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El Tirri: de acomodador de autos a telonear a Madonna; su cena con los Messi antes de la final, y la vez que Tinelli le salvó la vida

Percusionista, trotamundos y delirante. El primo de Marcelo Tinelli colecciona historias bizarras: fue fundador de los Fabulosos Cadillacs, acomodó autos en Beverly Hills, se hizo amigo de Van Damme, grabó discos de rap, vivió un año en la casa del manager Jay Bernstein y más.

Luciano "El Tirri" fue fundador de los Fabulosos Cadillacs.
Luciano "El Tirri" fue fundador de los Fabulosos Cadillacs.
Foto: Revista Hola.

Mariel Varela

Es estrafalario y freak desde que aprendió a hablar. Luciano “El Tirri” fue el primer niño de Parque Saavedra en tener un skate. Se calzaba un champión All Star de cada color, agarraba a su dálmata y salía a andar en patineta por el barrio bonaerense con el perro remolcándolo. Esa escena bizarra no es un hecho aislado en la vida del primo hermano de Marcelo Tinelli . Su historia está repleta de episodios raros, curiosos, extravagantes y graciosos. Desde su jopo tan bien cuidado y envidiado por los futbolistas hasta la amistad con Jean-Claude Van Damme cuando acomodaba autos en Beverly Hills, su vida alocada en un hotel cinco estrellas de Las Vegas, la vez que un mega productor lo eligió para telonear a Madonna en el Monumental, los acres que compró en la luna, el año que Jay Bernstein (manager de celebridades) lo alojó en su casa y más historias bizarras.

Es difícil identificar si habla en serio o en broma. Cada anécdota que cuenta dispara carcajadas. Todo en él es exagerado, grotesco y cargado de humor. Tiene chispa, irradia buena energía y contagia alegría. Por todos esos motivos fue que Tinelli quiso que se mudara a su casa cuando volvió a Argentina, tras vivir cinco años en el exterior, mientras grababan Canta conmigo ahora .

“Llegué en el momento que casualmente Marcelo se separó y con el humor y positividad que tengo creo que cualquier persona se sana al lado mío, porque estoy loco del buen humor”, lanza a Revista Domingo.

¿Cómo es Marcelo para convivir? “Lo único que quiere es orden y puntualidad y yo desde que dejé el alcohol, hace 10 años, esas dos cualidades las tengo”, apunta.

No toma pero en su casa tiene un bar enorme porque disfruta si ve que los demás beben y se divierten a su lado. Y no corre el riesgo de una recaída. Es que el alcohol, dice, ya no lo tienta, simplemente lo aburrió.

El viernes 13 de enero fue su cumpleaños y recibió los 56 viendo el show de Moldavsky en Punta del Este. Marcelo tuvo la brillante idea de saludarlo a las 0:00, en medio de la función, y la sala entera le cantó el cumpleaños feliz. El festejo duró 48 horas e incluyó comidas en familia, su torta favorita y un fogón espectacular en la playa de José Ignacio.

Por estos días, graba un reality con Tinelli y sus cinco hijos que se verá a fin de año por una plataforma americana, aunque por cuestiones contractuales no puede revelar cuál ni dar detalles. A grandes rasgos, consistirá en mostrar un día en la familia, desde que se levantan hasta que se acuestan.

Anticipa, además, un nuevo proyecto: “Marcelo tiene ganas de hacer un programa de él y yo por el mundo, pero hay que encontrar dónde, cómo y en qué plataforma”.

-¿Por qué creés que a la gente le puede interesar ver el día a día del clan Tinelli?
-Porque Marcelo y sus hijos tienen millones de seguidores, siempre han cuidado mucho la vida privada y acá vas a poder ver toda la intimidad, lo que nunca mostraron. Genera un morbo bueno ver qué pasará tras las bambalinas de los Tinelli.

De película

Luciano es el único de su familia que nació en Buenos Aires y no en Bolivar. De chico le decían ‘terrible’ porque no estaba quieto, hasta que un día Marcelo le deformó el apodo y lo bautizó ‘Tirri’. Marcelo y Luciano eran inseparables: pasaban veranos enteros juntos en Mar del Plata. Son primos pero se criaron como hermanos. “Él siempre fue mi pilar, lo vi como mi ídolo desde que arrancó en Radio Rivadavia”, dice sobre el conductor y empresario argentino.

El Tirri soñaba con ser famoso y tener una banda de rock, y se le dieron ambas. A los 16 años se cruzó con Flavio Cianciarulo y Vicentico en un bowling de Mar del Plata, lo invitaron a jugar, le comentaron que irían a ver los shows de Riff y Los Violadores, él pidió permiso en su casa para ir, se lo dieron y esa noche cambió su vida. Dejó el liceo para fundar los Fabulosos Cadillacs con esos dos amigos, fue el autor del hit Mi novia se cayó a un pozo ciego y el primer argentino en rapear con el tema El mensaje soy yo.

Marcelo lo apoyó desde el inicio en su aventura musical. “Nos iba a ver a los shows cuando no éramos nada, nos llevó a Badía y Compañía cuando no teníamos disco y tocamos en su casamiento (con Soledad Aquino)”, enumera.

Grabó cinco discos con los Cadillacs y los abandonó cuando estaban en la cresta de la ola para irse a probar suerte a Estados Unidos. Vio la explosión de la banda con Matador a la distancia y no le importó: su meta era ser el rapero más famoso del condado.

