Gracias a un aserradero móvil, un grupo de amigos va en busca de maderas que cuentan historias y las transforma en muebles originales

El tablón de corte ancho es la pieza más característica de Wood, una empresa que diseña sus creaciones a partir de árboles caídos o que deben ser sacados por alguna razón.

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Franco García, Aldo Luissi, Jonathan Icazetti y Luis Icazetti.
Foto: Ricardo Figueredo.

Por Analía Filosi

"Lo vistoso es decir ‘tengo un árbol en mi living’”, dice Aldo Luissi sobre lo que logra Wood, el emprendimiento que desde hace casi tres años dirige junto a dos socios: Jonathan Icazetti y Juan Manuel Casalá.

La idea surgió para llevar a otro nivel algo que ya venía realizando Jonathan de manera muy artesanal y que le quedaba muy bien, que era hacer de maderas desechadas o árboles caídos, originales muebles u objetos de decoración.

Tras varios meses de charla e investigación estos tres amigos de San Carlos (Maldonado) se propusieron adaptar una tecnología austríaca a la realidad local y comenzaron a elaborar algo que llamó mucho la atención, que es el tablón de corte ancho. “Podemos acerrar tablones de hasta 1,67 metros de ancho”, destaca Aldo sobre un sistema en que la clave está en la creación de un aserradero móvil que va hasta dónde sea necesario para recoger la materia prima que necesitan sus creaciones.

“Este formato nos permite obtener algo que es muy difícil y muy escaso, que son tablones de madera noble, anchos y de ciprés, que es lo que principalmente trabajamos. Pero también utilizamos fresnos, álamos, castaños, nogales, plátanos…”, agrega.

Todo depende para qué se precise la madera, ya que hay algunas buenas para una cosa y otras para otras. “El eucalipto, por ejemplo, es muy malo para hacer maderas de tablones porque el árbol está lleno de agua y la madera se tiende a mover”, explica.

Wood (Instagram: @wood.uruguay) trabaja de forma sostenible. ¿Qué significa eso? Que recurren a árboles que se caen por alguna cuestión climática, porque hay que bajarlos porque se corren riesgos de accidentes, porque están añejos o porque se los debe sacar para hacer alguna reforma o para hacer una carretera.

“No vamos y bajamos árboles que están perfectamente parados y bonitos”, aclara Aldo. La gente que conoce su trabajo lo sabe y los llama para avisarles si tienen un árbol en las condiciones que ellos requieren.

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“Nos ha pasado algo muy lindo con más o menos una decena de clientes, que es que tienen árboles en sus casas que son muy queridos, que han crecido con ellos, los plantaron con el abuelo, y ahora los tienen que sacar por alguna razón. Entonces quieren hacer de ese árbol un recuerdo. Nos llaman, lo aserramos y nos compran una mesa hecha con esa madera. Así, ese árbol que tenían desde chicos se transforma en un mueble que sigue su historia”, cuenta a Domingo.

Mesas grandes, mesas ratonas, una mesa de arrime, una serie de mesas, una barra, un recubrimiento para un espejo… buscan qué es lo más adecuado para la madera y lo diseñan.

“El producto que la gente más compra o lo más impresionante que hacemos son las mesas grandes y largas, lo más largas posibles, de cuatro metros y un metro de ancho, que son bichos de 300 kilos… visualmente impactantes”, comenta Aldo.

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Aclara que no pasan la madera por un proceso industrial, sino que hacen un secado tradicional con el sol para que no pierda el color natural. Tampoco recurren a pinturas, sino que trabajan con lacas o aceites que protegen y resaltan la veta. Y, si es necesario rellenar huecos, usan resina epoxil.

“Hay casos en que les gusta mantener el agujero porque queda muy vistoso”, señala.

Aldo explica que estos muebles no requieren de ningún tratamiento especial. “Trabajamos con lacas de altísimo nivel, alta resistencia, alto tránsito, que después lo único que hay que tener presente es, al igual que cualquier mueble de madera, no colocarle algo abrasivo encima”, apunta.

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Destaca con orgullo que a Wood le está yendo muy bien al punto que ya están cerrando algunos acuerdos a nivel internacional para empezar a exportar a Estados Unidos y Canadá. “Acá es posible conseguir este tipo de piezas con más facilidad que en otros lados principalmente porque algunas maderas son más escasas”, acota.

Confiesa que los tres amigos están muy contentos porque “algo que empezó casi como un hobby terminó transformándose en una empresa de este tamaño”.

Rarezas

Desde un martillo hasta un trencito

“Nos ha pasado de encontrar que la motosierra no pase y es porque hay una piedra grande y el árbol creció alrededor de ella”, cuenta Aldo Luissi.

Este tipo de historias son muy comunes cuando se trata de árboles que desarrollan su proceso cerca de una casa. Pasa mucho que las personas tienen una hamaca paraguaya o colgaron una pajarera y el árbol crece alrededor de clavos.

“Mantenemos todo porque es muy vistoso. Además, quitárselo al tablón significaría cambiar un pedazo muy grande y, si bien no implicaría poner en riesgo su integridad, se le haría un boquete”, explica.

Eso ocurrió con una piedra enorme que quedó atrapada dentro de un árbol y que por suerte fascinó al cliente porque sacarla habría representado lastimarlo mucho.

Entre las cosas insólitas que han encontrado dentro de los árboles menciona la cabeza de un martillo. Después lo habitual es toparse con muchos metales, clavos, varillas de hamacas.

“Una vez nos pasó que nos llamaron de una escuela en la que en el terreno se habían caído dos o tres árboles. Ahí encontramos de todo porque los niños metían cualquier tipo de cosas adentro del árbol, dentro de las cavidades, por ejemplo un trencito”, recuerda.

Emprendedores

Empresa en pleno crecimiento

Wood cuenta con un “megataller”, en San Carlos, Maldonado. Allí emplea a unas siete personas. Además tiene el aserradero móvil, con el que se traslada a cualquier parte del país.

“Hay que ir a dónde el árbol se cae porque como son muy pesados, si los vas a mover tenés que hacerlo con grúa, con retroexcavadora. No solamente es costoso, sino que también es difícil”, detalla Aldo, un sociólogo de profesión y con un MBA que decidió dejar la academia de lado para dedicarse a la gestión de proyectos. Es así que, por un lado, se propuso emprender con sus dos amigos de la época liceal y creó Wood, y por otro, dio rienda suelta a su gusto por lo artístico y formó con otros socios Ápice Consultores, que entre otras cosas se dedica a producir shows. Estuvo detrás de la reciente venida de The Voca People al Uruguay.

Volviendo a Wood, Aldo reconoce que “no somos los únicos que nos dedicados a esto, pero sí somos los únicos que tenemos una operación a este tamaño”, lo cual es clave porque no se trata de un producto de primera necesidad, sino que es un producto bastante exclusivo que hace que los ciclos de venta sean muy sensibles a esa característica.

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