Los 40 años de Diamante FM y el debate sobre periodismo e información en los nuevos medios digitales

El comunicador y empresario Gustavo Vaneskahian es dueño y director de la emisora, que está cumpliendo cuatro décadas en el aire. Desde hace 30 años conduce el programa de entrevistas Quién es quién, por el que "han pasado todos".

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Gustavo Vaneskahian.

Hay aniversarios que sirven para mirar hacia atrás y otros que invitan a entender cómo se llega hasta el presente. Los 40 años de Diamante FM ofrecen ambas posibilidades. La emisora fundada en 1986 por Asadur Vaneskahian nació de una apuesta familiar extrema: para ponerla al aire hubo que vender prácticamente todo lo que había en la casa e hipotecar lo restante. Cuatro décadas después, la radio sigue al aire bajo la dirección de su hijo, Gustavo Vaneskahian, quien además conduce desde hace 30 años Quién es quién, uno de los programas de entrevistas más longevos de la radio y la televisión uruguaya.

Detrás de esa continuidad hay una historia de sacrificio, vocación, memoria familiar y una defensa firme del periodismo profesional en tiempos dominados por las redes sociales, el streaming (a veces profesional, muchas veces improvisado) y la inteligencia artificial.

“Todo lo aprendí de él”, dice Gustavo Vaneskahian al hablar de su padre, una figura destacada del periodismo uruguayo y uno de los organizadores, junto con Carlos Giacosa, del histórico debate televisivo de 1980 que marcó un antes y un después en la recuperación democrática. Pero, para él, el verdadero legado no fue un nombre conocido ni una empresa periodística, sino una forma de ejercer el oficio.

Desde pequeño lo acompañó a coberturas televisivas, cargó las pesadas baterías de los camarógrafos y jugó a conducir programas desde la cabina de Radio Monte Carlo. “Yo me sentía periodista llevando la mochila de un camarógrafo, siendo niño”, recuerda. Allí comenzó una formación que nunca pasó por una facultad, sino por la observación cotidiana de quien considera su principal maestro.

“Mi padre me iba enseñando sin decirme ‘te voy a enseñar’. Me enseñaba la objetividad, la profesionalidad, a escuchar todas las campanas. Siempre me decía: estudiá lo que vas a hacer”, señala.

Aquellas lecciones cobraron un sentido inesperado cuando Asadur falleció en enero de 1996, después de permanecer 18 días en coma. Gustavo tenía 23 años. Dos meses después decidió continuar el camino de su padre al frente de Quién es quién, que comenzó en Diamante FM, pasó por televisión por cable y desde 2004 se emite por Canal 5.

“Cuando mi padre fallece dije: ahora sí, tenés que ponerte los botines y entrar”, dice quien sigue manteniendo uno de los consejos de Asadur en lo más alto: antes de hacer una entrevista, es necesario estudiar el tema y al entrevistado. Y al parecer, la fórmula le ha funcionado muy bien: nadie lo asocia con la “derecha” o a la “izquierda” (“a todos pregunto por igual”, asegura) y se vanagloria al decir que “todos” han pasado por su mesa (decenas de fotos con personalidades en su oficina así lo atestiguan).

“El mejor elogio que me pueden hacer no es decirme que soy un crack. El mejor elogio es que me digan: preguntaste lo que yo hubiera preguntado. Ahí siento que hice bien mi trabajo. Cuando el periodista se destaca demasiado, está haciendo mal su trabajo. El mejor árbitro de fútbol es el que no se ve. Con el periodismo pasa lo mismo”, sostiene. Y agrega: “Las entrevistas más interesantes son cuando más escuchás al entrevistado. Hay periodistas que siguen un cuestionario preestablecido aunque el entrevistado les acabe de dar una noticia explosiva delante de los ojos”.

Además de Diamante FM (98.7), la familia Vaneskahian es dueña de otras dos radios en Canelones y Maldonado. Y tuvo una tercera en Flores.

Escuchar, preguntar

Su preparación comienza mucho antes de encender la cámara. Estudia cada tema, investiga a sus invitados y procura comprender el contexto. Pero, una vez iniciada la conversación, deja que la entrevista tome su propio rumbo. También procura traducir el lenguaje técnico para cualquier oyente. Recuerda el caso de un ministro de Economía que habló de la “volatilidad” del dólar.

