Las historias están ahí. En una calle que atravesamos todos los días, en la fachada de una escuela, en una plaza, un monumento o un edificio al que ya casi nadie presta atención. A veces queda una placa que permite tirar del hilo. Otras, no hay ninguna marca y hay que buscar en archivos, diarios antiguos, documentos judiciales y testimonios hasta conseguir devolver una historia al lugar donde ocurrió. Eso es parte de lo que hacen Nadia Birriel, Florencia Turielli y Tania Rodríguez, tres historiadoras que crearon Indómitas, una cooperativa de trabajo que propone recorrer Montevideo para mirar su pasado desde otro lugar.
Caminan sus barrios, investigan y convierten calles y edificios en puntos de partida para contar las vidas de mujeres que trabajaron, enseñaron, migraron, militaron, escribieron, cuidaron y se organizaron, pero cuyos nombres y experiencias muchas veces quedaron fuera de los relatos históricos conocidos.
La propuesta combina dos mundos que conocen bien: la investigación histórica y los recorridos turísticos. Desde 2024, han organizado circuitos sobre mujeres y literatura, mujeres y dictadura, mujeres y diversidades y recorridos por el Centro, Ciudad Vieja y el Cerro. A las salidas mensuales abiertas al público se sumaron experiencias para escuelas y liceos y propuestas encargadas por instituciones y organismos. Cada territorio plantea una investigación diferente, pero la búsqueda es la misma: encontrar las huellas de las mujeres que también construyeron la ciudad.
La próxima caminata será el sábado 17, en el Cerro. Durante dos horas y media, a partir de las 11.00, el recorrido avanzará desde el Teatro Florencio Sánchez por un barrio marcado por su historia obrera y migrante. La actividad tiene un costo de $ 500 por persona. Sus creadoras lo presentan como “el más obrero” de los circuitos de Indómitas. Pero para entender cómo llegaron hasta aquí hay que retroceder un poco más.
La primera idea apareció en 2023, cuando Birriel preparaba un capítulo de Tejedoras del cambio, un libro sobre la historia de los feminismos en Uruguay. Mientras investigaba, empezó a encontrarse una y otra vez con mujeres que habían participado de luchas fundamentales para conquistar derechos y cuyos nombres, sin embargo, eran prácticamente desconocidos.
Por entonces trabajaba como guía turística en Barcelona y comenzó a pensar cómo sacar esas historias de ámbitos especializados y acercarlas al público. Cuando regresó a Uruguay en 2024, aquella inquietud se cruzó con la precarización laboral de las docentes y la voluntad de construir un espacio cooperativo donde las decisiones y los ingresos se repartieran de manera igualitaria. Así nació Indómitas.
El proyecto reunió las experiencias de las tres. Birriel es profesora egresada del Instituto de Profesores Artigas y magíster en Historia Rioplatense; Turielli, profesora egresada del IPA y maestranda en Historia Rioplatense; y Rodríguez, licenciada y magíster en Historia, cursa actualmente el profesorado en el IPA y un doctorado en la Universidad de la República. Las tres trabajaron como guías turísticas y se especializaron en historia de género.
Historia bajo los pies
Para ellas, caminar no es simplemente una forma atractiva de presentar el resultado de una investigación. La propia ciudad es “un gran dispositivo pedagógico”. “A través del nomenclátor, las esculturas, los murales y los monumentos, el poder político va reivindicando, en cada contexto histórico, determinadas historias y memorias. Así también se construye la identidad de las ciudades”, sostiene Birriel en diálogo con Domingo. Por eso, ellas proponen recorrerla con lo que llaman “lentes violetas”. “Cuando una empieza a rascar un poquito las fuentes, las mujeres aparecen”, asegura.
Encontrarlas, sin embargo, no significa simplemente agregar nombres femeninos a una historia ya escrita. Para las promotoras de esta iniciativa, trabajar con perspectiva de género implica cambiar también las preguntas que se le hacen al pasado. Si la historiografía tradicional privilegió los grandes acontecimientos, los espacios institucionales o la política partidaria, otras experiencias quedaron relegadas. Entre ellas están el trabajo doméstico, las ollas populares, las redes de cuidados y hasta tareas de espionaje o actividades clandestinas desarrolladas durante períodos de persecución política. Las mujeres estaban. El desafío es saber dónde buscarlas.
