VIDAS

La historia de Alexis Colman: tras pasar casi 20 años preso, intenta triunfar en el golf

Un productor y un realizador uruguayos llevaron al cine la vida de Alexis Colman, quien estuvo la mayor parte de su vida adulta tras las rejas. El Golfista se estrena el próximo jueves.

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Alexis Colman.

Alexis Colman (44) quiere recuperar el cariño de sus cuatro hijos y dejar de ser el padre ausente que siempre fue. Tiene un pequeño almacén en su casa del Cerro con el que sustenta a su familia. Y cuando puede, va a jugar al golf, mientas sueña con ser profesional en este deporte de elite y competir en un torneo, porque cree que, quizás, esa pueda ser la llave de otro destino. La mayor parte de su vida adulta la pasó en la cárcel. Pero hoy es una persona diferente, “reformada”, como se dice habitualmente. Desde hace años está alejado de las drogas y de la vida delictiva que tanto mal le hizo. Y en la que él tanto mal les hizo a otros.

La historia de Alexis ha sido llevada al cine por dos productores uruguayos. Y contiene un mensaje contundente: se puede salir desde lo más profundo, incluso cuando el sistema no ofrece las condiciones para ello. El Golfista se estrenará el próximo jueves 14 de octubre en el Teatro Florencio Sánchez del Cerro.

“Mis tíos paternos pasaron por varias cárceles por cometer asaltos. Y mi padre también estuvo preso, pero solamente un par de meses, por una riña callejera. Él era ‘muy bueno para tomar’ y eso lo llevó a estar en peleas y en cantinas. También, en parte, a que se separara de mi madre. Pero tenía la contraparte de mis abuelos, que intentaban que yo no pasara por lo mismo. Y mi padre, a su manera, buscaba que no siguiera tras los pasos de mis tíos”, recuerda Alexis al ser entrevistado por Revista Domingo.

Su primer trabajo lo consiguió al salir de la escuela. Con 12 años, comenzó a atender un puesto, aunque “la rebeldía estaba bien presente” por su entorno familiar. Intentó hacer un par de años de Secundaria, pero fracasó. “Tenía una tendencia a delinquir”, sostiene. Y confiesa que desde niño estuvo “bastante complicado” con las drogas. “Fue una parte importante, aunque por suerte hace 30 años no existía la pasta base; lo que había era marihuana y cocaína. Gracias a Dios nunca probé la pasta”, destaca. Y deduce que el haber estado lejos de esta droga, de bajísima pureza, probablemente lo ayudó a no perder la cabeza por completo.

A los 13 años comenzó a recoger pelotas en el Club de Golf de Punta Carretas, un trabajo que lo llenaba de orgullo. Pero todo cambió cuando cometió un error. “Me veían bien y me dieron la posibilidad de trabajar en las fiestas que se hacían en la noche, lavando copas y haciendo otras cosas. Cuando había algún sobrante de whisky, los metres y mozos se lo acostumbraban a repartir, era como un souvenir. A mí me agarraron con una botella y me echaron. Supliqué para que no lo hicieran porque amaba el golf, ya soñaba con ser profesional y les llevaba los palos a los jugadores. Pero eso se evaporó”, recuerda.

Esta situación lo llevó a tenerle “bronca a la gente de plata”. Y su camino comenzó a torcerse. Cuando pisaba los 15 años, las malas juntas lo llevaron cometer su primer asalto violento. Y a los 18 terminó preso en el Comcar por tentativa de rapiña. Por ser primario, solamente cumplió una pena de 8 meses. Pero cuatro meses más tarde, a pesar de la contención familiar que recibió, volvió a rapiñar. Fue preso nuevamente. Y estuvo 18 años tras las rejas.

Cuando se le consulta cómo es posible que haya estado 18 años preso por una rapiña, asegura: “No maté a nadie, aunque es lo que la gente cree cuando le comento lo larga que fue mi condena”.

