Hay deportes que se construyen sobre la velocidad. Otros sobre la fuerza. La apnea, en cambio, parece ir en dirección opuesta. Consiste en detenerse, controlar la mente y convivir con una sensación que para la mayoría de las personas resulta insoportable: la necesidad de respirar.
En ese universo de silencio y autocontrol, un uruguayo escribirá este domingo una página inédita. Gastón Cachcovsky Nin se convertirá en el primer representante nacional en competir en un Campeonato del Mundo de apnea cuando participe en el Mundial Indoor de Budapest, una cita que reúne a los principales exponentes y que lo incorporará oficialmente a los registros de la Asociación Internacional para el Desarrollo de la Apnea (AIDA) y de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS).
El dato adquiere una dimensión todavía mayor si se observa el recorrido que lo llevó hasta allí. Tiene 45 años, comenzó a practicar apnea competitiva hace apenas un año y medio y, en ese corto período, ya batió el récord uruguayo de apnea estática, se consagró campeón de Canarias en apnea dinámica sin aletas y logró una clasificación que ningún compatriota había conseguido antes.
Uruguayo por el mundo
Lejos de la imagen clásica del atleta que se prepara desde la adolescencia para llegar a la élite, descubrió este deporte cuando ya había recorrido buena parte del mundo.
Nacido y criado en Lagomar, su vínculo con el agua empezó mucho antes de conocer la apnea. “En Uruguay estuve hasta los 20 años más o menos. Después me fui a vivir a España”, comenta Cachcovsky a Domingo.
Primero se instaló en Almería y más tarde en Tenerife, una isla donde el océano forma parte de la vida cotidiana y donde comenzó una relación que terminaría definiendo buena parte de su historia.
Durante años trabajó en distintos rubros, principalmente en hostelería. Más adelante abrió un negocio de electrónica que aún sigue funcionando. Hoy, sin embargo, su realidad es diferente.
“He tomado al menos dos años sin trabajar para dedicarme un poco a viajar y a compaginarlo con el tema de las competiciones de apnea”, explica.
Su vida actual transcurre entre aeropuertos, costas y centros de entrenamiento. Sin residencia fija, se mueve allí donde haya agua.
Antes de sumergirse en el mundo de la apnea, acumuló dos décadas practicando buceo autónomo. Exploró fondos marinos en el Caribe, el Mar Rojo, Indonesia, Australia, Tailandia y numerosos rincones del Mediterráneo. Sin embargo, aquel conocimiento no fue necesariamente una ventaja.
“Cuando hice el primer curso me di cuenta de que era un mundo nuevo, que no tenía nada que ver con lo que yo sabía y dominaba”, recuerda.
La apnea llevaba años esperando su oportunidad. “Lo tuve pendiente durante muchísimo tiempo”, admite.
La idea original era sencilla: mejorar su seguridad en el agua y ganar libertad para realizar fotografía submarina sin cargar equipos pesados. Pero una vez que probó, ya no hubo vuelta atrás.
La mente es la protagonista
Lo que encontró fue un deporte que poco tiene que ver con la capacidad física tradicional y mucho con la gestión de las emociones. “La apnea es un deporte que me gusta definir como 70% mente, 15% técnica y 15% físico”, resume.
La explicación desafía el sentido común. El verdadero adversario no es la falta de oxígeno, sino la reacción del cuerpo cuando deja de recibir aire.
“Los niveles de CO2 empiezan a disparar una serie de alarmas para que respires. El trabajo mental consiste en acostumbrarte a esas alarmas, aceptar esos cambios que empiezan a pasar en el cuerpo y aprender dónde están tus límites”, explica Cachcovsky.
Es un proceso que exige convivir con sensaciones que cualquier persona intentaría evitar. Contracciones musculares involuntarias, ansiedad y una creciente urgencia por respirar forman parte del entrenamiento habitual. “Si hago una apnea de seis minutos, empiezo con las contracciones a los dos minutos y medio o tres minutos. Eso quiere decir que estoy más de tres minutos con el diafragma haciendo contracciones para obligarme a respirar”, dice.
Aprender a no reaccionar ante esas señales es parte esencial del deporte.
Seis minutos sin respirar. Tras completar su formación inicial, comenzó a entrenar con mayor regularidad. La primera meta llegó en octubre del año pasado, cuando participó en la Atlantic Cup de Tenerife. Los resultados fueron suficientemente alentadores como para seguir avanzando.
Poco después descubrió las competencias en piscina. Y fue allí donde su progresión se aceleró.
En enero estableció una nueva marca nacional de apnea estática al permanecer 5 minutos y 47 segundos sin respirar. El registro no solo le permitió convertirse en poseedor del récord uruguayo; también le confirmó que podía aspirar a desafíos mayores.
“Batir el récord uruguayo fue una motivación linda para ponerme a entrenar para participar en el Mundial”, comenta Cachcovsky.
Dos meses más tarde sumó otro logro importante al quedarse con el Campeonato de Canarias en la modalidad dinámica sin aletas.
Ahora llega el momento de medirse con los mejores del planeta.
Los “monstruos” marinos
Los grandes referentes de la disciplina juegan en otra dimensión. “Si yo estoy buscando los seis minutos en estática, los tops están por encima de los 10 minutos y medio”, dice Cachcovsky.
La diferencia impresiona, aunque también sirve para poner en perspectiva la velocidad de su crecimiento. Muchos de sus rivales llevan una década o más entrenando. Este uruguayo que es capaz de permanecer casi seis minutos bajo el agua sin respirar, empezó hace apenas 18 meses.
Y asegura que en Uruguay hay posibilidades interesantes para iniciarse en el deporte, por ejemplo con las escuelas Freediving y One Ocean, que ofrecen formación específica.
En Budapest competirá en cuatro disciplinas distintas dentro de la categoría indoor. Allí estarán presentes alrededor de 250 deportistas provenientes de decenas de países, incluidos algunos capaces de permanecer más de 10 minutos bajo el agua sin respirar.
Cachcovsky observa ese escenario con una mezcla de realismo y entusiasmo.
“No tengo ninguna opción de ganar un Mundial”, reconoce sin rodeos.
Pero lejos de desanimarlo, esa realidad forma parte de la esencia misma de la apnea: “Es un deporte en el que compites contra ti mismo y contra tus propios límites”.
Un deporte seguro, en piscina y mar abierto
La apnea deportiva es una disciplina extrema que consiste en suspender voluntariamente la respiración bajo el agua, ya sea para descender a grandes profundidades, recorrer distancias o mantener la respiración estática, todo sin utilizar tanques de oxígeno.
El deporte se divide en dos entornos principales: En piscina (Indoor): Se compite en apnea estática (aguantar el mayor tiempo posible) o apnea dinámica (nadar la mayor distancia en horizontal).
En aguas abiertas (Outdoor): Los atletas descienden a la mayor profundidad posible utilizando diferentes técnicas (con aletas, monoaleta o usando una cuerda guía).
Uno de los aspectos que más suele sorprender a quienes conocen la apnea desde afuera es la percepción de riesgo. Pero Cachcovsky dice que la imagen es engañosa.
“Lo primero que aprende cualquier persona cuando hace un curso es seguridad”, señala.
Según explica, el deporte ha desarrollado protocolos extremadamente rigurosos. En las competencias siempre hay asistentes especializados, supervisores, jueces y personal médico atentos a cada movimiento.
Por eso insiste en un mensaje que considera fundamental para quienes sienten curiosidad por iniciarse: nunca practicar solos y hacerlo siempre bajo supervisión profesional.