Los jueces de fútbol también tienen cosas que decir

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Colombian referee Andres Rojas checks the VAR during the closed-door Copa Libertadores quarterfinal football match between Argentina's River Plate and Uruguay's Nacional at the Libertadores de America stadium in Buenos Aires, on December 10, 2020. (Photo by Marcelo Endelli / POOL / AFP), arbitro del partido Andres Rojas consulta el VAR
MARCELO ENDELLI

¡VARBARIDAD!

Los que nunca hablan después de los partidos revelan las anécdotas más jugosas de encuentros con figuras locales e internacionales. El arbitraje en épocas en las que no había VAR.

Es como el sketch del stripper que confunde las direcciones y cae en medio de un té de señoras a hacer su show con un pequeño equipo de música (un clásico del humorista argentino Sebastián Presta). Pero esto fue real. Y ocurrió en el partido inaugural del Sudamericano de fútbol sub 17, jugado en 2005 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Le pasó al juez uruguayo Fernando “Tano” Cabrera:

—Pará, pará el partido -le gritó el veedor desde el costado del campo de juego.

—¿Qué pasó? -respondió el Tano.

El referí miró hacia el cielo y vio que empezaba a caer una lluvia de paracaidistas sobre la cancha. Al tocar el césped, recogían rápidamente la tela y salían corriendo a toda velocidad hacia afuera.

Se reanudó el encuentro. Y ahí cayó otro paracaidista que venía rezagado, por lo que fue necesario detener el juego nuevamente. Nadie lo podía creer. Y había una multitud en el estadio. Los hombres voladores habían equivocado la hora para hacer el espectáculo que les había sido encomendado.

La anécdota pertenece al libro ¡VarBaridad!, que rescata testimonios de jueces de fútbol que de no ser por esta publicación (realizada a entero beneficio de la Fundación Celeste), hubieran quedado perdidas en asados y reuniones de amigos. Detrás del libro se encuentran los exárbitros, Yimmy Álvarez, Néstor Rodríguez, Líber Prudente y Oliver Viera, aunque ellos, como equipo redactor, abrieron la puerta para que otros protagonistas aportaran vivencias y fotografías, en muchos casos inéditas.

Prudente dijo a Revista Domingo que el libro abarca “múltiples anécdotas de múltiples estamentos”, que van desde la Liga Universitaria hasta el “valiosísimo y muchas veces olvidado” fútbol del interior, los clásicos entre Peñarol y Nacional y vivencias de partidos internacionales.

“Algunos compañeros cedieron muy generosamente sus historias y sus fotos para enriquecer el libro. Esas fotos van desde el primer Mundial de 1930 hasta la última Copa América del año pasado”, anota Prudente. Del mismo modo, se plasmaron en el libro ¡VarBaridad! reflexiones, análisis con críticas constructivas y sugerencias sobre diversas situaciones de juego y de las reglas del deporte que han sido objeto de debates públicos.

El exárbitro de FIFA indicó que tras la aparición del libro (está en su tercera edición), el equipo redactor ha recibido nuevas anécdotas que podrían determinar la publicación de un segundo tomo.

¡VarBaridad!
Libro ¡VarBaridad!.

Con el "Loco" Gatti

Néstor Rodríguez destaca una anécdota con Hugo Orlando Gatti, cuando el recordado golero argentino salió por primera vez campeón de la Copa Libertadores en Uruguay, junto a Boca Juniors, en 1977. “Yo le hice ganar el partido”, bromea el exárbitro al ser entrevistado por Revista Domingo.

“Hacía menos de un año que me había recibido como juez de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Y cierto día recibí la tremenda noticia de que el Colegio de Árbitros me había designado para actuar como cuarto árbitro en el Estadio Centenario. Hoy esa noticia no le movería un pelo a casi nadie. Pero a mí vaya que sí me despeinó. Y no solo en sentido metafórico”, recuerda.

No era un partido cualquiera, sino la decisiva tercera final de la Libertadores entre Boca y Cruzeiro. Pero eran otros tiempos: “Debí realizar cierto desembolso de mis menguadas finanzas para adquirir una indumentaria acorde a la ocasión, dado que entonces a los árbitros no nos proporcionaban el equipamiento”, rememora Rodríguez. Esa noche iba a poder observar desde la primera fila al brasileño Nelinho y sus temibles remates de media y larga distancia. Y al veloz puntero argentino Ernesto Mastrángelo. Pero su mayor expectativa estaba centrada en el desfachatado e inigualable “Loco” Gatti, con su vincha y melena al viento y sus atajadas felinas. Con su desparpajo, aquel golero despertaba admiración y simpatía, cuando no provocaba algún infarto a sus fanáticos, luego de salir gambeteando rivales afuera del área.

“Una de mis tareas (meramente administrativa) como cuarto árbitro, consistía en revisar las redes antes del comienzo de cada tiempo. Entré a la cancha exultante corriendo entre todos esos ‘monstruos’ y observado por 60.000 espectadores”, recuerda Rodríguez.