“Yo sabía qué quería decir volatilidad, pero el oyente quizás no. Entonces, pregunté. Después, un ama de casa me dijo: ‘Es la primera vez que entendí una entrevista a un ministro de Economía’. Ese día sentí que había hecho bien mi trabajo”, señala.

Ese estilo, afirma, explica en parte la permanencia de Quién es quién: “Yo trato de imaginar qué le gustaría saber a la gente. No quedarme en un solo tema. Hablo con taxistas, con amas de casa, con jóvenes, con empresarios. Lo que no entiendo, lo pregunto hasta aprenderlo”.

Hablar de Vaneskahian también es hablar de la radio como medio. Contra todos los pronósticos que anunciaban su desaparición, está convencido de que conserva una fortaleza que la pandemia dejó en evidencia. “Por el celular llegaba de todo. La enorme mayoría era basura, noticias falsas. Entonces la gente recordó que una radio, un canal, un diario, tienen nombre, periodistas y responsables. Ahí volvió a descubrir que había fuentes confiables”, destaca.

No niega que internet transformó el negocio de los medios y redujo sus ingresos, pero cree que la credibilidad sigue siendo el principal capital de los medios en los que se mueve. “Lo que es en serio se llama radio y televisión. Todo lo que está en redes, la enorme mayoría, no es verdad. Y cuando es verdad, normalmente proviene de un medio serio”, dice el comunicador.

Y añade: “La radio no perdió la imaginación. A veces me gusta que la transmisión no tenga cámara. Que la gente imagine cómo es la voz, cómo es el estudio. Esa magia sigue existiendo”.

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Gustavo Vaneskahian.

Mundo real y digital

Además de defender la vigencia de los medios tradicionales, Vaneskahian casi no utiliza redes sociales. “Solo uso WhatsApp”, asegura, aunque aclara que su radio sí está presente en las redes.

Tras leer comentarios en internet sobre una entrevista muy difundida llegó a una conclusión: “Es un disparate lo que se escribe. Mirás quién comenta y son tres consonantes y cuatro números, trolls. Antes las cartas al director venían firmadas. Hoy cualquiera dice cualquier cosa desde el anonimato. Si uno se guía por eso, se enferma”.

Aclara que no cuestiona el streaming como formato, sino la falta de idoneidead de muchos de quienes lo utilizan. “Si veo un programa de streaming hecho por profesionales le presto atención. Ahora, los que agarran un micrófono en el cuarto de su casa, roban información de todos los medios sin citar la fuente y dicen ‘me llegó la data’... no, eso no es periodismo. Hay que saber que cuando uno dice algo hay un nombre, una familia y una estabilidad que cuidar. Los comunicadores influimos”, aclara. También observa con preocupación el avance de la inteligencia artificial: “El principal canal de difusión de la inteligencia artificial son las redes. Vemos videos que parecen reales y no lo son. Tenemos que desarrollar pensamiento crítico; sino, perdemos la batalla cultural”.

Genocidio, valores y fe

Su historia personal ayuda a entender parte de esa mirada. Nieto de sobrevivientes del Genocidio Armenio, impulsó la ley que estableció la cadena nacional de radio y televisión cada 24 de abril para recordar esa tragedia. En materia de fe, evita definirse como evangelista, aunque tampoco comparte los postulados de la Iglesia Católica. (Antes formó parte de la Iglesia Evangélica Armenia).

Los valores que dice aplicar -solidaridad, respeto y servicio- también los aprendió en casa. Cuando murió su padre encontró una agenda donde una de las últimas anotaciones era la de conseguir una vivienda para un bombero al que ni siquiera conocía. “Si tengo la posibilidad de hablar con alguien que puede ayudar a una persona, lo voy a hacer”, asegura.

Esa enseñanza sigue guiando su vida y también su trabajo. Después de tres décadas entrevistando a presidentes, empresarios, sindicalistas y referentes de todos los partidos, asegura que nunca aceptó modificar una entrevista por presión de un protagonista. “En la cancha jugamos. Si alguien siente que no puede responder determinadas preguntas, entonces es mejor que no venga”, sostiene.

No le queda ninguna entrevista soñada. “Gracias a Dios tuve el privilegio de entrevistar a todos”, afirma. Pero lo que permanece intacta, después de tantos años, es la curiosidad.

Gustavo Vaneskahian sigue defendiendo una idea clásica del periodismo, heredada de su padre y sostenida durante cuatro décadas por Diamante FM: prepararse, escuchar y dejar que sea la verdad -y no el periodista- la que ocupe el centro de la escena.

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