Amigos del Patrimonio, el grupo que fomenta el cuidado de edificios históricos hará su primer viaje al exterior

El colectivo ciudadano recorre, estudia y pone en valor el patrimonio edilicio de Montevideo. A cuatro años de su creación, creó una comisión sobre Ciudad Vieja, amplía su agenda con actividades locales y anuncia su primer viaje internacional.

Amigos del patrimonio
Parte del grupo en reciente visita al Hospital Maciel.
Foto: gentileza

En el Salón Imperio del Club Uruguay, bajo molduras que acumulan más de un siglo de historia, un grupo de personas escucha hablar sobre los Rolli de Génova, estos palacios que alguna vez funcionaron como residencias de la nobleza.

La exposición de la investigadora italiana Giulia Ampollini avanza entre fechas, nombres y detalles arquitectónicos. Pero lo que sucede en la sala va más allá de la conferencia: es, en cierto modo, una escena que sintetiza el espíritu de Amigos del Patrimonio, el colectivo que convocó la charla y que, en poco tiempo, pasó de ser un encuentro casual a convertirse en una red activa de más de 140 personas comprometidas con la preservación del patrimonio edilicio uruguayo.

“Somos un grupo testimonial, porque damos un testimonio sobre el patrimonio y, más que eso, buscamos impactar en la ciudad creando consciencia de que el edificio que vale la pena mantener es el que está construido”, dice Carmen Álvarez, su fundadora, en charla con Domingo.

El colectivo nació hace cuatro años, cuando un pequeño grupo coincidió en un almuerzo y descubrió algo en común: todos vivían, trabajaban o tenían algún vínculo con edificios patrimoniales.

Giulia Ampollini
La historiadora del arte Giulia Ampollini.
Foto: Ignacio Sánchez

Esa afinidad inicial se transformó en una iniciativa concreta. Hoy, el grupo reúne perfiles diversos —arquitectos, restauradores, profesionales de otras áreas— atravesados por el interés común de que estas construcciones sigan en pie y, sobre todo, que sigan vivas.

La idea de “patrimonio” no es unívoca, explica Álvarez. Para Amigos del Patrimonio el criterio es amplio, ya que trabajan con todas las construcciones anteriores a la década de 1960. Y, en esa amplitud, introducen un matiz importante: no se trata solo de conservar, sino también de adaptar.

“No se puede pretender que los edificios mantengan el destino para el que fueron creados”, explica la coordinadora del colectivo, quien vive desde hace años en el Palacio Salvo, uno de los más icónicos de la ciudad.

El ejemplo clásico de nuevos usos es el del Palacio Taranco, que dejó de ser residencia privada para convertirse en museo. Ese desplazamiento de funciones es, para el grupo, una de las formas más eficaces de preservación.

La agenda de actividades funciona como una herramienta de visibilización. Hay visitas a edificios emblemáticos y también a espacios menos conocidos: iglesias, embajadas, hospitales. En una de las últimas salidas, por ejemplo, el grupo recorrió el Hospital Maciel. Los recibió y contó los detalles del lugar el doctor Juan Gil, historiador de la medicina e integrante de la Comisión de Patrimonio del hospital.

Conferencia de Amigos del Patrimonio
Conferencia de Giulia Ampollini.
Foto: Ignacio Sánchez

En estos cuatro años, el colectivo también ha intervenido en discusiones concretas sobre la ciudad. Entre otras acciones, solicitó a la Intendencia de Montevideo, a la Junta Departamental y al Municipio CH que, al menos en Pocitos, se conserven las huellas del antiguo tranvía, como parte de una memoria urbana que persiste en el espacio público.

Pero, más allá de esas gestiones, Álvarez señala que el principal aporte ha sido “poner en visión una cantidad de edificios que no se conocían”. Incluso en los más transitados, sostiene, hay capas invisibles para la mayoría. Y menciona el caso del Hospital Maciel, visitado recientemente.

“La gente va a atenderse, pero no conoce una cantidad de cosas que nos mostraron a nosotros: la estatuaria, las obras pictóricas, los jardines internos, los salones donde se dictan clases”.

En cada recorrido, explica, hay alguien del lugar que guía y comparte historias, anécdotas y usos que no siempre están a la vista. La posibilidad de acceder a lo que suele permanecer cerrado o desapercibido es, entiende, una forma de activar el vínculo entre la ciudad y quienes la habitan.