Y esa búsqueda cambia en cada recorrido. En el Cerro, por ejemplo, esas huellas conducen inevitablemente al mundo del trabajo. “Durante la primera mitad del siglo XX, el barrio fue una importante comunidad obrera y un polo industrial. El cierre de dos grandes frigoríficos en 1957 profundizó una crisis económica y social que atravesó al territorio y cuyos efectos llegan hasta hoy”, señala Rodríguez, quien se crió allí. Desde niña convivió con relatos sobre sus luchas, organizaciones y diversidad. Después convirtió ese universo en objeto de estudio: lleva más de nueve años investigándolo.
Una de las historias que recuperará la caminata del día 17 ocurrió en 1969. Ese año, un conflicto frigorífico estalló después de que una decisión gubernamental habilitara la eliminación de los dos kilos diarios de carne que recibían los trabajadores como parte de su remuneración. La huelga se extendió durante cuatro meses. En la esquina de Grecia y Perú se instaló entonces un campamento de mujeres. Más allá de “grandes” nombres o acontecimientos, dice Rodríguez, esas historias permiten reconocer los dilemas de cada época, quiénes los enfrentaron y qué formas encontraron para organizarse.
Otra ciudad
La experiencia acumulada en los recorridos también les mostró algo que no necesariamente esperaban. Aunque el público está integrado mayoritariamente por mujeres —desde los veintipocos años en adelante y de profesiones diversas—, una de las respuestas que más sorprendió a las historiadoras llegó de los adolescentes. Cuando realizan circuitos con estudiantes, cuenta Birriel, muchos quedan fascinados al descubrir cuánto desconocían sobre los barrios por los que transitan todos los días. En una salida reciente junto al INJU combinaron las historias del pasado con experiencias contemporáneas: huertas orgánicas, cooperativas comunitarias y las ollas populares organizadas durante la pandemia.
Ahí aparece otra dimensión de Indómitas. No se trata solamente de recuperar nombres que el tiempo borró, sino de preguntarse por qué algunas experiencias fueron consideradas dignas de formar parte de la historia y otras quedaron relegadas. Para Birriel, mirar el pasado desde una perspectiva de género permite además comprender que ciertas divisiones que durante mucho tiempo parecieron naturales también tienen una historia: las mujeres confinadas al ámbito doméstico y los varones ocupando mayoritariamente el espacio público, por ejemplo.
Y permite volver sobre tareas tradicionalmente subestimadas. Cocinar, cuidar, organizar una olla o sostener una casa pueden parecer acciones alejadas de los grandes acontecimientos históricos. Sin embargo, durante guerras, revoluciones o períodos de persecución política fueron fundamentales para mantener con vida a otras personas, esconder perseguidos o cuidar enfermos y heridos. Repensar esas experiencias, sostienen las historiadoras, modifica la forma de mirar el presente. Por eso, después de una caminata, las calles siguen siendo las mismas, pero ya no cuentan exactamente la misma historia. Eso es lo que buscan hacer visible a cada paso.
Todos los días miles de escolares uruguayos se ponen una túnica blanca y una moña azul. Mucho menos conocida es la historia de la mujer que, hace más de un siglo, propuso convertirlas en uniforme de la escuela pública. Dominga Irigaray fue una destacada educadora uruguaya y una de las protagonistas del próximo recorrido que harán por el Cerro.
“En 1913 planteó ante las autoridades educativas la implementación de un uniforme compuesto por túnica blanca y moña azul. El objetivo era promover la igualdad entre los y las estudiantes, eliminando las distinciones de vestimenta”, rescata Rodríguez. Su vínculo con la zona también forma parte de la historia. Irigaray acostumbraba cruzar el arroyo Pantanoso para dar clases en aquella barriada obrera. Desde la década de 1930, en la Plaza Lafone de La Teja, un monumento dedicado a las maestras recuerda su figura. Durante la caminata del día 17, su historia será contada frente a la Escuela Nº 29 Checoslovaquia, una institución de 167 años y una de las primeras del país.