Un evento dura unas horas. Su impacto, bastante más. Miles de personas se trasladan, se consume energía y agua, se utilizan materiales, se generan residuos y se emiten gases de efecto invernadero. Cuando termina el espectáculo, todo desaparece de la vista. Pero no necesariamente del ambiente.
VIRA nació para hacer visible esa cuenta. Es una herramienta desarrollada en Uruguay que permite medir los impactos ambientales, sociales y económicos de eventos, espectáculos y producciones audiovisuales y convertirlos en información para tomar decisiones.
La idea surgió de una paradoja. Moriana Peyrou lleva 25 años trabajando en gestión cultural y es una de las responsables del Festival Música de la Tierra, un encuentro que desde hace 15 años pone la sostenibilidad en el centro. Pero cuanto más crecía el festival, más evidente se volvía una contradicción: un evento creado para hablar del cuidado del ambiente también generaba un impacto ambiental. La búsqueda de una respuesta terminó convirtiéndose en VIRA, junto a Regina Chiappara, especialista en desarrollo sostenible y verificadora de huellas ambientales.
La herramienta gestiona 11 áreas de impacto -entre ellas energía, agua, transporte, residuos, huella de carbono y materiales- y permite establecer una línea de base: una primera fotografía de dónde están los mayores consumos e impactos. Con esos datos, la organización puede fijarse objetivos y comparar con las siguientes producciones.
“Lo importante es que se pase con un plan de mejora”, explica Chiappara. No existe, en este sentido, un evento que se vuelva “sustentable” de una vez y para siempre. Las metas dependen de las posibilidades de cada organización, pero la información permite detectar oportunidades: desde consumos innecesarios hasta materiales que podrían reincorporarse a circuitos de circularidad.
Para comprobar cómo funciona en la práctica, VIRA ya se metió en distintos mundos. En una producción de Cimarrón para una película de Amazon rodada en Uruguay, el equipo partió del guion para detectar dónde podían estar los mayores impactos. Después trabajó con producción, vestuario y otras áreas para reunir datos que permitieran ir más allá del cálculo de carbono. También midió un espectáculo musical presentado en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís y comenzó a trabajar con la Sala Zitarrosa, cuyo equipo está siendo capacitado para utilizar la herramienta.
“Gran parte del partido se juega en el diseño de los proyectos”, dice Peyrou. Porque saber cuánto impacto genera un evento no sirve solamente para hacer un informe al final: puede permitir decidir antes qué materiales usar, cómo trasladar a las personas o dónde evitar consumos innecesarios.
En un momento en que Montevideo empieza a incorporar exigencias de sostenibilidad para los eventos, esa capacidad de convertir buenas intenciones en datos puede convertirse en parte de la producción.