¿Pueden las lombrices ayudar a reducir la basura? Lombricultores apuestan por llevarlas a más hogares

Con 250 lombrices, la basura orgánica puede convertirse en vermicompost. Una asociación uruguaya impulsa su uso para reciclar residuos y cuidar el suelo.

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Lombrices de Lombriplus.
Foto: Cortesía Lombriplus.

En una caja de apenas unos centímetros puede funcionar una verdadera fábrica de fertilizante. No necesita electricidad, combustible ni motores. Sus trabajadoras comen cáscaras de frutas, verduras y yerba, incansablemente, y unas semanas después dejan atrás un material oscuro y rico en materia orgánica. Esas trabajadoras son lombrices.

En Uruguay, un grupo de unos 70 lombricultores quiere que esa fábrica deje de ser vista como una curiosidad doméstica y empiece a ser considerada una herramienta para gestionar residuos y cuidar uno de los principales recursos del país: el suelo.

“Queremos darle el sitial al suelo uruguayo que se merece y hacerlo a través de la lombriz”, dice Fernando Muñoz, presidente de la Asociación de Lombricultores del Uruguay (ALU), segunda en su tipo a nivel mundial. Hasta fines de 2024, solo existía la Earthworm British Society.

Pero para Muñoz, la lombriz es mucho más que una herramienta para reciclar los residuos de la cocina. Es una pieza de un sistema mucho mayor y, sobre todo, un indicador de lo que ocurre bajo nuestros pies. “Cuando usted encuentra lombrices en el suelo significa que está sano”, sostiene. Y no trabajan solas: junto a ellas hay millones de microorganismos, hongos y otros organismos que participan en la descomposición de la materia orgánica y el reciclaje de nutrientes.

Una caja y 250 lombrices.

La lombricultura no necesita empezar en una chacra ni requiere miles de animales. Puede comenzar en una casa, con una caja y unas 250 lombrices. Allí empieza una transformación silenciosa: los residuos orgánicos que normalmente terminarían en la bolsa de basura pasan a convertirse en alimento para estos animales y, finalmente, en vermicompost, un material oscuro y de textura granulada que contiene materia orgánica y nutrientes.

Muñoz tiene una fórmula sencilla para explicar qué poner en la lombricompostera: “Todo antes del plato y nada después del plato”. Cáscaras, yerba y restos vegetales pueden entrar; comida cocida, carne, lácteos y alimentos condimentados, no. Las lombrices procesan esos residuos y los convierten en una enmienda orgánica.

Así, la pequeña fábrica doméstica forma parte de un desafío bastante más grande. Una parte importante de los residuos que se generan en los hogares es orgánica y, cuando se mezcla con el resto de la basura, termina siendo transportada y enterrada. Separarla y valorizarla permitiría reducir lo que llega a disposición final y, al mismo tiempo, devolver materia orgánica a los suelos.

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Lombricultura

No todas las lombrices sirven para esta tarea. Entre las especies más utilizadas se encuentran Eisenia fetida y Eisenia andrei, conocidas como lombrices rojas o californianas. A diferencia de las especies que excavan galerías profundas en el suelo, estas viven en las capas superficiales, donde se concentra la materia orgánica. En Uruguay también existen lombrices nativas: se han identificado más de 20 especies. Su ventaja para esta actividad está en su voracidad y en su capacidad de reproducción. “Viven comiendo. Prácticamente comen más de su peso por día. Y otra cosa buena: se reproducen en forma aceleradísima. Se reproducen una vez por semana; las nativas, una vez por mes”, explica Muñoz.

El vermicompost no es el único producto. La propia biomasa de lombrices puede comercializarse y utilizarse para iniciar nuevas lombricomposteras. También pueden elaborarse productos líquidos a partir del vermicompost.

Potencial.

El potencial explica parte del entusiasmo de los lombricultores uruguayos. Pero también plantea una pregunta más grande: qué lugar puede ocupar esta tecnología en un país que busca reducir la cantidad de residuos orgánicos. Canelones fue uno de los primeros departamentos en apostar a gran escala por el compostaje domiciliario. Según Muñoz, entregó más de 150.000 composteras y lombricomposteras a hogares, cada una con su correspondiente dotación de lombrices. Ahora Montevideo también avanza en esa dirección y el desafío es conseguir suficientes animales para abastecer esos sistemas.

Para ALU, allí aparece una oportunidad: que la lombricultura deje de ser solamente una práctica de aficionados y se convierta en parte de una estrategia de economía circular. La asociación también busca llevar el tema a las aulas y ya trabaja en una propuesta educativa para que los niños conozcan la biología del suelo a través de la lombriz. Porque, como dice Muñoz, “el capital más grande que tiene Uruguay, además de su gente, es su suelo”. Y quizá una de las formas más pequeñas de cuidarlo mida apenas unos centímetros y se mueva bajo tierra.

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