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Igor Akinfeev: un capitán con carisma

El golero de la selección de Rusia, que enfrentará a Uruguay, es la figura de su equipo. Con una carrera extensa en su país destacan su madurez y reflejos.

Igor Akinfeev

Aunque entre los portales especializados puede haber matices, para la FIFA la figura de la selección de Rusia es indiscutible: se trata de Igor Akinfeev, capitán y guardameta, del que más allá de su talento futbolístico la organización destaca su "carisma". Un punto nada menor para la "gran impresión" que pretende causar el equipo anfitrión, que será rival de Uruguay.

Akinfeev (31), sin una carrera en el exterior que lo haga masivamente conocido por estas latitudes, sí estuvo en portada de los medios de comunicación en la última semana. ¿El motivo? El fin de lo que muchos habían dado en llamar una "maldición": como portero del CSKA Moscú llevaba 43 partidos consecutivos recibiendo goles en la Champions League. Un triste récord que lo convertía en la serie negativa más extensa en el famoso torneo.

Sus compañeros hicieron lo posible porque esta racha terminara. Por él, por el equipo, por la selección de Rusia y el Mundial que se viene. Y aunque fue contra el Benfica —que no viene con una buena racha—, eso no le quitó el sabor dulce al fin de esta triste marca que duró 11 años y 21 días. Akinfeev lo festejó con una gran sonrisa pero evitó hacer comentarios. "Por supuesto que lo felicitamos después del partido", dijo Víktor Goncharenk, entrenador del CSKA. "Todos los jugadores hicieron todo lo posible en la última parte del partido para cerrar los espacios y asegurarse de que Igor mantuviera el arco a cero", declaró a El País de Madrid.

Campeón.

Igor nació el 8 de abril de 1986 en Moscú. Cuando tenía solo cuatro años su padre lo llevó a la Escuela de Deportes del CKSA. Ya desde el segundo entrenamiento le vieron aptitudes para un puesto que no abandonaría: golero, posición nada menor en la tierra donde la gran leyenda del fútbol es el guardametas Lev Yashin. Nunca más dejaría ese club y en 2002 conquistaría su primer título al ganar el campeonato juvenil. Desde entonces, le han alabado sus reflejos sobresalientes, su coraje y también su excelente lectura del juego.

"Para construir un campeón es necesario trabajar desde la primera infancia y continuar toda la vida. Hay que trabajar duro, creer en ti mismo y nunca dejar que las derrotas o las desgracias te desanimen. Si uno hace eso, tarde o temprano gana", dijo en una entrevista en 2015, cuando fue la cara visible de los Winners Games, competencias que reúnen a niños que se recuperaron de cáncer.

A esa altura, faltaba poco para su debut profesional, que fue a los 16 años y a lo grande: atajó un penal y facilitó la victoria de su equipo 2 a 0 frente al FC Krylia Sovetov Samara. Poco después pasaría a formar parte de la formación titular del CSKA, equipo con el que empezó también con una muy buena racha, al conquistar la Premiere Leage rusa en la temporada 2003.

Con esa camiseta azul y roja, ha conquistado un total de 18 títulos: seis en la Súper Liga de Rusia, seis Copas de Rusia y otras tantas Súper Copa de Rusia. Pero si tiene que elegir un solo trofeo Akinfeev no duda: la copa de la UEFA que ganaron en 2005 al vencer por 3-1 al Sporting de Lisboa, convirtiéndose en el primer equipo ruso en triunfar en un campeonato europeo. Un año más tarde era elegido el mejor jugador de la Unión Soviética.

—¿Cómo celebrás tus victorias?

—No soy esa clase de persona. Prefiero compartir mis momentos de gloria y los de tristeza solo con mis afectos. Así que celebro mis victorias deportivas, y cualquier otra, con mi familia y mis amigos.

En esa humildad y esa forma de ser y mostrarse quizás esté el carisma del que tanto hablan en su selección, donde debutó en 2004 y con quien lleva jugados más de cien partidos. En su derrotero, un par de lesiones, en especial una en las rodillas, lo alejaron por algunos meses de las canchas, pero sin mayores consecuencias en su carrera.

En marzo de 2012 comenzó su camino hacia el Mundial de Rusia. Fue nombrado primer embajador de la competencia por la organización, quien destacó: "Igor, todo un ejemplo para millones de niños rusos, encarna las mejores cualidades que puede poseer un hombre y un deportista". En esa época los récords eran por sus hazañas: había logrado que no le metieran un gol en 708 minutos de juego con su selección.

Previo al Mundial de Brasil pensaban que ese podría ser el gran salto en su carrera que lo llevaría a firmar con un grande de Europa. Pero no fue así: dos errores, uno en el partido contra Corea del Sur y otro contra Argelia, cuando Rusia tenía la chance de pasar a Octavos de Final y Akinfeev salió mal en un tiro libre —aparentemente cegado por un láser que apuntó desde la tribuna— hicieron que el equipo se despidiera y también sus chances de un pase millonario.

Este año, la selección apostaba a tener un rol destacado en la Copa Confederaciones, pero cayó en dos de los tres partidos que disputó. De todos modos, su papel fue destacado por medios como el italiano OA Sport. "Igor Akinfeev sigue siendo indudablemente el líder carismático de un grupo que se aprieta alrededor de su portero y capitán. Equipado con un repertorio completo, está en plena madurez física y mental y combina la reactividad y sentido de posición a una notable capacidad en los resultados, características que lo convierten en el jugador más representativo del grupo".

Las otras estrellas

Clasificados por primera vez a un Mundial desde 1990, Egipto es la selección con la que debutará Uruguay. Mohamed Salah, el rapidísimo astro del Liverpool es su figura: hizo 71% de los goles que los llevaron a Rusia. El grupo se completa con Arabia Saudí, con Moha-mmed Al-Sahlawi como estrella, máximo goleador de la fase clasificatoria.

Embajador de bellezas en su país

"Los futbolistas solemos viajar por el país, pero ni siquiera nosotros nos imaginamos toda la riqueza y colorido que posee Rusia. Gracias al Mundial, cientos de miles de turistas procedentes de todo el planeta visitarán Samara, Nizhny Nóvgorod, Rostov del Don y las demás ciudades. Mientras siguen a sus equipos, los aficionados podrán conocer la cultura y la vida cotidiana de las ciudades rusas. Estoy seguro de que se llevarán una impresión vívida y cálida del país, y muchos querrán regresar una y otra vez". Así describió Igor Akinfeev parte de su rol como embajador de este Mundial. Será la décima participación de Rusia: el mejor resultado fue llegar al cuarto puesto (1966).

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