NOMENCLÁTOR

Héroes y villanos en Montevideo: la historia de las calles de la ciudad

La historia no siempre objetiva que narran los espacios públicos de la capital

Calles Ciudad Vieja 01
El último capítulo del nomenclátor se comenzó a escribir cuando se cambiaron los nombres del santoral católico.

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Del Medio, Calle de los Judíos, San Fernando y Cámaras. Ninguna de las cuatro nos suena familiar, aunque si nos dicen Juan Carlos Gómez todos visualizamos rápidamente al Cabildo y la Plaza Matriz. Las cinco denominaciones corresponden a la misma calle de Montevideo, testigo de acontecimientos relevantes para el país como la Jura de la Constitución de 1830, aunque la memoria colectiva las haya olvidado.

Hay que pensar que la Ciudad Vieja es hoy un barrio, pero nació como ciudad. Al transitar por sus veredas, pocas veces tomamos en cuenta que allí hubo un asentamiento colonial con murallas, fuertes y baterías de aguerridos cañones. También hubo horcas para ajusticiar a los delincuentes en plena vía pública, fusilamientos y hechos que quedaron, de una manera u otra, grabados en sus espacios.

Pero como se suele decir habitualmente, la historia la escriben a su manera los que ganan o los que pierden. Y los nombres de las calles no son otra cosa que parte de esa memoria.

El historiador Leonardo Borges es uno de los autores que se ha pronunciado sobre las zonas grises y ausencias en el nomenclátor capitalino. Lo ha hecho en dos publicaciones: La historia impertinente (Ediciones de la Plaza, 2016) e Historia escondida del Uruguay (Ediciones B, 2019).

“El nomenclátor es una prueba sobre el poder que tiene la historia oficial en el relato. Más allá de que la academia esté en otras discusiones, en otros temas, la historia oficial continúa incambiada”, señala Borges a Revista Domingo.

“Algunas cosas rompen los ojos. Hay un libro sobre el nomenclátor de Alfredo Castellanos (actualizado por Antonio Mena Segarra) que tiene una explicación somera sobre cada una de la calles de Montevideo. Hoy también se puede ingresar a la página web de la Intendencia y utilizar un buscador de calles que te lleva a la explicación. Cuando uno observa esto, se da cuenta de ausencias muy notorias. Una de ellas, para mí, es la de Juan Manuel de Rosas. No está él pero sí figura Juan de Lavalle, su más grande archienemigo. Y está Mariano de Acha, que era un soldado muy menor, asesinado por los rosistas. La ausencia de Juan Domingo Perón también es sintomática”, apunta.

“Cuando uno busca en el nomenclátor la calle Monte Caseros, encuentra una explicación de esa batalla del 3 de febrero de 1852, en la que perdió Juan Manuel de Rosas. Y la referencia dice que en esa fecha fue vencido ‘el tiránico gobierno de Rosas’. O sea que hay un juicio de valor por parte de los autores. Por eso se entiende que no esté Rosas en el nomenclátor, porque es un tirano para quienes colocan los nombres de las calles”, agrega.

Sobre este punto, la presidenta de la Comisión de Nomenclatura de la Intendencia de Montevideo, María Emilia Pérez Santancieri, tiene una visión diferente. Sostiene que Juan Manuel de Rosas “no tiene una calle ni en Buenos Aires” (ciudad de la que fue gobernador) y que él “luchó contra Montevideo”, por lo que menos debería tenerla aquí.

En entrevista con Revista Domingo, la historiadora —que este año está cumpliendo 30 años de trabajo honorario en la comisión— admitió que hay muchas “ausencias” en el nomenclátor capitalino, porque “generalmente quien estaba con la sartén por el mango, ponía los nombres de su colectividad”.

“Nosotros tratamos de darle un lugar a cada uno”, aseguró.

Otras ausencias

Borges dice que hay otras ausencias que son muy claras en el nomenclátor. “No hay una calle llamada Salsipuedes, la cual sí existió hasta 1919 (una parte de Juan Paullier). Hubo un debate dentro de la comuna en aquel momento y terminaron sacándole el nombre. Podríamos decir que está bien que no exista una calle Salsipuedes (por el arroyo donde ocurrió una matanza de indígenas), pero sí está Bernabé Rivera (quien ese día de 1831 comandaba una tropa de 1.200 soldados). Y hay dos militares que murieron en el episodio de Yacaré Cururú, donde fue asesinado Bernabé Rivera, que son dos soldados menores, a los que no conocía ni la familia”, agrega.

Según el historiador, estos soldados aparecen en el nomenclátor “porque fueron asesinados en venganza por parte de los charrúas”. “O sea que hay un parte de la historia contada y otra no”, destaca.

Lorenzo Latorre tampoco tiene calle. “La tuvo durante la dictadura. Hasta el año 1985, Convención se llamaba Lorenzo Latorre, pero después lo quitó la Intendencia en tiempos de democracia. Y eso es entendible, porque los militares intentaron legitimarse en dos figuras: Artigas y Latorre. Como Artigas es de teflón, le resbala todo, pasó. Pero Latorre quedó prendado con esa visión de los dictadores. Mi pregunta es: ¿En 2021, no es momento de discutir si Latorre no merece una calle? Nosotros no tenemos discusiones sobre el nomenclátor. Yo respeto muchísimo a la Comisión de Nomenclatura de la Intendencia, pero son extremadamente conservadores”, sostiene Borges.

