Empezó a pintar en pandemia, es una de Los 100 Artistas Emergentes de 2025 y sus cuadros viajan por el mundo

Victoria Martínez pinta cuadros que retratan entornos llenos de vida aunque no haya seres humanos. Sus primera obras fueron sobre un personaje llamado La Viajera que le dejó muchas historias.

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Victoria Martínez.
Foto: Leonardo Mainé.

"Nunca dibujé, nunca pinté con mis hijos… nunca nada”, confiesa Victoria Martínez (48 años) al intentar buscar una explicación de por qué un día, en pandemia, se puso a pintar y no se detuvo más. En esa oportunidad armó un bastidor improvisado con unas cortinas y creó el personaje que sería su sello en los primeros años: La Viajera. Con el tiempo esa figura se retiraría de escena para terminar de definir la obra de esta artista: cuadros de entornos, pero donde siempre están muy presentes los seres humanos.

Hasta ese momento, Victoria se había dedicado cien por ciento a su otra actividad, que también en cierta forma la define: es productora de comerciales de televisión para el exterior. “Soy productora audiovisual y directora de fotografía en cine; me formé en la ORT e hice un posgrado en cine en España”, cuenta.

El arte y la decoración siempre le gustaron, pero nunca imaginó que iba a terminar formando parte de ese mundo. “Me llevó mucho tiempo decir que yo era una artista, pero hoy lo digo con firmeza porque lo sé. Ahora encuentro que la pintura es el lugar donde mejor me puedo expresar”, reconoce y razones no le faltan. Hoy hay pinturas suyas en distintas partes del mundo.

Cuando comenzó con Las Viajeras (ver recuadro), fueron sus amigas y sus familiares los que empezaron a pedirle que se las pintara. “Pero en un momento empecé a sacar a La Viajera y a quedarme con los entornos relacionados con ambientes muy placenteros, donde los personajes están fuera de cuadro, pero están. Están juntos, están bien, están por tener alguna actividad. Siempre es un entorno familiar y de amigos”, explica mientras va señalando las distintas creaciones que se acumulan en su taller del fondo de su casa en el Buceo.

“Esta casa la construimos de cero hace 13 años”, relata y se le entrecorta la voz. Victoria perdió a su esposo y padre de sus hijos, el sonidista y artista Fabián Oliver, hace muy pocos días. Desde entonces no ha vuelto a pintar, pero sabe que lo volverá a hacer. Este es ahora su universo.

El hogar, la familia, los afectos están muy presentes en su arte. “Todas mis pinturas tienen que ver con mi infancia en la casa de mi abuela, una casa antigua que nunca se recicló y de la que me fui trayendo cosas. Ella leía la borra del café, las hojitas del té…”, cuenta dándole un sentido a las tazas, las mesas tendidas y las baldosas del piso que son recurrentes en su obra.

También está muy presente Playa Verde, “mi lugar en el mundo”, dice. “Son como realidades soñadas; es donde deseo estar”, agrega.

Las pinturas se fueron sumando y eso, más el aliento de sus hijos —una niña y un varón que hoy tienen 18 y 16 años—, la llevó a pensar que podía aprender a pintar. Se inscribió en el taller de la muralista Florencia Durán Itzaina y de ahí se llevó lo que más le interesaba: una herramienta para saber que podía copiar la realidad.

Paralelamente se hizo una página de Instagram anónima para que los que se acercaran a su arte fueran porque les gustaba realmente y no porque sabían que ella era la autora (la oficial es @victoriamartinez_art). “Fue alucinante la recepción que tuve en el mundo. Una cosa increíble en Brasil, México, Inglaterra, Estados Unidos, Australia…”, comenta.

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Victoria Martínez con la primera Viajera en su falda.
Foto: Leonardo Mainé.

Reconocida

Cecilia Tello, curadora de Fundación Verde, fue quien le dio la oportunidad de exponer su arte en solitario por primera vez, en 2024. “Me invitó y pensé que era broma. Me dejó un mes expuesta y eso fue como un pequeño disparador”, relata quien también ha hecho muestras colectivas en el taller de Durán Itzaina y en Galería Sur.

