RUBEN COLLADO

"Soy empresario, aventurero y corsario"

De buzo profesional a buscador de tesoros, ahora su proyecto es reflotar un barco inglés cargado con oro, ya ubicado frente a Colonia, y convertirlo en parque temático.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ruben Collado, buscador de tesoros (Foto: Luis Prats)

LUIS PRATS

El verano se despide con bríos en Colonia del Sacramento. Los turistas pasean por el Barrio Histórico; algunos llegan por la avenida General Flores y se asoman a las rocas sobre el Río de la Plata. Unos 350 metros más allá, bajo las aguas marrones, está el buque de guerra inglés Lord Clive. La mayoría no lo sabe y nada se divisa de los restos, pero con un poco de imaginación y el relato de Ruben Collado, buscador de tesoros, se puede ver la película de lo ocurrido otro verano, hace mucho.

Es el 6 de enero de 1763. El Lord Clive, acompañada por otras naves y portando tropas propias y también portuguesas, intenta el asalto a Colonia, en el marco de un plan de invasión al Río de la Plata. El poderoso barco, con 64 cañones, ancla en el río y prepara el ataque, todo a la vista de los aterrorizados pobladores. Pero los cañones están demasiado altos y sus balas pasan por encima de la plaza, sin causar daños. Los españoles bajan sus pequeños cañones a la playa y comienzan a disparar. Una bala, calentada al rojo, impacta en una vela e inicia el fuego. En pocos minutos el barco se incendia y naufraga. Algunos soldados y marineros intentan llegar a la costa, pero el capitán español no se confía: la mayoría son tipos rudos, reclutados a la fuerza en las tabernas y preparados para el combate con unos cuantos tragos de ron. Y ordena fusilarlos en el agua.

Los pocos que alcanzan la orilla son hechos prisioneros. Quienes parecen oficiales son torturados hasta que hablan y después ahorcados. Algunos sobrevivientes son enviados a Buenos Aires. De allí pasarán al interior, formarán familia. Y con el tiempo, algunos de sus descendientes acompañarán a San Martín en su cruce de los Andes, siempre para combatir al español.

El Lord Clive traía varios arsenales, 100.000 monedas de oro para los gastos de la expedición, un cargamento de sedas y 100 mil litros de ron. Y hasta tenía el tesoro de Buenos Aires, que habían capturado días antes, cuando los españoles pretendían llevarlo a la más segura Montevideo. Para evitar el reflotamiento del barco, se arrojaron sobre el pecio piedras de la vieja muralla coloniense.

Si el proyecto de Collado llega a buen puerto, para utilizar una expresión marina, el Lord Clive emergerá de las aguas en un año para ser el centro de un parque temático. Ya se conoce su ubicación exacta e incluso los buzos extrajeron de las aguas algunos objetos, que devolvieron al lugar tras identificarlos. En pocos días, el equipo empezará a retirar las piedras que lo cubren. Desde hace seis años Collado vive en Colonia para dedicarse a este proyecto. Y se define "empresario, aventurero y corsario".

En tierra.

Muchos años antes, aunque prefiere no decir cuántos, Collado era jugador de rugby y aspirante a arquitecto en su La Plata natal. "La ciudad de las diagonales, las universidades y las revoluciones", comenta en el living de su apartamento, repleto de material de buceo y réplicas de barcos, incluso un Lord Clive de dos metros. Como el rugby le costó varias costillas rotas, pasó al boxeo. Y le llenaron la cara de dedos, según recuerda. Un día, un amigo le sugirió hacer buceo.

"Me inscribí en un club y me gustó. Justo se emitían dos series de televisión, Los Acuanautas e Investigador submarino. Estaba de moda y ganábamos señoritas. Y me convertí en buzo profesional. Hice toda la carrera y llegué a instructor internacional", cuenta. Dejó sus estudios y tuvo otros empleos, desde boletero en el hipódromo platense hasta encargado de relaciones públicas de Carlos Gesell, el pionero del balneario que lleva su nombre.

—Como buzo, ¿enfrentó situaciones peligrosas?

—¿Cuántas horas tiene, para que le cuente?

—Tengo que volver a Montevideo en dos horas.

—Entonces le cuento una sola. Con dos compañeros nos tiramos en una playa de la Marina en Puerto Madryn, como entrenamiento. Bajamos por una pendiente de 70 metros y luego había una playa. Salimos a nadar a unos 500 metros de la costa pero luego la marea empezó a subir. Seis, siete, diez metros. Cuando quisimos acordar estábamos aislados, con la pared de 70 metros adelante y el mar golpeando. No había manera de volver. Les dije a mis amigos que se sostuvieran de una roca mientras yo iba a buscar ayuda. Pero no podía llegar y me fui al fondo para dejarme morir. Estando abajo pensé que era una vergüenza lo que estaba haciendo. Como pude llegué a la orilla. Luego me mostraron que a poca distancia de donde estábamos había una playa segura, con niños chapoteando en la orilla. Aprendí entonces una lección: nunca salir sin conocer bien la zona.

