NOMBRES
Con un pasado peronista, Patricia Bullrich ocupa actualmente un lugar de furibunda oposición a ese movimiento. ¿Será la próxima mandataria en el vecino país?
Como buena parte de las primeras figuras de la política argentina, Patricia Bullrich es uno de esos personajes fascinantes. De este lado del río —en el que nos pensamos como grises y con una mayor coherencia político-partidaria— vemos con asombro y tal vez un poco de morbo cómo de aquel lado van de un lado a otro sin demasiados problemas y con aparente indiferencia ante lo que pueda llegar a decir el archivo.
En el caso de Bullrich, el recorrido la llevó de una familia de apellidos que denotan privilegios y poder a la rama más “zurda” del peronismo, y de ahí progresivamente hacia la derecha, hasta desembocar en lo que podría considerarse el ala más dura y radicalizada de esa derecha.
Bullrich es uno de los apellidos que porta esta mujer nacida en 1956 en Buenos Aires. Otros son Luro y Puerreydón. O sea, lejos de los apellidos más prosaicos pero parte de aquellos que han estado en posiciones de poder casi desde que Argentina es nación.
Entre sus antepasados hay ministros, intendentes y otros con cargos públicos, electos o no (Juan Martín de Puerreydón fue “director supremo” de las Provincias Unidas del Río de la Plata).
Bullrich siempre tuvo una afición por la política, aunque podría haber sido una deportista de elite en hockey sobre césped (estuvo a punto de integrar la selección nacional). También anduvo en algún momento cerca del rock argentino cuando este aún tenía ciertos visos contraculturales, dado que es prima de Fabiana Cantilo, con quien iba a conciertos. Nada de eso la atraparía tanto como la política.
Sus primeros pasos en ese mundo fueron como parte de la Juventud Peronista (en la que también militó la actual vicepresidenta argentina, Cristina Fernández). Su familia adhería a la Unión Cívica Radical, el tradicional partido conservador argentino que hoy oficia de apoyo del más poderoso PRO (Propuesta Republicana), fundado por el expresidente Mauricio Macri y que ella ahora preside.
Pero Bullrich se fue con los “peronchos” jóvenes. Sus padres no lo podían creer. Como parte de esa corriente política fue perseguida y encarcelada, y también tuvo que exiliarse durante años de su país. Ese período de su militancia política es contencioso cuando ella u otros discuten sobre él. Porque son varios los que sostienen que Bullrich no solo formó parte de la Juventud Peronista, sino también de Montoneros, la “orga” (por “organización”) que llevó adelante atentados y secuestros en el período de su mayor apogeo. Ella niega haber participado de cualquier acción armada.
Durante esos tumultuosos y violentos años, Bullrich tenía un vínculo cercano con uno de los líderes montoneros, Rodolfo Galimberti, porque la hermana de Bullrich era la pareja de Galimberti. En un libro titulado Patricia, de la lucha armada a la seguridad (2019), el periodista Ricardo Ragendorfer da cuenta de algunos de los mojones en la trayectoria política de Bullrich, entre ellos su cercanía con Montoneros. Pero para el autor de ese libro, Bullrich no es tanto un camaleón que cambia de convicciones. “Sus constantes zigzagueos a través de las ideologías y de los espacios políticos no configuran un cambio de pensamientos, de principios, o de éticas, sino que en todos los lugares que frecuentó ella siempre fue la misma y tuvo, de alguna manera, los mismos principios. Su metodología es el alpinismo político y su ideal la acumulación de poder”, dijo Ragendorfer en una entrevista luego de la publicación del libro.
Irreductible
Luego del atentado a Cristina Fernández, todas las figuras políticas de primera línea expresaron su repudio al hecho. Todas menos Patricia Bullrich. En vez, la actual presidenta del PRO esperó a que terminara la cadena nacional realizada por el presidente Alberto Fernández, donde este decretó un día de feriado, para criticar esa decisión, acusando al presidente de intentar llevar agua para su molino. Uno de los integrantes de la coalición conservadora que ahora está en la oposición pero que tiene chances de ganar el gobierno el año que viene dijo que no le extrañaba que Bullrich no hubiese repudiado el atentado. “Patricia es de una generación para la que la violencia era una opción, lo lamento por ella”, dijo Juan Manuel López de Unión Cívica, el sector liderado por Elisa Carrió. López hacía así alusión al pasado de Bullrich y su cercanía a Montoneros. Bullrich no le respondió directamente. Ella tenía y tiene peces más gordos en la mira, y al no repudiar el atentado reforzó su posicionamiento entre quienes se han mostrado irreductibles e intransigentes ante cualquier tipo de consenso o diálogo con el peronismo, su antiguo hogar político.
Cuando la última dictadura cívico-militar argentina se fue por la puerta trasera después del fracaso de la invasión a Las Malvinas, Bullrich siguió un tiempo más en el peronismo, pero no le quedaba demasiado tiempo en ese movimiento político. En una reciente entrevista para el ciclo Caja Negra, Bullrich le dijo al periodista Julio Leiva que cuando volvió a su país, se puso a reconstruir la Juventud Peronista, pero que esa corriente ya no era lo que había sido. “La nuestra era más idealista, y esta era más por la lucha por el cargo. No digo que fuera mejor o peor. Era distinta”. Aunque resultó electa diputada por una lista peronista, Bullrich ya empezaba a sentir que ese no era su lugar. “Sentí que eso iba a terminar mal. Y me fui (...) Y me fui junto a gente que luego volvió al peronismo, como (Gustavo) Beliz y (Jorge) Argüello. Ellos volvieron a la casita de los viejos. Yo no”.
En realidad, Bullrich sí volvió a “la casita de los viejos”, porque cuando abandonó el peronismo regresó a la gran política como ministra del gobierno de Fernando de la Rúa, de la Unión Cívica Radical, el mismo partido al que adherían sus padres. Ese gobierno, el de la “Alianza”, terminó en un desastre mayúsculo en diciembre de 2001, con un presidente huyendo en helicóptero y decenas de muertos, resultado de la represión policial.
Tras ese fracaso político, Bullrich se volvió a reconvertir, y regresó una vez más a la gran política. Esta vez como ministra de Seguridad del gobierno de Mauricio Macri. Ahí se vieron sus credenciales de “mano dura”. En su gestión ocurrieron los casos de Santiago Maldonado (desaparecido durante varios días y luego hallado muerto), Rafael Nahuel (muerto de un balazo durante una represión policial) y el del policía Luis Chocobar, quien fue juzgado por el asesinato de un delincuente.
El gobierno del cual fue ministra de Seguridad no concluyó con una huida en helicóptero y con un tendal de muertos en Plaza de Mayo, pero sí terminó con una paliza electoral que trajo de vuelta al kirchnerismo al poder político.
Sin embargo, ahora que el gobierno encabezado por Alberto Fernández tambalea de lo lindo, tanto Macri como ella olfatean un regreso a la Casa Rosada. Y aunque Macri puede hacer valer que fue presidente y por lo tanto tiene experiencia de manejar el poder, no habría que descartar que Bullrich logre derrotarlo en un enfrentamiento interno para hacerse ella de la candidatura a la presidencia. Deberá sortear no solo obstáculos como el expresidente, sino también a otros porque hay muchos nenes y nenas para ese trompo. Pero Bullrich ha demostrado una tenacidad y una determinación difíciles de igualar.