Por Analía Filosi
"Rulemaaanes, Larrique rulemaaaanes…” ¿Quién no escuchó alguna vez este jingle? Y más siendo futbolero, porque se ha convertido en un himno infaltable en el Estadio Centenario o en cualquier otra cancha del fútbol uruguayo.
“La hinchada lo adoptó porque tiene mucha fuerza”, dice Miguel García (66 años), quien lo creó en 1996 y nunca más lo pudo cambiar, si bien las reglas del jingle marcan que hay que renovarlo cada dos o tres años.
“Cuando me lo pidió Julio Alonso, que tenía la agencia Ritmo Publicidad, me encontré con el tema de que las erres estaban muy cerca, cuesta decir ‘Larrique Rulemanes’. Entonces se me ocurrió empezar por decir ‘rulemanes’”, recuerda sobre lo que describe como un rock sinfónico. “Tiene cuerdas, timbales y vientos y está cantado con voces muy graves”, apunta.
Para cuando lo hizo, Miguel ya llevaba casi 20 años trabajando en publicidad. “Empecé en 1979. Toda la vida trabajé en la publicidad, que es lo que me encanta y amo. Para mí es todo y estoy seguro de que no me equivoqué”, afirma quien Federico García Vigil, uno de sus maestros, quería convertir en director de orquesta sinfónica.
Si bien Miguel se define como un músico-compositor desde niño, con una gran facilidad para crear melodías, los caminos de la vida lo fueron llevando a volcar todo ese talento en el mundo publicitario. Se formó como músico (ver recuadro), pero optó por la publicidad porque en esa actividad no está condicionado por la rutina.
“Me obliga a ir por caminos que no hubiese ido, sino me hubiera quedado haciendo baladas tipo Lionel Richie o las baladas de los 80, que era lo que me salía. En cambio, hoy tengo que componer un rock o un pop, después un tango o una murga, que nunca me gustó hasta que me metí a hacerla y dije ‘pah, esto está buenísimo y es difícil’. Todos los estilos parecen fáciles y no lo son”, sostiene.
Miguel la viene “pegando” desde mucho antes del famoso Larrique Rulemanes. Por ejemplo, es el autor de “papa, pipi, popo, pop” que identificó a los comerciales de Tico Tico y canicas de Pernigotti por los años 80. “Fueron los primeros jingles que se hicieron con voces de niños. Son las hijas de Jorge Graf, de Días de Blues, que era batero de la orquesta en la que yo estaba”, comenta.
A esa serie le seguiría: “Señor, me hace usted un favor, me da Ottopanchonello”, de Ottonello.
Luego menciona la serie de cigarrillos Nevada Light: “Bienvenidos, tú tal como sos”, que eran verdaderas superproducciones. “En su base rítmica es una marcha camión, si bien no se nota por su melodía y tratamiento musical. Se hicieron versiones instrumentales todas tocadas por músicos del calibre de Popo y Miguel Romano, Nicolás Ibarburu y Carlos Quintana. Y la última versión, antes de que se prohibiera la publicidad de cigarrillos, se hizo con artistas como Jaime Roos, Ruben Rada, Hugo Fattoruso, Francis Andreu, Hereford y remataba con la música electrónica de Paola Dalto. Dirigió Alberto Magnone y la composición fue mía; tuve que hacer un arreglo musical para cada artista”, señala.
Otro de sus grandes mojones es “Algún día te vas a avivar” de Macromercado, que duró tres años seguidos y que aclara que no se trata de un jingle en el que va la melodía y nada más, sino que es un elemento musical cantado elaborado en base a la idea de un creativo que no es músico.
“Yo estaba en el estudio y me llama Martín Carrier, capo total. Me dijo: ‘Grabame algo ya con la frase ‘algún día te vas a avivar’’. Yo lo hice en un estilo Los Auténticos Decadentes en un estadio, tipo futbolero. Me llamó el dueño de la agencia de publicidad y me dijo de todo porque había hecho un desastre. Resulta que buscaban que la persona que se equivoca en la historia del aviso no quedara como un nabo, entonces tenía que ser un estilo naïf, angelical, con vocecitas inocentes y con una instrumentación con arpita y ukelele”, cuenta de otra gran producción, en la que participó el gran percusionista Jorge Trasante. “Vino al estudio con una valija y solo tocó las maracas y el cajón peruano”, agrega a las risas.
Miguel también fue el autor de la publicidad de tapas para tartas Avanti, una tarantela sinfónica para la que recurrió al barítono del Sodre, Antonio Godiño. Luego se hicieron otras tres versiones —niña, mujer y hombre—. “El hombre lo cantó Julio César Balbi, de Pro-Opera, hoy jubilado, con quien por los 90 habíamos hecho el jingle de La Cigale. Y la niña no es una niña, sino una cantante de tango muy dúctil, Camila Dángelo”, revela.
Emigrante es otro de sus clásicos, para los que hizo tres versiones: rock, cumbia cheta y murga, esta última hecha con auténticos murgueros y, según él, la preferida de la gente.