En el mar.

Vivió en España pero al volver, no quiso quedarse en Argentina. Entonces, hace más de tres décadas, pensó en venir a Uruguay a buscar barcos y tesoros. El primero que encontró fue el Aurora, pero no lo autorizaron a sacarlo. Después dio con el Nuestra Señora de la Luz, con miles de monedas de oro que significaron también un buen negocio para el Estado uruguayo (recibió el 50% de lo obtenido) y lo hizo famoso en el país. El proyecto del Lord Clive lo encuentra también como socio del gobierno, luego de un acuerdo con el Ministerio de Defensa en la presidencia de José Mujica.

"Si me preguntan si soy buscador de tesoros, digo que sí. Pero si me preguntan la profesión, soy empresario. Buscar tesoros es una empresa. La figura legal es contratista del Ministerio de Defensa. Las pautas están perfectamente marcadas, 50 y 50. El país no me paga nada. Y de lo que consiga yo, la mitad es nuestra y la mitad del Estado", indica.

También se considera un corsario. "Nuestros países se liberaron de los españoles gracias a los corsarios. Los corsarios eran aventureros. Busque la palabra aventurero y es la persona que se aventura. Yo me aventuro por negocios. En estos tiempos hacer negocios es una aventura, que puede salir bien o salir mal. Artigas dio la primera patente de corso acá en Colonia. Contrataban gente que ponía sus barcos, su gente, sus armas. El 50% era para el gobierno y el 50% para el corsario. El gobierno nunca ponía un peso, porque era pobre, pero así conseguía gente que luchara por su libertad".

Los planes de Collado son presentados a inversores, tentados por la posibilidad de encontrar oro. "Son operaciones de riesgo. Es una timba, porque un barco puede aparecer o no. Pero los inversores que están colocando plata en el Lord Clive van sobre seguro, porque el barco ya apareció, se sabe lo que tiene y solo falta que lo saquemos", asegura.

El proyecto implica una complicada logística y la contratación de unas 80 personas, entre buzos y expertos de varias áreas (por las consecuencias de una operación ya no bucea él mismo). En estos días terminan de colocar las boyas sobre el Lord Clive, que está a seis metros de profundidad, en línea recta con la avenida General Flores. El plan es que una empresa uruguaya retire las piedras y otra argentina, que ha reflotado hasta petroleros, se encargue de llevar el barco a tierra. Allí se construirá un enorme hangar para albergarlo, en una especie de parque temático. Collado proyecta instalarlo en un piletón y allí humedecerlo constantemente con glucosa. "Fuimos a Cuba para ver cómo preservan los barcos antiguos y vimos que es algo muy simple: agua con azúcar. Increíblemente, funciona cien por cien", cuenta.

Collado asegura que en el Río de la Plata hay casi 2.000 barcos hundidos, de los cuales por lo menos 15 tienen tesoros. ¿Y por qué nadie intentó antes rescatar las riquezas del Lord Clive? En su opinión, la gente en Colonia ignora mucho de su rica historia en materia de barcos y combates. Por otro lado, advierte que las aguas del Río de la Plata son muy turbias.

"Es un infierno trabajar así. No se ve nada. Hay que hacer todo al tacto. Cada tanto se ahogan buzos profesionales por accidentes. Pueden estar trabajando con un fierro a centímetros de la cabeza y no lo ven. He entrenado buzos de combate, soy muy estricto con las reglas de seguridad y por suerte nunca tuve accidentes con mis buzos", sostiene.

SUS COSAS.

Un escritor.

Collado se define como gran lector y admirador del periodista y escritor español Arturo Pérez Reverte. "Escribe muy bien, estuvo en varias guerras e incluso le gusta el mar, como a mí", asegura. No casualmente la columna semanal de Pérez Reverte en la prensa se llama Patente de corso.

Un proyecto.

Si bien sueña con crear un parque temático sobre el Lord Clive, Ruben Collado tiene otro tipo de proyecto: "Con mi plata quiero hacer un centro de rehabilitación para niños con capacidades diferentes. Primero pensé en usar delfines, pero comprobé que con perros, incluso callejeros, se pueden lograr grandes cosas para los chicos", afirma.

Una pasión.

"Viajar... Me gusta conocer países y gente, y hacer amigos", dice. ¿Un lugar? Entre muchos, elige la isla de Embiez, en Francia, donde el investigador Jacques Cousteau tuvo una base. Y también pasó por allí Alain Bombard, autor del libro Náufrago voluntario, un médico que se lanzó al mar en un bote para contar la experiencia.

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