Y agrega: “Cuando llegué hasta el arco de la tribuna Amsterdam para cumplir con esa formalidad, ahí estaba el ‘Loco’ vistiendo un buzo celeste, un sutil recurso para ganarse al público uruguayo. No recuerdo si lo logró, pero al menos a mí me hizo aumentar un poquito más la simpatía que sentía por él”.

Gatti se encontraba realizando ejercicios de calentamiento con saltitos y movimientos de brazos debajo del arco. “Al llegar junto a él constaté que era bastante más alto que yo y me impactó su estampa de guerrero de tribu, con la que probablemente intimidaba a sus rivales. Lo saludé con un ‘hola, maestro”. Y él, sin dejar de moverse, estiró una de sus manotas enguantadas y tras un ‘qué hacés, pibe...’, me desordenó mi peinado a la gomina. Lo hizo de una forma casi paternal”.

Curiosamente, el goalkeeper se incomodó más que el joven árbitro por su exceso de confianza. Y -aunque sin dejar de hacer su calentamiento- le pidió disculpas. Mientras Rodríguez reacomodaba sonriente su despeinada cabellera, le dijo al jugador: “Capaz que con ese guante hoy atajás un penal”. Gatti miró al cielo, juntó sus manos e imploró: “¡Ojalá!”. Al final, se cumplió la profecía: con esa misma mano, el golero acabó conteniéndole a Vanderlei el penal decisivo de la tanda de cinco, para llenarse de gloria y conquistar así la primera Copa Libertadores para Boca Juniors.

El "Turco" Marino, guapo y capo

Así como ocurre con los jugadores de fútbol, dentro del arbitraje hay versiones encontradas sobre quién fue el mejor de todos los tiempos.

Pero los referís uruguayos coinciden en que un grande entre los grandes fue el “Turco” Esteban Marino. Su estampa, alta y ancha, llenaba la cancha e imponía autoridad, sin necesidad de mostrar tarjetas o usar el VAR, una herramienta del fútbol moderno que es puesta bajo la lupa en el libro sobre las anécdotas, cuentos y reflexiones arbitrales.

Marino arbitró en más de una oportunidad partidos en los que jugó Pelé. Se cuenta que la primera vez que coincidieron en un encuentro en Brasil, cuando Edson Arantes do Nascimento aún era una promesa, el jugador recibió un gran puntapié de un adversario, que lo tumbó. En momentos en que se paró rápido para reaccionar contra su rival, Marino lo tomó de un brazo y le habló en portugués aconsejándolo en estos términos: “Usted va a recibir muchas patadas en su vida. Nunca reaccione”. Un gran orgullo para el Turco fue el hecho de que, muchos años después, el Rey Pelé, en un reportaje de 1965 de la revista El Gráfico, dijo que el mejor árbitro para él era Esteban Marino.

De Marino hay otras anécdotas, como cuando le dijo a un jugador “ahora te echo de la cancha, pero después te cago a trompadas afuera”. O cuando intimó al Pepe Sacía (famoso también por su “guapura”): “Cuando quieras pasá por mi zapatería”, invitándolo a su comercio a dirimir un asunto deportivo.

Eran otras épocas para los jueces del fútbol uruguayo, que se iban solos del estadio (hoy los llevan en camionetas hasta sus casas). Y que no ganaban como para mantenerse con la profesión (se habrá leído que ni para el uniforme oficial les daban), por más que jugaran en las grandes ligas.

Un libro en beneficio de la Fundación Celeste

El sacerdote Ernesto Popelka, exfutbolista profesional y exasesor psicológico del Colegio de Árbitros, ha dicho sobre ¡VarBaridad!: “No se queda solo en lo anecdótico y gracioso, sino que también es reflexivo, abordando temas de actualidad y de discusión, como especialmente la influencia del VAR, entre otros temas. Y además este libro cuenta con lo formativo, pues repasa, aplica y actualiza las reglas de juego y su aplicación”.

¡VarBaridad! fue hecho en beneficio de los programas de desarrollo del fútbol infantil y adolescente, a través de la Fundación Celeste. Y nació como una suerte de excusa por el 70° aniversario de la Asociación Uruguaya de Árbitros de Fútbol (Audaf).

“Como sacerdote me tocó el honor de casar a varios. Recuerdo especialmente a mi amigo Gustavo Gallesio, a Líber Prudente a quien (mientras esperábamos a Mónica en el altar de la Parroquia de la Aguada) casi le tengo que sacar la amarilla por tanto nervio que tenía, a Marcelo Costa, a Carlos Gallo... O “casi” casarlo a Fernando Cabrera, porque siempre habíamos dicho que yo lo haría y cuando él se decidió a marcar día y hora, yo ya tenía agendado otro casamiento al mismo tiempo y en otro lugar y no pude ir”, recuerda Popelka, sumando otras anécdotas a la historia del referato.

El periodista deportivo Alfredo Etchandy agrega en su prólogo: “El árbitro es un administrador de justicia, pero también se convierte en un imputado cuando finaliza el encuentro (...) Mientras él actúa en el momento de la jugada, la crítica se hace con tiempo y con la ayuda de modernos aparatos. El primero usa el catalejo y el segundo el microscopio. La desigualdad de las herramientas es notoria”.

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