El crecimiento del grupo también se explica por su dinámica interna. Las actividades no se imponen desde una dirección central, sino que surgen de propuestas que circulan en reuniones o a través de redes sociales. Esa lógica participativa fomenta un ritmo constante: charlas sobre arquitectos, recorridos patrimoniales, visitas a embajadas —en 2025 fueron a las de Armenia, Paraguay y México— y nuevas alianzas con instituciones públicas y privadas. Sin sede propia, Amigos del Patrimonio se apoya en una red de colaboraciones que le permite ocupar, de forma itinerante, distintos espacios de la ciudad.

El edificio que vale la pena mantener es el que está construido.

Donde poner el foco

Hoy, para el grupo, la principal problemática de Montevideo son las demoliciones de casas que se deterioran hasta volverse irrecuperables o los predios vacíos donde antes había construcciones con historia.

En un contexto donde crecen las corrientes de reutilización —desde la moda hasta las prácticas vinculadas al cuidado ambiental—, plantean que esa lógica debería extenderse a la ciudad. Demoler, sostienen, no solo implica perder historia, sino desperdiciar una infraestructura ya existente.

Esa mirada se vuelve especialmente nítida en zonas como Ciudad Vieja. El año pasado, el colectivo creó una comisión específica para trabajar sobre ese territorio. Problemas de iluminación, vida nocturna y uso del espacio público forman parte de una agenda que busca discutir con las autoridades. Incluso ya solicitaron instancias de diálogo con la Junta Departamental en el marco del Programa de revitalización de la Ciudad Vieja —incluido dentro del documento de prioridades ciudadanas presentado por la Intendencia—, que plantea una revisión del plan vigente y una serie de inversiones para potenciar las dimensiones residencial, cultural, patrimonial y de espacio público del barrio.

“Es nuestra carta de presentación. Hay que cuidar este barrio con especial atención. No alcanza con conservar: hay que volver a habitar, a activar”, sintetiza quien también es socióloga y comunicadora.

En ese marco, el colectivo está a la espera de ser recibido para presentar sus aportes y abrir un espacio de intercambio.

Carmen Álvarez
Carmen Álvarez, fundadora del grupo.
Foto: Ignacio Sánchez

Por eso, cuando habla de futuro, Álvarez lo hace en términos de permanencia. “No somos un grupo de ocasión. Es un grupo para siempre”, dice. La afirmación puede sonar ambiciosa, pero también funciona como una declaración de principios. En Montevideo, donde el patrimonio edilicio está expuesto a la lógica del reemplazo, Amigos del Patrimonio propone otra temporalidad y otra forma de acción: profundizar conocimientos, reforzar la idea de que el patrimonio no es estático sino una construcción que se activa en el presente, y construir una lógica de cuidado que es, al mismo tiempo, una forma de memoria.

Conocer el patrimonio Italiano

En mayo de 2027, el colectivo concretará su primer viaje internacional con destino al norte de Italia, en un recorrido de 15 días. El itinerario incluye Génova, Turín, Pinerolo y Lucca, con un foco especial en los Rolli de Génova: un conjunto de 42 palacios de la nobleza declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y que serán uno de los ejes centrales de la visita. La elección del destino no es casual.

“Desde el puerto de Génova partieron miles de inmigrantes italianos hacia Uruguay, lo que convierte a la ciudad en un punto de conexión directa con nuestra historia cultural”, afirma Álvarez. La propuesta no apunta al turismo convencional, sino que hay un interés técnico en el viaje: conocer en sitio los criterios de preservación patrimonial, observar los usos contemporáneos de edificios históricos y comprender los modelos de gestión que permiten sostenerlos en el tiempo. Además de los palacios genoveses, el grupo recorrerá centros históricos, puertos y casas emblemáticas, con el objetivo de ampliar la mirada sobre el patrimonio como sistema vivo. También habrá paradas cargadas de sentido: la casa de Cristóbal Colón, las ciudades que dieron origen a nombres de barrios montevideanos —como Pinerolo, vinculada a Peñarol— y paisajes que dialogan, a la distancia, con la identidad local.

Museo del Palacio Real
Museo del Palacio Real.
Foto: @italia.it

El viaje será financiado de forma individual por cada participante y se enmarca en una agenda más amplia de actividades que el grupo desarrolla en Uruguay durante todo el año. En mayo próximo, por ejemplo, visitarán el histórico taller artístico Tammaro, en Ciudad Vieja, y anunciarán la fecha de una visita a la embajada de Brasil.

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