Entre los más recientes destaca “El Fuego”, de Doña Coca, “porque tiene una muy buena película”, afirma. “Me dieron como referencia un estilo pop latino y lo grabamos con los mejores cantantes que teníamos porque había un buen presupuesto para trabajar. La pieza era tan importante que competimos con otras productoras para hacerlo. Cuando ganamos nos hicieron grabar todas las voces de nuevo porque no querían las voces de los jingles de siempre. Cuando lo vi me di cuenta de que era una cosa impresionante; cuando hay calidad el jingle pasa a tomar la calidad de la película”, destaca.
También hizo muchos jingles políticos. “En una campaña son fundamentales, te predisponen en un estado anímico, son el alma del acto político”, comenta.
Recuerda especialmente el que hizo para Jorge Larrañaga en 2004. “El responsable de la cuenta me dijo: ‘Agarrá la guitarra y mañana vamos al Palacio Legislativo a mostrárselo’. ¿Cómo? ¿Ir con la guitarra a cantar en vivo en el despacho de Larrañaga? Y allá fui”, recuerda a las risas.
Señala que los jingles políticos son una zafra y a las pruebas se remite: “Mi casa la fui haciendo cada cinco años. Primero el terreno, después la primera parte de la casa, luego el parrillero, la casa de mi hijo… y así, porque se trabaja muchísimo”.
Lo cuenta y aclara que sus bases familiares fueron muy humildes. “Dormía sin sábanas arriba y abajo, no terminé la Secundaria: sin embargo, la publicidad me permitió ir siempre de menos a más: tener mi estudio, mi casa, criar a mis hijos y hacer toda mi vida de crear música. Yo no me puedo jubilar porque necesito componer; si no compongo reviento”, concluye.
Se formó con los mejores y llegó lejos
Miguel siempre tuvo facilidad para componer, entonces sus padres lo mandaron a estudiar guitarra de niño con un profesor de barrio. Ya con los primeros acordes empezó a componer y así estuvo hasta los 18 años.
Cerca de los 20 comenzó a estudiar con el reconocido músico arreglador Roberto Giordano. “Me sacó del trabajo intuitivo y pasé a saber música. Fue un antes y un después”, asegura.
Luego llegaron las clases con Federico García Vigil, que quiso hacer de él un director de orquesta. Pero conoció a Luis Cesio, fundador del grupo Psiglo, vecino suyo en Shangrilá —donde ha vivido siempre—, y le sugirió presentarse al programa de TV Estudiantina, que conducía Nacho Suárez. Los responsables musicales del programa tenían una productora de jingles y una orquesta en la colectividad judía. “Me dijeron: ‘Venite a trabajar con nosotros’ y dejé el trabajo que tenía en computación”, cuenta.
Primero fue guitarrista en la orquesta y al poco tiempo estaba componiendo su primer jingle en base al jazz.
Hizo el jingle de Radio Monte Carlo y fue todo un éxito. Entró a la productora Gente de Jingles, de Mario Gutiérrez y Leslie Muniz, que fue el primer estudio que se abrió después de Sondor. Funcionó hasta 1982, año en que quebró la tablita en Uruguay y no pudo hacer frente a las deudas.
Muniz le sugirió asociarse con Mario Gutiérrez y formaron Jingloteca. “La crisis fue para mí una oportunidad porque pasé a hacer todos los arreglos musicales”, recuerda.
A fines de los 80 e inicios de los 90 los jingles pasaron a ser mala palabra porque se los vinculaba con algo viejo. Había que transformarlos sumando el humor en radio o las historias en TV. Miguel y Mario trabajaron 15 años juntos, luego Miguel estuvo un año solo y al siguiente se juntó con Alberto Magnone, “gran músico”. Miguel lo describe como una etapa de gran crecimiento y confiesa que el quiebre fundamental fue aprender inglés para poder leer los manuales de todos los equipos nuevos que llegaban y que eran la clave de los grandes cambios.
La nueva tecnología puso al país a la altura del resto del mundo. Productoras como Pregones y La Batuta revolucionaron la publicidad. Con el tiempo Miguel fundó Mezcal, su actual productora, en la que también trabaja su hijo, Coco García, experto en teclados, y Jorge Cancela, “para mí el mejor técnico que he conocido”, señala. Él toca bajo, guitarra, guitarra eléctrica, ukelele. Igual, siempre que es necesario, convocan a músicos expertos en cada instrumento.
Mezcal está en Montevideo, pero Miguel tiene montado un estudio exactamente igual en su casa de Shangrilá.
Jingles
“El jingle es como una canción y la creatividad está en el que lo compone. Casi todos los hits están en la melodía, no en la letra”, sostiene Miguel.
Añade que en radio un jingle pega diez mil veces más que cualquier otra pieza porque está la recordación melódica.
“Venimos de una época en que los jingles se usaban para siempre, pero en un momento eso ya no funcionó más y ahora duran dos o tres años. Sino cambiás, te quedás atrás”, destaca haciendo la salvedad de casos como Larrique Rulemanes.