“Me fui con un dinero ahorrado, lo perdí y tuve que empezar a hacer trabajos que no quería, como estacionar autos en Beverly Hills. Ahí conocí muchos actores (Van Damme, Anthony Quinn, Tony Curtis) y con mi personalidad, que me llevo bien con la gente, creé relaciones públicas, me fui metiendo en el ambiente de la música y logré grabar, pero no fue fácil”, cuenta a Domingo desde una reposera en la playa de José Ignacio.

Grabó tres álbumes con Sony: Rompamos todo, Lo que mueve el mundo y Casino Life. Este último fue el primer disco de rap editado en español y en inglés, y lo llevó de gira por Japón, donde se quedó seis meses.

En el ínterin se hizo amigo de Jay Bernstein (manager de Frank Sinatra, Farrah Fawcett y otras celebridades), y vivió un año en su casa. “Él quería que fuese actor, el Elvis latino, pero en esa época yo estaba más en chupar, joder y nunca le cumplí”, confiesa. Tiene cuentos a patadas. Vivió en un cinco estrellas en Las Vegas donde tocaba percusión, hasta que conoció a una “amiga”, que lo bancó un tiempo y le hizo conocer por dentro la Ciudad del Pecado, como se le dice popularmente. “Tuve una vida hermosa; no me puedo quejar”, concluye.

-¿Cuál fue el negocio más loco que hiciste en tu vida?
-Fue una empresa que me contrató en Brasil para que llevara celebridades de Hollywood a filmar comerciales y películas allá. Llevé a los productores de Andy García, de Jean-Claude Van Damme y a Veracruz, una empresa de cine muy importante en los 50 que le competió a Paramount, pero Paramount puso plata para que la cerraran. Estuve en esa movida, salí en todos los diarios de Brasil como ‘el argentino que reflota el cine nacional’ y la pasé muy bien, viajando, yendo a festivales de cine con todo pago, sueldos en dólares. Fui un dandy.

Rey de copas

El Tirri junto a Lionel Messi y Marcelo Tinelli.
El Tirri junto a Lionel Messi y Marcelo Tinelli.
Foto: redes sociales.

Es un trotamundos. Anduvo por distintos países sin un peso en la billetera: agarraba trabajos alternativos vinculados al arte y se dedicaba a viajar. Entre tanta cosa (incluso hizo un curso de guardavida que no terminó) se le ocurrían delirios (como la brillante idea de abrir un bar flour en República Dominicana) que su primo Marcelo le tenía que aterrizar de un hondazo.

“Un día me agarró en Punta del Este y me dijo ‘¿qué vas a hacer de tu futuro?’ ‘Voy a abrir un bar flour en Dominicana porque tengo un inversor’, le contesté. Ahí paró la camioneta y me dijo ‘a partir de hoy vas a trabajar para mí’. Yo no quería, pero me metió en Ideas del Sur, empecé haciendo castings hasta que un día me dijo ‘vení al Bailando’ y me cambió todo. Marcelo me salvó la vida porque gracias a él soy lo que soy a nivel de organización, exigencia y compromiso con el laburo”, confiesa.

Hizo innumerables viajes con su primo, pero la ida a Qatar fue épica: vieron a Argentina campeona del mundo y fueron el comentario de todos por las desopilantes historias en Instagram de su día a día en Doha.

“Arrancar perdiendo un Mundial y terminar siendo campeones no es algo que pase muy seguido, y para colmo, después del bajón de haber perdido contra Arabia a Marcelo se le ocurrió arrancar con las historias de Instagram y eso explotó viralmente. La gente explotó conmigo más que nunca porque gracias a Marcelo, que tiene casi 11 millones de seguidores, conocieron más la locura linda que tengo”, dice.

¿La cábala en Qatar? Nunca nombrar la palabra copa (decían ‘si las cosas salen bien’), ir a los estadios con la misma ropa que usaron el primer partido que ganaron y sentados en el mismo lugar en la combi.

-¿Cómo festejaron cuando Argentina ganó la copa?
-Nosotros ya festejamos cuando quedó Brasil afuera de una manera desopilante, y lo de la copa fue una locura. Fuimos a comer a Cipriani, una cadena italiana, y éramos todos argentinos. Después terminé en un bar persa, lleno de tunecinos, fumando narguile (es lo único que fumo) hasta las seis de la mañana, y me tuve que tomar algo para dormir porque tomé como diez Coca light y estaba muy arriba.

Sus cosas

Un loco lindo entre su jopo y su ídolo

Episodio bizarro: En 2009, Marcelo lo invitó a un crucero privado por el Caribe con una tripulación de 14 personas durante 20 días, y en medio de la nada, se emborrachó, se disfrazó de capitán, bajó a la isla Antigua, se cruzó con un burro y quiso meterlo adentro del barco. “Me agarró la tripulación y me dijo que estaba loco”, cuenta. Ese, dijo, fue el mejor regalo que le hizo su primo.

Seña típica: Le presta mucha atención a la estética y sobre todo a su jopo. En una época llegó a ir a la peluquería todos los días. Innovaba con sus looks en cada gala del Bailando y los futbolistas lo llamaban para saber quién le cortaba el pelo. Así fue que Marcos Rojo, Julio Buffarini, Leandro Paredes, Mauricio Macri, Tinelli y otros tantos famosos llegaron a su peluquero, el Tano del Figaro.

Fan y amigo: Va a todos los partidos de Champions con Marcelo y se han quedado en la casa de Lionel Messi. De hecho, estuvo invitado a su boda. “Todos queríamos que gane Messi”, dijo sobre el Mundial. Y agregó: “La noche antes de la final fuimos a cenar con su familia (papá, mamá y hermanos). Los noté muy relajados, salvo a la mamá que estaba un poco nerviosa”.

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