispuesto a darse por vencido e incluso redobla la apuesta al querer dotar a las iglesias uruguayas de doble órgano ya que hay repertorios para dos órganos y coro. Insiste en que las autoridades se interesen por estos temas en lugar de trancarlos por puro desconocimiento.

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Un clave.

Hacer un órgano nuevo cuesta US$ 1.000.000 y ni siquiera hay interés por declarar bienes patrimoniales los que ya existen.

“Toca invertir en instrumentos donde estén, restaurar los existentes y apoyar proyectos para que estén llegando nuevos porque tenemos muchos organistas, pero muy pocos órganos en funcionamiento”, subraya D’Amico. “Este proyecto no pertenece a una persona ni a una institución, pertenece a quienes creen que un país se eleva cuando protege y cultiva aquello que trasciende. Por eso seguiré adelante trabajando por la cultura”, sentencia.

Laura Dearmas

Las hermanas que destacan en el clavecín

Laura Dearmas recuerda muy bien ese jueves de 2024 en que recibió un mensaje de Mario D’Amico invitándola a ser parte junto con su hermana Nives del proyecto Un órgano y un clavecín para cada capital departamental.

El Dúo Dearmas está entre lo más destacado de los clavecinistas de nuestro país. Se formaron en el país y en el exterior, realizaron giras por el mundo y son docentes de un instrumento poco conocido entre los uruguayos. “No es sencillo encontrar alumnos de clave”, reconoce y agrega que debería instaurarse una cátedra para que la docencia del clavecín “tenga una formalidad”. Para ello se está trabajando.

Explica que se trata de “un instrumento de cuerda pulsada, que pellizca la cuerda”, pensado para tocarse en ambientes reducidos. “Se requiere de un espacio con reverberación moderada, que permita proyectar el sonido sutil del instrumento, sin necesidad de amplificación, ya que la onda del clave es muy corta”, describe.

Por lo general se utiliza para un repertorio de música barroca, en salones históricos e iglesias pequeñas. Pero también los hay modernos donde se ejecuta música contemporánea. “Hemos tocado temas de compositores uruguayos para clave”, destaca la artista.

Dearmas también lamenta el poco valor que las autoridades nacionales le prodigan a este instrumento. Cita el caso del clave Pleyel de la Sala Nelly Goitiño del Sodre, legado que data de 1929, en la venida a Uruguay de la clavecinista Wanda Landowska, el cual no está en condiciones de ser utilizado.

Para restaurarlo habría que invertir entre US$ 5.000 y US$ 6.000. "La idea es despertar en aquella emblemática institución de la cultura musical uruguaya, por parte de nuestros clavecinistas, el interés que reviste el contar con esta joya histórica, en condiciones", remarca la artista.

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Clavecinista Laura Dearmas.
Foto: Ignacio Suárez.

Lucía Castellanos

Una organista uruguaya en la Sagrada Familia

Lucía Castellanos es una uruguaya que desde setiembre de 2025 está encargada de tocar el órgano en la cripta de la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona. Todos los domingos se celebran tres misas en la mañana y una en la tarde. Esta última, que generalmente es en castellano, le corresponde a ella.

También cubre otras si faltan organistas, toca en otro tipo de celebraciones, como bodas o funerales, y da conciertos; todo en un órgano Cavaillé-Coll (la misma casa francesa que construyó el de Notre Dame).

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Lucia Castellanos tocando rl órgano de la cripta de la Basílica Sagrada Familia de Barcelona.

¿Cómo llegó allí? Lucía es egresada de la Licenciatura en Interpretación Musical, opción órgano, de la Escuela Universitaria de Música. Su idea era estudiar piano, pero dio por curiosidad la prueba de admisión para órgano, tuvo una clase con Cristina García Banegas y quedó impactada.

Cursó su máster en la Escuela Superior de Música de Cataluña y actualmente hace un curso de educación continua (el reconocido organista Juan de la Rubia es uno de sus docentes). Los estudiantes de esta escuela realizan prácticas y clases de improvisación en la Sagrada Familia. Uno de los organistas dejó su lugar por un viaje y se lo ofrecieron a ella. “Por ahora es algo temporal, pero nunca se sabe”, cuenta a Domingo quien tiene como idea permanecer en Europa porque le asegura un salto profesional que en Uruguay no va a tener.

Menciona como ejemplo que para obtener su título uruguayo tuvo que tocar su concierto de egreso de repertorio sinfónico francés en un órgano electrónico. “Suena como un órgano real, pero no lo es”, aclara.

Lucía explica que también es diferente a tocar piano. “La dificultad del órgano es que siempre vamos a instrumentos diferentes que van a sonar distinto, entonces hay que aprender a utilizar la acústica”, detalla.

En Uruguay tocaba en iglesias protestantes porque en las católicas el órgano casi no se usa, se prefiere la guitarra. Eso determinó que, al llegar a Barcelona, no conociera la litúrgica católica y que tuviera que acompañar misas entresemana para aprender.

Destaca que muchos niños se interesan por el órgano —ella da clases y quiere formarse como docente de este instrumento—, por eso valora especialmente la cruzada de D’Amico.

“Sería fantástico que pudiera abrirse la cátedra de órgano en la Regional Norte de la Facultad de Artes”, expresa como deseo.

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Lucía Castellanos en la Escuela Superior de Música de Cataluña.

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