Dentro de la prisión, tuvo muchos problemas de peleas e intentos de fuga (uno de ellos muy mediático, en el que los reclusos construyeron un túnel). “No sirvo para estar callado y vivía de problema en problema, lo cual me fue incrementando las penas”, sostiene.

El gran cambio

En un momento en el que se preparaba un nuevo intento de fuga, Alexis reflexionó sobre los pasos a dar. Ya había comenzado a cambiar su conducta y a ganarse el respeto de los directores del Comcar en base a su trabajo. Incluso impulsó la construcción de una pequeña cancha de golf dentro de la cárcel. Se volcó a la Iglesia Evangélica y comenzó a tener salidas transitorias desde La Granja del Penal de Libertad, el sitio donde se comenzó a filmar su película.

Desde hace algunos años, tiene un pequeño almacén que atiende junto a su esposa. “Hoy estoy tratando de recibirme de profesor de golf”, sostiene. “Mi esposa hacía comida para vender. Y decidimos invertir en una freidora comercial para potenciar ese negocio. Después fuimos poniendo cositas de almacén y así fuimos creciendo. Es un almacén chiquito, familiar, pero todos los días nos da de comer. Y así venimos pagando las deudas, de a poquito. La palabra de Dios es algo que me ayudó mucho y que me enfocó bastante”, destaca. Y agrega: “Fue fuerte ver el preestreno que hicieron para mi familia. Es una mezcla de sensaciones. Yo lo único que les dije fue que para prestarme a una exposición así, que me iba a dejar expuesto a los prejuicios de la sociedad, debía quedar claro el mensaje de que con esfuerzo y estando convencido, se puede”.

El Golfista afiche
El Golfista.

De la cárcel al cine

El Golfista nació por una idea del periodista y productor Diego Barbosa, quien se juntó con el realizador Javier Hayrabedian para darle forma a la historia. “En un momento me encuentro con gente del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) y les planteo la idea. Y después se la comento a Javier y le pido que me acompañe, porque él era camarógrafo y realizador de Tevé Ciudad. Elegimos una de las historias que me habían propuesto en el INR. Y entonces me junté con Alexis, porque había que generar un círculo de confianza y ver si él quería aceptar. Fuimos varias veces a la chacra de Libertad, hasta que finalmente decide contar su historia, porque quería transmitir su experiencia de vida a sus pares”, dice Barbosa a Revista Domingo.

“Sin lugar a dudas esta es una historia de segundas oportunidades. El relato de la película en sí lo que deja es el mensaje de que esto no es rehabilitación, sino reinserción social. Es una persona que decide por sí misma reinsertarse a la sociedad. Me parece que rehabilitarse es algo que va por otro lado, que te puede llevar toda la vida. Reinsertarte es lo que a él le llevó estos años”, agrega el productor.

Barbosa entiende que entre los 14.000 presos que tiene Uruguay “hay muchos Alexis”. Pero muchas veces no son escuchados. Ni acompañados por un sistema en el que un niño que robó una vez una botella de whisky, se desbarrancó en la vorágine de una vida de drogas y violencia. Además del estreno del próximo jueves en el Florencio Sánchez, El Golfista se exhibirá el sábado 16 en el Centro Cultural Alba Roballo (José Llupes 5350), y entre el jueves 21 y el domingo 24 en la Sala Nelly Goitiño del SODRE (18 de Julio 930).

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Alexis Colman con parte de su familia.

La historia de un padre ausente

“Conocí a Alexis y vi la mirada de un hombre que necesita ser aceptado por su familia. Pude notar en sus ojos la necesidad de ser padre. Y pensé que para que haya padre tiene que haber hijos. En este caso hay cuatro (de 10, 19, 21 y 23 años), pero no lo ven como algo cercano a un padre, lo ven como alguien que nunca estuvo y que ahora irrumpe en sus vidas promoviendo nuevas costumbres y marcando pautas de comportamiento”, dice el director de la película, Javier Hayrabedian.

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