Yo disfrutaba de los trajes del personaje (como lo narré acá alguna vez) porque creía que era posible tironear hasta allí con humor. Que la camisa, que los cuellos voladores, que las corbatas delicuescentes, que el nudo perdido. Lo cotidiano en clave de ironía. Hoy, me repliego, porque de seguir chiveando por allí, me da cosa que se rompa el cristal. Y no por mi pobre pluma, sino por el pobre peregrinar que se advierte y ya nadie se anima a verbalizar mucho por pánico a que se rompa la estantería. Increíble. Pensar que hace pocos meses era otra la realidad. Lo advierte cualquiera; las encuestas solo retratan la depresión colectiva. ¡Tanto hacer para gobernar y terminar en penitencia! Y decían que podían hacerlo mejor. ¡Qué choclo nos metieron!
Lo que está claro es que era un jugador liviano, porfiadamente frágil y no estaba para la final de una Libertadores. El chamán lo invistió y así nació como delfín, el primero en la era post democracia. Puso cara de James Bond canario y listo el pollo. Paciencia; el pueblo manda.
Le ha pasado al país que algunos primeros magistrados no han estado a la altura de las circunstancias en varias oportunidades. En general, el tiempo se impone para adquirir perspectiva y descubrir la dimensión real de los señoritos. Claro, si las cosas salen mal de una, rematadamente mal, listo, cerrá atrás y nos dimos cuenta todos al toque del quesito verdoso.
Lo veía, justamente, hace unos días (en una publicidad que le imponen) y me causó pena. Lo vi repitiendo un estribillo, sin convicción, murmurando cosas con la ceja levantada y rosto a lo Julio Sosa repitiendo el telepronter (aviso a futuros candidatos: el telepronter mata, saca el alma, quedan como giles repitiendo una poesía de memoria de Platero y yo, y pensando en el Vascolet). En fin, impactante: veremos si revive. En política nunca hay muertos, hay heridos graves.
Está claro que los que dicen ayudarlo lo hunden, y hay una barra que se relame escondida esperando la carroza. Penoso el silencio de varios de sus compas. En política, papito, cuando estás en el barco del gobierno, solo funciona la lealtad y el sentido de equipo: el resto es traición. Aprendan la lección los sabelotodos de la izquierda: déjense de orbitar, sepan que un gobierno es una guerra con los de la casa principalmente… los opositores solo hacen su tarea con sus ladridos imprescindibles. ¿Querían felicitaciones y menciones de honor? ¡Vamos, chicos, que este verano cobran en el tablado!
Permítanme una digresión en loop y conectada a otra persona. ¡Cómo engaña la televisión cuando se lee telepronter y eso es todo lo que hiciste toda la vida! Una cosa es leer las noticias, poner rostro de preocupación y otra, gobernar. Lo digo porque no se aprende “política” por inspiración divina. No hay epifanías en este bardo. Una cosa es ser hincha, simpatizante, militante, lo que quieras, y otra muy distinta sentir que estás en condiciones de conducir, gobernar o “parlamentar”. ¡A cuántos y cuántas le quedó corta la tela! Y pensar que nosotros creíamos que eran Gardel y Greta Garbo -la dama designada por los dioses del Olimpo, digo-. Resultaron ser Chance Gardiner y Gretita en versión criolla.
En fin, por suerte el Parlamento tiene transmisión en directo cuando sesionan y uno se puede solazar para sentir la emoción de la era woke uruguaya en vivo. ¡Joder! Nos han hundido la nave y nos vamos a pique, muchachos. ¡Qué olor a macoña! Y hay que aguantar unos años más. ¡Poné, Neflix vieja, la de los muertos, la española, que me levanta el ánimo! Adiós juventú.