"Cumplir 10 años con un proyecto editorial artesanal no es solo una celebración: es una declaración de principios”, escribe Gabriel Pasarisa, creador del taller Caja Baja, al hacer referencia a uno de sus productos más atesorados: el calendario hecho con técnicas de impresión de otras épocas.
En eso que ha dado en llamar “resistencia poética”, el calendario ya lleva 10 ediciones y por eso decidió festejarlo con 10 años es un montón. Una década de tiempo impreso a mano, una muestra que comenzará el próximo miércoles 8 de abril y se extenderá hasta el sábado 6 de junio, en el Museo Zorrilla (Zorrilla de San Martín 96).
Se trata de una retrospectiva de los calendarios editados desde 2017 a la fecha, ilustrados en su mayoría por uruguayos más la participación de algunos extranjeros.
“Tiene la característica de que recupera las técnicas de impresión históricas, técnicas muy manuales y artesanales como la serigrafía, la impresión en grabado, grabado en relieve, la impresión con letras de metal o de madera… como se imprimía en las viejas imprentas”, cuenta Gabriel a Domingo.
Cada año se realiza una edición limitada de unos 100 calendarios que, por lo general, se venden por las redes sociales. “A veces he dejado alguno en alguna galería o librería que trabaje con libros de arte, pero generalmente me manejo con la preventa directa”, explica sobre un sistema de venta que pone en marcha cada mes de noviembre y que anuncia en el Museo Zorrilla.
Gabriel confiesa que el proceso, en realidad, comienza mucho antes, casi cuando termina de vender el calendario anterior. “Creo que voy a tener que hacer terapia con ese tema, porque termina el año y yo ya estoy pensando en el nuevo calendario”, reconoce entre risas.
Los artistas participantes son invitados por él según una curaduría que realiza cada año. Han pasado más de 60 ilustradores de distintas trayectorias y características. Hubo pintores como Fabián Mendoza; ilustradores como Sebastián Santana o Dani Scharf; artistas como Carlos Palleiro o Fidel Sclavo; contemporáneos como Martina Azambuja o Gervasio Troche… “Te diría que del plantel de ilustradores nacionales han pasado casi todos”, señala orgulloso. Puede faltar alguno de la vieja escuela, pero ya lo tiene agendado para futuras ediciones.
Entre los extranjeros le ha dado espacio a aquellos que en algún momento estuvieron viviendo en Uruguay, caso del muralista español David de la Mano.
En la edición 2026 hay artistas que quizás el público identifique más con otras expresiones del quehacer nacional, como son el periodista Jaime Clara o el músico y escritor Pedro Dalto (Buenos Muchachos).
A estos artistas reconocidos Gabriel les suma los que surgen de una convocatoria abierta totalmente libre. “Allí es donde aparecen muchos exponentes nuevos que andan por ahí y no son muy visibles, de repente no andan mucho en las redes sociales. Eso me ha permitido descubrir grandes valores en cuanto a la ilustración y el dibujo”, destaca de lo que queda de una selección a cargo de un jurado conformado por artistas que participaron en calendarios anteriores más el propio Gabriel.
El diseñador debe, además, comprobar que la obra que se postula sea realizable con técnicas analógicas. “Todo se puede reproducir, pero ¿cuánto se pierde en el camino? Entonces en el llamado se busca que la obra no solo tenga la parte estética, sino que también la parte técnica se adapte a la reproducción artesanal”, explica.
El resultado de todo este trabajo es un calendario muy amplio en cuanto a la variedad de participantes.
“No hay un solo estilo, sino que cada uno trabaja con libertad, fiel a lo que hace. Entonces, de una lámina a la otra hay saltos importantes. Eso va a enriquecer mucho la muestra”, resalta Gabriel sobre las 120 láminas que estarán en exposición.
Lo que se verá
Además de los 10 calendarios, en las vitrinas se estarán exhibiendo las matrices con las cuales se imprimieron muchos de los grabados.
“La gente va a poder ver el grabado impreso y la matriz que se utilizó. Eso va a estar bueno porque los va a poder relacionar”, destaca Gabriel.
También van a estar expuestas algunas de las herramientas con las que trabaja en Caja Baja, que es además una especie de mini museo de las viejas imprentas. “Voy a llevar algunos grabados antiguos de 1900, algunos grabaditos publicitarios que se usaban en medios de prensa, catálogos tipográficos de 1940 o 1950… Está bueno que la gente los pueda ver y sepa cómo se imprimía antes”, comenta.
Durante todos los días que dure la muestra se estará proyectando una secuencia de videos de reconstrucción de época que cuentan cómo se imprimían los libros antiguamente. Fueron realizados y cedidos por el museo Plantin Moretus de la ciudad belga de Amberes. “Ese museo tiene en la actualidad las últimas máquinas que quedaron sanas y salvas del Renacimiento, con las que se imprimieron los primeros libros”, informa el diseñador.
Además habrá un rincón interactivo en el que los concurrentes podrán encontrar postales de los meses de abril y mayo, una especie de réplica en miniatura del calendario, pero sin la imagen, de manera que sea el público quien la diseñe. “Se lo van a poder llevar o, si prefieren, lo podrán integrar a una pared de pegatinas en la que van a haber otros afiches que hemos hecho”, cuenta.
Hablando de afiches, para la inauguración de la muestra, Gabriel realizó una edición de 80 afiches con grabados y letras de madera, todo entintado a mano, que serán obsequiados el próximo miércoles.
Por si fuera poco, en el transcurso de estos dos meses se van a desarrollar algunas actividades satélite. Para abril está pensado organizar una jornada de impresión de grabados a realizarse en los jardines del museo, mientras que en mayo se celebrarán visitas guiadas y charlas con los artistas que participaron de los calendarios. “La muestra va a estar un buen tiempo, así que va a permitir que la gente pueda arrimarse y mirar. Va a estar movidito, va a dar para divertirse”, augura Gabriel.