A fines del año pasado organizó su propia muestra en Estudio Hungry, en Ciudad Vieja; 14 obras presentadas bajo el nombre Tiempo Prestado. “En mis pinturas quiero agradecer ese tiempo prestado que nos dan las personas cuando nos cruzamos, ese momento del que a mí me va a quedar algo y al otro también. De eso se trata, sino es como que vivimos de forma mecánica y no tiene ningún sentido”, reflexiona y apunta que su gran inspirador ha sido el muralista Damián Ibarguren. “Se puede decir que empecé a pintar gracias a Damián”, acota sobre quien la acompañó en sus distintas muestras.

Después está el reconocimiento recibido por varias fundaciones. Por ejemplo, la plataforma Arts to Hearts Project la incluyó en la lista de Los 100 Artistas Emergentes de 2025, los cuales son presentados en un libro de edición anual. “Me postulé y tres meses después me llamaron para decirme que estaba entre las elegidas. Eso generó otros disparadores”, señala.

Poco después, la fundación suiza The Open Art Future se comunicó con ella para informarle que estaba entre sus artistas elegidos y que le iba a girar 600 euros. “Pensé que era broma y no dije nada en mi casa. A los pocos días me giraron el dinero con todo un contrato legal”, recuerda.

Cuenta que pinta muchas horas seguidas, en general desde las 9 de la mañana. “Lo primero que siento es una emoción, después hago un boceto y voy buscando la idea que quiero transmitir, y finalmente lo paso a un lienzo de una, trato de no corregir”, detalla de los pasos que a su vez forman parte de una ceremonia en la que va eligiendo y preparando colores.

Define su arte como figurativo; solo una vez se animó al abstracto y lo hizo tan rápido que le resultó raro. “Me gustó mucho lo que quedó aunque no tuvo tanto esfuerzo, sacrificio o dedicación. Es otra forma válida de expresión”, considera y no lo descarta.

Entre las cosas que más valora está la respuesta del público. “Uno de los dolores más grandes que siento es cuando vendo un cuadro, pero el amor que sienten las personas cuando lo reciben es increíble. Hay gente que ha abrazado mis pinturas”, relata y acota que le mandan fotos de ellas colgadas en sus casas.

“Siento que pintar escenas de mi vida e imágenes oníricas que tienen que ver con estados de felicidad pura, es lo mejor que hice en vida”, remarca quien sueña con que sus creaciones estén por todo el mundo y poco a poco lo está consiguiendo. Hace seis años ni se le pasaba por la cabeza.

Un personaje especial

Las Viajeras y un encargo muy particular

Lo primero que pintó Victoria fue una Viajera (la foto que tiene en su falda), una mujer en una situación que ella define como placentera, como en una especie de escape. El personaje gustó y sus amigas y familiares se lo empezaron a pedir. “Pinté muchas, más de 80, y regalé 37”, cuenta sobre esa serie de la que conserva varios ejemplares.

Fue de lo poco que ha hecho por encargo; no es su forma de trabajo. Así se lo hizo saber a una señora que le pidió que pintara a su perro recién fallecido junto a ella y su marido como si fueran viajeros. Le dejó su foto y le dijo que le avisara si cambiaba de opinión. Victoria empezó a bocetarlo y se planteó que hasta que no encontrara la mirada del animal, no lo iba a pintar. “Hasta que en un momento pasó y la llamé para avisarle que lo hacía”, recuerda. “Cuando vino a buscar el cuadro con su marido, lloraron mucho rato. Fue la primera vez que sentí que la pintura traspasaba el lienzo y fue la única vez que hice algo así”, agrega.

En cuanto a Las Viajeras, hay un proyecto que sueña con concretar que es hacerlas parte de gorros y remeras, pero de edición limitada. La idea no fue de ella, sino de su marido recientemente fallecido, que un día tomó un gorro y le puso un parche con La Viajera original. Ahora busca apoyos para hacerlo.

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