En cuanto a los cambios de nombres de la calles, Pérez Santancieri se pronuncia rotundamente en contra. Es más, le parece “espantosa” la propuesta enviada por el exintendente Christian Di Candia a la Junta Departamental para modificar el nombre de Paraguay, al sur de 18 de Julio, por el de Mario Benedetti. La historiadora recordó que el exintendente Mariano Arana dijo, en una entrevista con El País, que al autor de La Tregua tampoco le hubiera gustado la idea.

Cambios en el nomenclátor

Las primitivas denominaciones para las calles de Montevideo fueron dadas por su primer Cabildo en 1730, a los seis años del desembarco de los primeros pobladores.

Según la historia oficial, el perímetro de la zona a que referían aquellas denominaciones correspondía al reparto de solares hecho por Pedro Millán en 1726, cuyos límites eran: por el noroeste, la calle de la Frontera (actual Piedras); por el sudeste, la calle de Afuera (Reconquista); por el este-noreste, la Media Calle (Juncal), y por el oeste-sudeste una línea quebrada que rodeaba al fuerte ubicado donde hoy está la Plaza Zabala.

En aquella época, ante la inexistencia de figuras conspicuas entre los jóvenes colonos, las calles tomaron nombres propios del uso y las costumbres. Bien de “pueblo chico”, como ciertamente lo era Montevideo.

Así, se encontraba la calle de la Fuente (actual Cerrito); de la Cruz (25 de Mayo); Real (Rincón); de la Carrera (Sarandí); del Piquete (Buenos Aires); de Callo (Zabala); Traviesa (Misiones); del Puerto chico (Treinta y Tres); de la Iglesia (Ituzaingó); Entera (Bartolomé Mitre), y la mencionada Del Medio (Juan Carlos Gómez).

Un segundo capítulo del nomenclátor se comenzó a escribir en 1778, cuando el Cabildo acordó dar nuevos nombres a las por entonces 21 calles de Montevideo utilizando el santoral católico. Así nacieron denominaciones como San José (actual Guaraní); Santo Tomás (Maciel); San Vicente (Pérez Castellano); San Benito (Colón); San Agustín (Alzáibar); San Diego (Washington) y Santiago (Solís).

El tercer y último capítulo del libro sobre las calles de Montevideo se comenzó a escribir cuando se descartaron los nombres del santoral y se dio paso a los que, básicamente, existen hoy en día.

Fue a comienzos del Sitio Grande de Montevideo, en 1843, que el jefe político y de Policía de la capital, Andrés Lamas, elevó un Plan de Nomenclatura acompañado de una exposición de “motivos que han decidido la elección de los nombres propuestos”, así como un “sistema de numeración para las puertas de la ciudad”. 

Una "brecha" que se abrió a cañonazos

La calle Brecha de Montevideo es la única que sigue el trazado de la antigua muralla. Y su nombre proviene de la “brecha” que en 1807 abrieron los ingleses a cañonazos sobre el murallón, próximo al portón de San Juan, cerca de la actual Rambla Sur. Uno de los famosos corsarios que operó en el Río de la Plata fue el noble francés Hipólito Mordille, más conocido por su alias de “el Manco”. Mordille fue hecho prisionero por los españoles y acusado de piratería, por lo que debió cumplir una pena de encierro en un barco anclado en la bahía de Montevideo. Con el tiempo, y por necesidades políticas, se le indultó de sus delitos a cambio de que utilizara la patente de corso a favor de los españoles. Después se lo encontrará defendiendo las murallas de la ciudad del ataque invasor, dando su vida en la célebre “brecha” por la cual penetraron las tropas británicas, antesala de lo que fue una verdadera masacre en la ciudad.

Dice el escritor Milton Schinca, en su obra magna Bulevar Sarandí, que este episodio ocurrido en esa “calle en diagonal, cortita y huraña”, fue “el hecho de sangre más espantoso, la matanza más cruenta y feroz de toda la historia montevideana”. 

Calle Brecha
Calle Brecha

Entrada a la ciudad por 25 de Mayo

Cuando Montevideo estaba protegida por gruesas murallas había dos accesos, de los que ya no quedan rastros visibles: el Portón de San Juan, próximo a la Rambla Sur, y el Portón de San Pedro, en la actual 25 de Mayo y Bartolomé Mitre.

Este último tuvo un gran trajín de carretas, caballos y peatones, por lo que 25 de Mayo se transformó en una zona de comercios.

Las disposiciones que regían el manejo de los portones eran muy estrictas, y salvo raras excepciones, no se abrían de noche. Así pues, no faltó quien llegara demorado o bebido de la zona de extramuros después de las ocho de la noche y tuviera que resignarse a pernoctar junto a las murallas hasta despertar abruptamente al amanecer, cuando un disparo de cañón anunciaba que podían abrirse los postigos de los enormes portones de hierro.

Muchos creen hoy que la puerta de la Ciudadela era el ingreso a la ciudad, sin percatarse que, de ser así, estaría colocada al revés. Esta postal montevideana era la pieza más artística del viejo fuerte que llevaba por nombre Ciudadela. Antiguamente tuvo un escudo representativo de la Corona española, destruido en 1815 por las fuerzas artiguistas.

Calle 25 de mayo
Calle 25 de Mayo, uno de los dos accesos a la ciudad amurallada.
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